Artículo completo
sobre Senés
Pueblo pintoresco de pizarra colgado en la sierra; famoso por sus fiestas de Moros y Cristianos
Ocultar artículo Leer artículo completo
Situado en la vertiente sur de la Sierra de los Filabres, Senés forma parte de ese conjunto de pueblos pequeños que aún conservan una relación directa con el terreno que pisan. Con algo menos de 300 habitantes, sigue siendo una comunidad ligada a la agricultura de montaña. La altitud —en torno a los mil metros— y el relieve abrupto han condicionado siempre la forma del pueblo: calles que suben y bajan sin apenas respiro y casas ajustadas al desnivel.
Un pueblo adaptado a la sierra
El núcleo urbano se levanta con materiales del entorno inmediato. Abundan los muros de mampostería y esquisto, fachadas encaladas y cubiertas de teja árabe. Las calles son estrechas y con pendiente, algo habitual en esta parte de los Filabres, donde el espacio llano escasea.
La iglesia parroquial, dedicada a Nuestra Señora del Carmen, tiene origen en el siglo XVI aunque ha sufrido reformas posteriores. El edificio es sobrio, como ocurre en muchos pueblos de la sierra almeriense. En el interior se conserva un retablo barroco de escala modesta, probablemente incorporado en una de esas remodelaciones.
Arquitectura doméstica y detalles cotidianos
Al caminar por Senés aparecen rasgos propios de la arquitectura serrana: puertas de madera maciza, ventanas pequeñas que ayudan a conservar el calor en invierno y balcones de hierro forjado añadidos en épocas posteriores. Algunas casas mantienen patios interiores protegidos por muros de piedra.
No es un conjunto monumental en sentido estricto. Lo interesante está en la coherencia del conjunto y en cómo las viviendas responden a un clima duro en invierno y seco durante buena parte del año.
El paisaje alrededor del pueblo
El pueblo se abre hacia barrancos y laderas de la Sierra de los Filabres. Desde las partes más altas del casco urbano se perciben bien esas pendientes cubiertas de almendros y olivares en terrazas, muchos de ellos heredados de generaciones anteriores.
No hay miradores como tal. Basta subir por cualquiera de las calles que ganan altura para encontrar vistas amplias de la sierra. También se mantiene la fuente pública del pueblo, todavía utilizada por los vecinos y muy ligada a la vida cotidiana.
Caminos y senderos en los Filabres
Desde Senés parten varios caminos tradicionales que conectan con otras zonas de la sierra. Muchos atraviesan antiguos bancales agrícolas y zonas de monte bajo. No todos están señalizados, pero algunos coinciden con rutas utilizadas por senderistas que recorren los Filabres.
La altitud y la escasa contaminación lumínica hacen que las noches despejadas sean especialmente limpias. No es raro que vecinos o visitantes salgan en verano a mirar el cielo cuando cae la noche.
Fiestas y vida local
Las celebraciones del calendario religioso siguen marcando el ritmo del año. La festividad de la Virgen del Carmen, en julio, suele ser el momento de mayor actividad, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera.
Durante el verano también se organizan actividades culturales y encuentros vecinales, algo habitual en pueblos de este tamaño cuando aumenta la población estacional. La Semana Santa se celebra con procesiones sencillas que recorren las calles del casco urbano.
Para orientarse antes de ir
Senés se recorre andando sin dificultad, aunque conviene contar con las cuestas. El pueblo está a cierta distancia de las vías principales, algo que explica en parte su tranquilidad.
Quien llegue hasta aquí encontrará sobre todo un pequeño núcleo serrano que sigue funcionando como lugar habitado, con ritmos más marcados por la sierra que por el turismo. La visita suele ser breve, pero permite entender bien cómo son estos pueblos de los Filabres que han quedado al margen de las rutas más transitadas de la provincia.