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sobre Tahal
Pueblo de montaña con castillo restaurado; rodeado de encinares y pinares en los Filabres
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A esa hora del mediodía, en la plaza de Tahal, el silencio pesa un poco más que en otros pueblos. El sol cae de frente sobre las paredes encaladas de la iglesia y la cal devuelve una luz blanca que obliga a entrecerrar los ojos. Una ventana se abre, alguien sacude un mantel, y durante unos segundos el eco del golpe contra la barandilla se queda flotando en el aire. El turismo en Tahal empieza casi siempre así: con la sensación de haber llegado a un lugar donde el tiempo se mueve más despacio.
Tahal está a algo más de mil metros de altitud, en la Sierra de los Filabres, dentro de la comarca de Filabres‑Tabernas. Esa altura cambia bastante el ambiente respecto a otras zonas de Almería. En invierno el frío se nota de verdad y algunas mañanas aparece escarcha en los bordes de los tejados. En verano sigue haciendo calor, claro, pero al caer la tarde corre una brisa seca que baja de la sierra y hace más llevadero caminar por las calles.
Calles rectas y casas pensadas para el clima
El casco urbano se recorre en poco tiempo. Las calles son estrechas y bastante rectas, con casas blancas de dos plantas y tejados de teja árabe. Muchas conservan balcones de hierro y puertas de madera gruesa que han visto ya varias décadas. No hay demasiados adornos: aquí las viviendas se levantaron con una idea práctica, proteger del frío en invierno y del sol duro del verano.
A media tarde suele oírse el viento rozando las esquinas y, de vez en cuando, algún pájaro que se mueve entre los cables o los almendros de las afueras. Si buscas ese momento tranquilo, conviene evitar las horas centrales de los fines de semana de verano, cuando llegan más coches desde otros pueblos de la zona.
La iglesia y la plaza
La iglesia de la Encarnación ocupa el centro del pueblo. El edificio actual parece levantado sobre una base antigua —probablemente de época moderna— aunque ha tenido reformas con el paso de los años. Desde fuera mantiene una presencia sobria, con la torre dominando la plaza.
Dentro, cuando está abierta, el ambiente cambia: huele a madera vieja y a cera. La luz entra filtrada por las ventanas laterales y cae sobre los retablos, donde todavía se aprecian detalles tallados si uno se acerca lo suficiente.
Mirar alrededor: la sierra y el desierto al fondo
Uno de los rasgos que más sorprenden al llegar a Tahal es el paisaje que lo rodea. Las laderas cercanas tienen pino carrasco, encina y zonas de cultivo de almendro. El verde aparece aquí con más facilidad que en otras partes de la provincia.
Si sigues la carretera que serpentea por la sierra, hay varios puntos desde donde se abre el horizonte. Hacia el sur, en días despejados, el terreno empieza a volverse más árido en dirección a Tabernas. Al norte, cuando el aire está limpio después de lluvia o viento, a veces se distinguen las cumbres de Sierra Nevada.
En los montes cercanos no es raro ver rastros de fauna: huellas de jabalí en los caminos de tierra o cabras montesas moviéndose por los cortados rocosos a primera hora del día.
Almendros y caminos alrededor del pueblo
Los alrededores de Tahal tienen varios caminos agrícolas y senderos que salen directamente desde el borde del casco urbano. Muchos siguen antiguas pistas usadas para llegar a los bancales de almendros.
Entre finales de invierno y comienzos de primavera, cuando los almendros florecen, el paisaje cambia por completo. Las laderas se llenan de manchas blancas y rosadas, y el aire trae un olor dulce muy suave. Es uno de los momentos más agradables para caminar por la zona.
Eso sí: en verano conviene salir temprano. Hay tramos sin sombra y el sol en esta parte de Almería cae con fuerza incluso en la sierra.
Ritmo agrícola y celebraciones
Aunque el pueblo es pequeño, la actividad agrícola sigue presente. El almendro y el olivo marcan buena parte del calendario. Durante la temporada de recogida es habitual ver remolques cargados o escuchar las máquinas sacudiendo los árboles en las parcelas cercanas.
Las fiestas del pueblo suelen concentrarse en torno a la patrona y en los meses de verano, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera. Es entonces cuando la plaza se llena más de voces y música, algo que contrasta con la calma habitual del resto del año.
Llegar a Tahal por carretera
Desde Almería capital lo más habitual es subir hacia Gérgal y después tomar la carretera que se interna en la Sierra de los Filabres. El último tramo tiene bastantes curvas y cambios de rasante.
No es un trayecto largo, pero conviene tomárselo con calma. A cambio, el paisaje va cambiando poco a poco: primero los tonos ocres del interior de la provincia y, al acercarse a Tahal, las laderas más altas cubiertas de pinos y almendros. Un paisaje seco, sí, pero lleno de matices si se mira despacio.