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sobre Cuevas del Becerro
Pequeño municipio que es la puerta norte de la Serranía de Ronda con un nacimiento de agua que recorre el pueblo
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Hay pueblos que te los imaginas antes de llegar. Casas blancas, alguna cuesta, el bar de la plaza con tres jubilados arreglando el mundo. Cuevas del Becerro, en la comarca de Guadalteba, encaja bastante en esa imagen. Pero cuando llegas te das cuenta de una cosa: aquí todo ocurre a escala pequeña. El pueblo, las distancias, el ritmo. Y eso, según cómo vengas, se agradece mucho.
Con algo más de 1.600 vecinos y a más de 700 metros de altitud, Cuevas del Becerro queda entre la Serranía de Ronda y el interior agrícola de Málaga. No es uno de esos sitios que aparecen en listas virales ni pretende serlo. Es, más bien, un pueblo agrícola donde la vida sigue bastante pegada al campo.
Un vistazo sin artificios a su trama urbana
La iglesia de San Pedro marca el centro del pueblo. Tiene esa torre que se ve desde casi cualquier calle y que, quieras o no, acaba funcionando como punto de referencia cuando empiezas a callejear sin rumbo.
El casco urbano es pequeño. En un paseo corto lo recorres entero, algo que a mí me recuerda a cuando vas a casa de un amigo en su pueblo y en media hora ya sabes dónde está la plaza, la tienda y la calle donde se junta la gente por la tarde.
Casas encaladas, calles estrechas y bastantes macetas en puertas y ventanas. No hay grandes monumentos ni museos, así que aquí el plan suele ser simplemente pasear un rato y ver cómo funciona el pueblo en un día normal.
El nombre viene de las cuevas naturales que hay en el entorno. Algunas se conocen desde hace mucho tiempo y forman parte de la historia local, aunque no hablamos de cuevas preparadas para visitas como las de otros sitios. Si te interesa el tema, lo mejor es informarte antes o preguntar en el propio pueblo para no acabar metiéndote donde no debes.
Desde las zonas más altas del casco urbano se abre bastante el paisaje. Olivares en todas direcciones, algún cultivo alternativo y, al fondo, si el día está claro, se distinguen varias sierras de la provincia.
Rutas sencillas para perderse un poco
Alrededor de Cuevas del Becerro lo que predominan son los caminos agrícolas. Senderos entre olivos, pistas de tierra que conectan fincas y alguna ruta que sube hacia zonas más altas. No es territorio de grandes travesías de montaña, pero para caminar un par de horas funciona bien.
De hecho es ese tipo de paseo en el que vas viendo tractores pasar, escuchas perros a lo lejos y acabas con las botas llenas de polvo fino. Muy de interior andaluz.
Conviene llevar el recorrido más o menos claro o preguntar antes, porque la señalización puede ser irregular en algunos tramos. Aquí muchos caminos se usan para trabajar el campo, no para senderismo.
La cocina local va muy ligada a lo que se produce alrededor. Aceite de oliva, platos de cuchara cuando aprieta el frío, migas en los meses fríos o gazpacho cuando llega el calor. Cosas sencillas, de las que se comen despacio.
Si pasas por aquí entre finales de otoño y pleno invierno probablemente coincidas con la campaña de la aceituna. El ambiente cambia bastante: remolques llenos, tractores entrando y saliendo de las fincas y mucho movimiento en los caminos.
Tradiciones que siguen vivas
En pueblos de este tamaño las fiestas siguen teniendo bastante peso. Las celebraciones en honor a San Pedro suelen caer a finales de junio y durante esos días la plaza se llena más de lo habitual. Procesión, música por la noche y mucha gente que vuelve al pueblo esos días.
En agosto también se organizan actividades veraniegas. Es cuando más ambiente hay por la noche: sillas en la calle, conversaciones largas y niños corriendo por la plaza hasta tarde.
La Semana Santa aquí es más recogida que espectacular. Pasos pequeños, calles estrechas y mucha participación de vecinos. No mueve multitudes, pero se nota que es algo muy de casa.
Cómo llegar sin perderse
Desde Málaga capital lo normal es salir por la A-357 en dirección al interior. A partir de ahí toca enlazar con carreteras comarcales hacia la zona de Campillos y Cañete la Real hasta llegar a Cuevas del Becerro.
El trayecto ronda algo más de una hora larga, dependiendo del tráfico y de las curvas que te encuentres por el camino. No es complicado, pero ya es ese momento en el que notas que has dejado atrás la costa.
Cuevas del Becerro no intenta llamar demasiado la atención. Es un pueblo pequeño, agrícola, de los que se recorren en poco tiempo. Pero si te gusta ver cómo funcionan de verdad estos sitios —sin decorado turístico alrededor— puede tener su gracia parar un rato y dar una vuelta.