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sobre Teba
Villa histórica dominada por el Castillo de la Estrella y conocida por su relación con el caballero escocés Sir James Douglas
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Hay pueblos que se entienden en cinco minutos. Teba no. Aquí subes al castillo y de pronto aparece Escocia en mitad de Málaga. No es broma. En Teba murió un caballero escocés que llevaba colgado el corazón de su rey. La historia parece sacada de una novela. Pero ocurrió aquí, entre monte bajo y olivares.
Cuando sopla viento en el Castillo de la Estrella llega olor a sierra. Romero, tierra seca, algo de piedra caliente. Y piensas: vale, este sitio tiene más historia de la que parece desde la carretera.
El castillo que parece un barrio de piedra
Desde el aparcamiento del cementerio se tarda unos veinte minutos. El sendero es ancho. Pero pica hacia arriba. En verano se nota.
Arriba te espera una explanada enorme. El castillo ocupa muchísimo terreno. Más que muchos cascos antiguos de pueblos cercanos. Murallas largas, torres, restos de estancias. No está reconstruido a lo bonito. Aquí ves la piedra tal como ha llegado hasta hoy.
Eso tiene su gracia. Caminas entre muros abiertos y entiendes el tamaño del lugar.
Las vistas ayudan. Alrededor solo hay campo. Olivares y sierras bajas. Cuando hay bruma, el paisaje parece un mar gris.
Suele verse gente volando en parapente por la zona. Esta sierra tiene fama entre quienes practican ese deporte. Algunos fines de semana el cielo se llena de velas de colores.
Porra tebeña y queso de la sierra
Bajar del castillo abre el hambre. Pasa siempre.
En la plaza es fácil encontrar porra tebeña. Se parece al gazpacho, pero es más densa. Lleva pan, tomate y aceite generoso. Se come despacio. Si hace calor entra sola.
A veces la sirven con huevo o jamón. También es común acompañarla con queso de cabra de la zona. Queso fuerte, curado. De esos que dejan olor en los dedos un buen rato.
Por aquí la cabra payoya tiene bastante presencia. En primavera suele haber encuentros o ferias dedicadas al queso artesano. No siempre coinciden las fechas, pero si te pilla uno merece la pena curiosear.
El recuerdo escocés que sigue vivo
La historia del caballero escocés aparece por todo el pueblo. En paneles, en nombres de calles, en conversaciones. Cada cierto tiempo organizan unas jornadas que recuerdan aquella batalla medieval.
Durante esos días aparecen gaitas, telas de cuadros y banderas escocesas. Es curioso verlo en un pueblo de interior malagueño.
Lo mejor es el ambiente. Vecinos vestidos para la ocasión, chavales corriendo por la plaza y gente contando la historia una y otra vez. No todo es exacto al detalle histórico, claro. Pero se nota que el pueblo lo siente suyo.
Caminar un rato por la sierra
Si te gusta andar, alrededor de Teba hay varias rutas sencillas. Algunas salen cerca de la ermita de la Virgen de la Cabeza. El paisaje mezcla restos antiguos, cortijos abandonados y monte bajo.
Son caminos fáciles de seguir. Aun así conviene llevar agua. El sol aquí pega sin pedir permiso.
Otra zona conocida es el Tajo de Torró. Es un cortado donde suelen verse escaladores. Si no escalas, al menos te quedas mirando un rato. Siempre impresiona ver a alguien colgado de una pared.
También hay una vía ferrata relativamente cerca del pueblo. Quien la hace habla bien de las vistas desde arriba.
Mi resumen después de pasar por aquí
Teba no es un pueblo de escaparate. No esperes calles llenas de tiendas ni terrazas sin hueco. Es más tranquilo y más seco en apariencia.
Pero tiene algo que engancha. El castillo enorme. La historia escocesa en mitad de Andalucía. Y ese paisaje abierto que parece no terminar nunca.
Yo lo haría así. Subir al castillo por la mañana, cuando el sol aún da tregua. Luego bajar al pueblo y comer algo con calma en la plaza. Si quedan ganas, una caminata corta por la sierra.
En unas horas lo entiendes bastante bien. Y te vas con la sensación de haber encontrado uno de esos sitios que casi nadie mete en su lista. Eso, a veces, es lo mejor del viaje.