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sobre Guarromán
Población de las Nuevas Poblaciones famosa por sus pasteles de hojaldre y su ubicación estratégica
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Hay pueblos que parecen hechos a propósito para que los tomen por error en Google Maps. Guarromán es uno de esos. El nombre suena tan raro que hasta tiene historia alrededor: aquí se mueve la Asociación Internacional de Pueblos con Nombres Feos, Raros y Peculiares. Ya solo por eso el sitio entra con personalidad. Pero luego llegas, miras alrededor y lo que ves es un mar de olivos hasta donde alcanza la vista. Y piensas que, al final, el nombre es casi lo único que desconcierta.
El pueblo que nació con colonos del centro de Europa
A finales del siglo XVIII esto era básicamente una venta en medio del camino. Carlos III impulsó la repoblación de Sierra Morena y mandó venir colonos de distintos puntos de Europa, sobre todo alemanes y belgas. Podrían haber bautizado el lugar con algo nuevo, pero mantuvieron el nombre que ya circulaba por aquí, heredado del árabe: wadi al-román, algo así como río o valle de los granados.
Los primeros colonos llegaron con sus herramientas, sus costumbres y, me imagino, con cierta cara de sorpresa al ver dónde iban a empezar de cero. Aun así levantaron un pueblo bastante ordenado para la época.
La iglesia de la Inmaculada fue una de las primeras que se construyeron dentro del proyecto de las Nuevas Poblaciones. Es grande, muy blanca, y con esa sensación de templo hecho deprisa pero con intención de durar. Al lado está el Pósito de Labradores, un edificio de arcos de ladrillo y teja que ha ido cambiando de función según hiciera falta: almacén de grano, cuartel, cárcel, colegio… lo típico que en muchos pueblos acaba siendo el edificio para todo.
El francés enterrado en la sacristía
Aquí ocurrió una de esas historias que, si te la cuentan sin contexto, parece inventada. Un general francés está enterrado dentro de la iglesia.
Se llamaba Jacobo Gobert y cayó en la Batalla de Bailén, en 1808. En aquel momento el pueblo ni siquiera tenía cementerio, así que terminaron enterrándolo bajo la sacristía del templo. Ahí sigue.
Siempre me hace gracia pensarlo: un general napoleónico reposando bajo una iglesia de un pueblo jiennense, mientras arriba se celebra misa como cualquier domingo.
Entre olivos y antiguas minas
Guarromán vive, sobre todo, del olivar. Sales del casco urbano y enseguida empiezan las hileras de árboles, uno detrás de otro, ocupando buena parte del término municipal. Es el paisaje típico de esta zona del norte de Jaén: olivos viejos, algunos retorcidos, y al fondo las sierras de Morena marcando el horizonte.
Pero no todo aquí ha sido agricultura. Durante mucho tiempo también hubo actividad minera. En los alrededores se han catalogado cientos de pozos relacionados con la extracción de plomo y plata.
Algunas rutas de senderismo pasan cerca de esos restos. No esperes grandes instalaciones industriales; lo que queda suelen ser bocas de pozo, muros de piedra y cortes en el terreno. Caminas por allí y da la sensación de que, durante décadas, mucha gente se ganó la vida literalmente sacando el metal de debajo de sus pies.
Lo que se come (y lo que se endulza)
Si preguntas por algo dulce en Guarromán, lo más probable es que te hablen del hojaldre del pueblo. Es de esos dulces que parecen poca cosa cuando los ves en el mostrador, pero luego cae uno, luego otro… y cuando te quieres dar cuenta ya vas por el tercero.
Se suele hacer con manteca de cerdo ibérico y capas muy finas de masa. No hace falta buscar grandes escaparates: muchas veces está en pastelerías de toda la vida, de las que siguen funcionando casi igual que hace décadas.
En lo salado manda la cocina de campo: potajes, guisos con carne de caza cuando toca temporada y platos de cuchara que se agradecen cuando el frío se cuela por Sierra Morena y la niebla se queda pegada a la autovía.
Fiestas que no siempre salen en las guías
En junio celebran al Sagrado Corazón con su procesión. Pero una de las cosas más curiosas ocurre en la noche de San Juan: hay vecinos que bajan a la Fuente Taza a lavarse la cara con el agua de la fuente. Un gesto sencillo, casi superstición de las de antes.
En septiembre muchos suben hasta la ermita de la Virgen de Zocueca, en mitad del campo. Es de esos días en los que parece que el pueblo se traslada entero a los alrededores de la ermita.
Y de vez en cuando también se reúnen aquí representantes de pueblos con nombres raros dentro de esa asociación tan peculiar que nació en Guarromán. El listado de lugares que aparecen en esas reuniones da para pasar un buen rato mirando el mapa.
Consejo de amigo
Guarromán no juega en la liga de las capitales monumentales. No hay alcázar ni grandes museos. Es un pueblo de poco más de dos mil habitantes, pegado a la A‑4 y rodeado de olivar.
Pero te digo una cosa: si vas de camino hacia Jaén, Bailén o Andújar, salir de la autovía y entrar un rato merece la pena. Das un paseo por el centro, te acercas a la iglesia —donde sigue enterrado el general francés—, pruebas un hojaldre y vuelves al coche.
En una parada corta ya te haces una buena idea del sitio. Y, de paso, puedes decir que has estado en uno de los pueblos con el nombre más comentado de España.