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sobre Hornachuelos
Municipio serrano colgado sobre el río Bembézar puerta del parque natural homónimo con una rica biodiversidad y una oferta creciente de turismo activo y de naturaleza
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El Bembézar baja rápido desde Sierra Morena y, cuando alcanza Hornachuelos, todavía arrastra el frío de la madrugada. El pueblo está colocado justo encima de ese tramo del río, en una cornisa de roca que domina el desfiladero antes de que el agua se remanse en el embalse. Hornachuelos, en la Vega del Guadalquivir cordobesa, no queda en una ruta de paso: la carretera llega y termina aquí, y a partir de ese punto el territorio se abre en pistas forestales y senderos.
Un nombre árabe y un territorio de frontera
Las fuentes andalusíes mencionan el lugar en el siglo XI con un nombre que suele transcribirse como Hurun Ashalus. Era entonces un pequeño asentamiento dentro de la órbita de la cora de Córdoba. Tras la conquista cristiana del valle del Guadalquivir en el siglo XIII, el territorio pasó a manos castellanas y quedó integrado en el amplio término dependiente de la ciudad de Córdoba.
La lógica era clara. Desde la capital se controlaban estos montes de Sierra Morena, útiles para el pastoreo, la madera y la caza mayor. Esa relación con Córdoba marcó durante siglos la economía local.
Del sistema defensivo medieval apenas queda el cerro del castillo. Hoy son restos de muralla y cimientos que permiten entender la posición estratégica: desde allí se domina el paso natural del Bembézar y la entrada a los montes.
A cierta distancia del casco urbano está el palacio de Moratalla, vinculado históricamente a actividades cinegéticas. El edificio actual responde a reformas posteriores y su aspecto es más cercano al de una finca señorial que al de un castillo. Lo importante es el entorno: dehesa abierta, agua cercana y monte bajo donde tradicionalmente se movía la caza.
Casas sobre el desfiladero
El casco antiguo ocupa la ladera que cae hacia el río. Las llamadas casas colgantes se alinean en ese borde, apoyadas sobre muros que bajan hasta la roca. No llegan a quedar suspendidas en el aire, pero desde abajo dan esa impresión.
Muchas se levantaron entre los siglos XVII y XVIII, cuando la explotación forestal y el transporte de madera por el río tenían más peso en la zona. Algunas conservan corredores de madera y muros encalados muy sencillos, propios de la arquitectura serrana.
En la parte alta del pueblo se levanta el antiguo convento de Santa María de los Ángeles. Los carmelitas descalzos se establecieron aquí a comienzos del siglo XVI y permanecieron hasta la desamortización del XIX. El conjunto mantiene la estructura típica de los conventos andaluces de la época: iglesia de nave única y un claustro sobrio, pensado más para la vida interna de la comunidad que para la representación.
Hoy el edificio tiene uso hotelero, pero el paseo exterior sigue siendo uno de los puntos desde donde mejor se entiende el paisaje de Hornachuelos: sierra, dehesa y el tajo del Bembézar al fondo.
Un término dominado por la dehesa
El municipio es muy extenso. Gran parte de su superficie forma parte del parque natural de la Sierra de Hornachuelos, una de las áreas protegidas de Sierra Morena mejor conservadas.
La dehesa manda en el paisaje. Encinas y alcornoques muy separados entre sí, pastos estacionales y manchas de matorral donde se refugia la fauna. El aprovechamiento ha sido tradicionalmente mixto: ganado, corcho, algo de agricultura y caza.
Ese entorno explica también la cocina local. Los guisos de caza —conejo, ciervo o jabalí cuando lo hay— aparecen con frecuencia en las mesas de la zona. Suelen prepararse con adobos sencillos, vino y especias comunes en la sierra. En las casas todavía se fríen hojuelas con miel en celebraciones señaladas, una costumbre extendida por buena parte de la campiña cordobesa.
Caminos hacia el parque natural
Desde el propio casco urbano salen varios senderos que bajan hacia el río o se internan en la sierra. El recorrido de las casas colgantes es corto y sirve para entender cómo se adapta el pueblo a la ladera.
Subir hasta el cerro del castillo añade algo más de distancia y abre la vista hacia el embalse del Bembézar y las dehesas del parque natural.
Para caminar más tiempo hay caminos que se adentran en el monte siguiendo antiguas veredas de ganado o pistas forestales. Uno de ellos conduce hacia el monasterio de San Calixto, hoy sin uso y aislado en mitad de la sierra. El trayecto es largo y conviene llevar agua: en muchos tramos no hay fuentes.
Cómo llegar y cuándo ir
Hornachuelos está a algo menos de una hora por carretera desde Córdoba. El acceso habitual se hace a través de Almodóvar del Río y desde allí por una carretera secundaria que entra ya en terreno de dehesa y monte bajo.
No hay estación de tren. El transporte público existe, aunque con pocas frecuencias a lo largo del día.
El otoño suele ser el momento más agradecido para recorrer la sierra: bajan las temperaturas y la actividad en la dehesa se intensifica con la montanera y la berrea del ciervo en los montes cercanos. La primavera también tiene movimiento, con romerías y salidas al campo de la gente de la zona.
El pueblo se puede ver en poco tiempo. Lo que lleva más es recorrer los alrededores y entender por qué aquí, en el borde de Sierra Morena, el agua del Bembézar y la dehesa han sostenido población durante siglos.