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sobre Arahal
Conocida mundialmente por su producción de aceituna de mesa destaca por su arquitectura barroca y tradición flamenca
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Si vienes a hacer turismo en Arahal, lo práctico es dejar el coche cerca de la avenida de Andalucía y moverte andando. El centro se recorre rápido y muchas calles son peatonales o incómodas para circular. En días normales no cuesta demasiado aparcar en los alrededores. Cuando hay feria o fiestas grandes, la cosa cambia y conviene dejar el coche en las afueras y entrar a pie.
Aceitunas por todas partes
Arahal vive de la aceituna de mesa. Manzanilla y gordal, sobre todo. Los campos alrededor del pueblo son básicamente eso: olivar. No hace falta buscar mucho para notarlo. Pides una cerveza en cualquier bar y lo habitual es que aparezca un cuenco de aceitunas aliñadas. Muchas salen de cooperativas de la zona.
El verdeo —la recogida temprana de la aceituna de mesa— marca el calendario del pueblo. De ahí sale también la feria dedicada a este trabajo agrícola, que suele celebrarse cuando empieza la campaña. Durante esos días todo gira alrededor de la aceituna y de la gente que trabaja en ella.
El centro histórico, sin grandes artificios
El casco antiguo es compacto. Calles blancas, algunas con cuestas cortas y giros que no ves venir. No es un conjunto monumental enorme, pero sí tiene varias casas grandes de los siglos pasados, sobre todo en calles como la Carrera. Portones altos, patios interiores y bastante hierro forjado.
La iglesia de Santa María Magdalena queda en la parte alta. Es el edificio más visible del pueblo. El campanario se ve desde lejos y dentro hay una nave amplia con retablos barrocos. Normalmente se puede entrar si está abierta al culto; no funciona como museo ni tiene recorrido preparado.
Si coincides con alguna procesión, lo notarás enseguida. En estas calles no sobra espacio y cuando pasa un paso la gente se arrima a la pared y espera.
Cocina de casa
La comida aquí es la que se ha hecho siempre en la campiña. Sopa de tomates con hierbabuena, chícharos con bacalao en amarillo, tagarninas esparragás cuando es temporada. Platos de cuchara y sartén, sin demasiadas vueltas.
En invierno a veces aparece el cocido de calabaza, que no es algo que encuentres todo el año. Y de postre siguen saliendo dulces bastante clásicos, muchos con mucha yema y azúcar. En un convento del pueblo todavía venden algunos dulces a través del torno, una costumbre que en muchos sitios ya se perdió.
Fiestas ligadas al campo
La Feria del Verdeo está vinculada al inicio de la campaña de la aceituna de mesa. Cooperativas y vecinos participan y el ambiente es bastante local: música, baile y muchas aceitunas aliñadas.
Durante el año también hay celebraciones religiosas y procesiones que recorren el centro. No son montajes pensados para visitantes; son fiestas del propio pueblo, y se viven como tales.
Cómo visitarlo sin complicarte
Arahal se ve en poco tiempo. Pasea por el centro, entra en la Magdalena si está abierta y tómate algo con unas aceitunas. Con eso ya entiendes bastante bien de qué va el sitio.
Si tienes coche, sal un momento hacia las carreteras que cruzan la campiña. Desde ahí se ve lo que realmente sostiene al pueblo: olivos hasta donde alcanza la vista. No hace falta más.