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sobre Paterna de Rivera
Pueblo de la campiña conocido como cuna del cante por peteneras; tradición ganadera brava y ambiente rural auténtico
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En Paterna de Rivera el coche aparca donde puede. Lo normal es dejarlo en la entrada del pueblo, cerca del colegio, y seguir andando. Quien llega después del mediodía suele dar vueltas o acaba en el arcén de la carretera. El centro es un embudo de calles estrechas y casas blancas sin mucho orden. No hay grandes plazas ni miradores. El pueblo funciona así desde hace siglos y tampoco parece que tenga intención de cambiar.
El cante que no se oyó
En la plaza hay una estatua. Dolores la Petenera, la cantaora que nació aquí y se fue. Dicen que fue la referencia de ese palo del flamenco, pero nadie vivo la escuchó. Murió en 1869 y no dejó grabaciones.
Cada julio organizan un concurso de peteneras. Los cantaores locales participan, aunque los premios suelen irse a gente de fuera, sobre todo de Cádiz o Sevilla. La estatua es de piedra y está en medio de la plaza. Una foto rápida y ya.
Los baños que no curan
A unos cuatro kilómetros están los antiguos baños de Fuente Santa y Gigonza. Se dice que los romanos ya usaban estas aguas sulfurosas. Después pasaron por allí los árabes y, siglos más tarde, algunos visitantes del XIX que venían a “tomar las aguas”.
Hoy quedan muros medio caídos y una pileta con agua verdosa. La carretera de acceso suele ser de tierra y en época de lluvias se pone pesada. Mucha gente baja con chanclas porque el barro se pega a los pies. En verano aparece gente de la zona de Jerez para darse un baño rápido. No hay duchas ni sombra. Conviene llevar agua.
Toros por todos lados
El campo manda aquí. Y con el campo llegan las ganaderías de bravo. Alrededor del término hay fincas donde los toros pastan tranquilos. Se ven bien desde la carretera A‑389 si vas despacio.
No tiene misterio. Son toros comiendo o tumbados. La llamada Ruta del Toro pasa por esta zona de La Janda y suma bastantes kilómetros entre dehesas y cercados. Mejor mirarlos desde lejos. Acercarse a la valla no tiene sentido.
En Semana Santa hacen un encierro por las calles. Los vecinos se apartan a las aceras y los que vienen de fuera se suben donde pueden.
Comer sin florituras
En la calle Real hay varios bares de los de siempre. Cocina de guiso y temporada. Cuando toca salen tagarninas, alcachofas con jamón o cabrias después de un día de lluvia.
El piñonate aparece mucho en las vitrinas. Es un dulce seco y contundente. Los merengues suelen tener más salida. Pregunta por el plato del día. A veces cae conejo con arroz o algo parecido. El pan suele ser mollete del día anterior, duro pero útil para la salsa.
Cuándo ir y cuándo huir
El calendario manda bastante en un pueblo así. A principios de año se celebra la romería de San Sebastián y muchas veces coincide con lluvia y barro. En junio llega la feria de primavera y el centro se llena de música y casetas. Julio trae el concurso de cante por peteneras, que atrae bastante gente. En agosto suelen organizar exhibiciones de doma vaquera. Y el Viernes Santo hay encierro por las calles.
Si quieres ver el pueblo tranquilo, mayo o septiembre funcionan mejor. No hay fiestas grandes y el campo alrededor cambia de color. Paterna de Rivera se recorre rápido. Dos horas bastan para caminar sus calles.
Aparca arriba y baja andando. Mira la casa consistorial antigua, que es más sobria de lo que muchos esperan. Come donde veas a los vecinos. Si luego te quedas con ganas de costa, la carretera hacia Vejer te acerca al mar en poco rato. Aquí no hay playa ni pretende haberla. Es un pueblo de campo que sigue a lo suyo. Eso ya explica bastante.