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sobre Begíjar
Localidad agrícola cercana a Baeza con un interesante casco antiguo y tradiciones ligadas al Guadalquivir
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En Begíjar lo primero es el coche. Si entras al centro acabarás dando vueltas por calles estrechas, así que mejor dejarlo en la parte baja y subir andando. El pueblo es pequeño y todo queda cerca. Por la mañana suele oler a pan recién hecho; el horno del pueblo abre temprano y el olor se nota en media plaza. En verano hay más movimiento del que parece para un sitio de este tamaño y no hay aparcamientos pensados para visitantes.
El pueblo que no se vende
Begíjar no tiene oficina de turismo. Si preguntas, lo normal es que te señalen tres cosas: la torre árabe, la iglesia y el camino que sube hacia el santuario. Todo está a menos de diez minutos andando.
La torre del homenaje se levanta sobre la colina, un bloque de piedra bastante sobrio. Es medieval —suele fecharse en época andalusí— y durante mucho tiempo tuvo usos bastante poco épicos; la gente mayor cuenta que llegó a servir como almacén de grano. Hoy suele estar cerrada.
Arriba está la iglesia de Santiago Apóstol. No sigue un solo estilo: hay partes góticas, reformas posteriores y añadidos de distintas épocas. La portada es de finales del siglo XVI. Dentro no esperes un gran museo; es una iglesia de pueblo que sigue funcionando como tal.
Fuentes y memoria
La Fuente Nueva sigue dando agua y todavía hay vecinos que llenan garrafas. En una provincia donde el verano aprieta, que una fuente siga manando se agradece. No hay carteles ni nada preparado para fotos.
En el casco urbano también está la casa natal de Patrocinio de Biedma. Fue escritora en el siglo XIX y durante un tiempo publicó con seudónimo masculino, algo bastante habitual en aquella época. La placa que lo recuerda pasa bastante desapercibida.
En los bares del pueblo la cocina tira de lo de siempre: guisos contundentes y pan. Los andrajos de conejo aparecen a menudo en las cartas de la zona. También el maimones, una sopa de ajo con pan y huevo que no deja mucho margen para el romanticismo pero entra bien cuando hace fresco. Si no te complicas, una tostada con tomate y ajo resuelve el desayuno.
Subir al Santuario de la Estrella
El Santuario de la Estrella queda a unos seis kilómetros del pueblo, en la sierra cercana. Se puede subir en coche por pista, aunque mucha gente prefiere hacerlo andando por caminos antiguos entre olivares y monte bajo. No es una excursión técnica, pero hay tramos de subida.
Arriba el paisaje se abre bastante. En días claros se alcanza a ver buena parte de La Loma y, hacia el norte, las primeras sierras. El santuario tiene movimiento cuando hay romerías o celebraciones locales; fuera de esos momentos el ambiente suele ser tranquilo, con algún ciclista o senderista pasando.
Cuándo ir y cuánto tiempo dedicarle
Begíjar funciona más por calendario local que por turismo. Durante la vendimia y en las fiestas del pueblo hay más ambiente en la plaza. El resto del año la vida va a ritmo normal.
La visita es corta. El casco urbano se recorre rápido y lo más interesante está en el paseo y en subir al santuario si te apetece caminar.
Consejo práctico: entra por la mañana, da una vuelta por el centro y, si tienes tiempo, acércate al santuario. En un par de horas está visto. Luego puedes seguir hacia Baeza o Úbeda, que están a un cuarto de hora en coche.