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sobre Ibros
Localidad con restos de murallas ciclópeas íberas únicas en la península
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En el corazón de la comarca de La Loma, donde los campos de olivos se extienden como un mar plateado hasta el horizonte, se alza Ibros, un pueblo andaluz que conserva intacta la esencia de la Andalucía interior. Con sus 2.737 habitantes y situado a 595 metros de altitud, este municipio jiennense ofrece al viajero una experiencia auténtica, lejos de las multitudes, donde el tiempo parece discurrir al ritmo pausado de sus calles empedradas y el aroma del aceite de oliva virgen extra impregna cada rincón.
Ibros es uno de esos destinos que no aparecen en las guías turísticas masivas, pero que guarda tesoros esperando ser descubiertos por quienes buscan la Andalucía más genuina. Sus casas encaladas, sus iglesias centenarias y su entorno natural convierten cada paseo en un viaje en el tiempo, donde la hospitalidad de sus gentes se convierte en uno de los mejores reclamo turístico.
Qué ver en Ibros
El patrimonio religioso de Ibros constituye uno de sus principales atractivos. La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación domina el perfil urbano del pueblo, con su arquitectura que refleja siglos de historia local. Sus retablos y elementos decorativos ofrecen un interesante recorrido por el arte sacro de la comarca.
Paseando por el centro histórico, el visitante puede admirar ejemplos de arquitectura tradicional andaluza, con casas señoriales que conservan elementos originales como rejas forjadas, patios interiores y fachadas que narran la historia de las familias que las habitaron. La Plaza Mayor actúa como corazón social del pueblo, especialmente al atardecer, cuando los vecinos se reúnen para charlar bajo la sombra de los árboles.
Los alrededores de Ibros ofrecen paisajes típicos de la campiña jiennense, con extensos olivares que cambian de color según las estaciones. Los miradores naturales en las elevaciones próximas al pueblo permiten contemplar panorámicas espectaculares de La Loma, especialmente hermosas durante el amanecer y el atardecer, cuando la luz dorada baña los campos de olivos.
Qué hacer
El senderismo es una de las actividades más recomendadas en Ibros. Las rutas entre olivares permiten conocer de cerca el paisaje que ha configurado la identidad de esta tierra durante siglos. Estas caminatas, especialmente agradables en primavera y otoño, ofrecen la oportunidad de observar la fauna local y entender los procesos tradicionales de cultivo del olivar.
La gastronomía local merece una atención especial. Los visitantes pueden disfrutar de platos tradicionales como el gazpacho, las migas, el cordero segureño y, por supuesto, degustar los aceites de oliva virgen extra de producción local, considerados entre los mejores del mundo. Las panaderías artesanales mantienen vivas recetas centenarias de panes y dulces tradicionales.
Durante la temporada de recolección de la aceituna, entre noviembre y febrero, es posible observar e incluso participar en las labores de recogida tradicional, una experiencia que conecta al visitante con las raíces agrícolas de la región. Algunas explotaciones familiares ofrecen visitas guiadas donde se explica todo el proceso desde el árbol hasta la botella.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Ibros refleja la profunda religiosidad y las tradiciones agrícolas de la comarca. Las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de la Encarnación se celebran en marzo, con procesiones, misas solemnes y actividades culturales que congregan tanto a vecinos como a visitantes.
Durante el verano, generalmente en agosto, tienen lugar las fiestas mayores del pueblo, con verbenas populares, actuaciones musicales y actividades para todas las edades. Estas celebraciones son una excelente oportunidad para conocer las tradiciones locales y la hospitalidad de los ibroseños.
La Semana Santa se vive con especial intensidad, con procesiones que recorren las calles del pueblo en un ambiente de recogimiento y tradición. Las cofradías locales mantienen vivas estas celebraciones que se remontan a siglos atrás.
Información práctica
Ibros se encuentra a aproximadamente 50 kilómetros de Jaén capital, accesible por carretera a través de la A-4 y posteriormente por carreteras comarcales. El trayecto en coche desde Jaén dura unos 45 minutos, atravesando paisajes típicos de la campiña jiennense.
La mejor época para visitar Ibros es durante la primavera (marzo a mayo) y el otoño (septiembre a noviembre), cuando las temperaturas son más suaves y los colores del paisaje ofrecen mayor atractivo. El verano puede ser caluroso, aunque las noches suelen refrescar debido a la altitud del pueblo.
Para alojarse, aunque Ibros no cuenta con una gran infraestructura hotelera, la cercanía a otros municipios de La Loma y a la capital jiennense facilita encontrar opciones de hospedaje. Se recomienda contactar con el ayuntamiento local para conocer las posibilidades de turismo rural en la zona.
Es aconsejable llevar calzado cómodo para caminar por las calles empedradas y ropa adecuada para actividades al aire libre, especialmente si se planean rutas de senderismo por los olivares circundantes.