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sobre Sabiote
Villa medieval amurallada que forma el triángulo del Renacimiento con Úbeda y Baeza
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Cuando el GPS te dice “has llegado a tu destino” y lo único que ves alrededor son olivos, sabes que estás en Jaén. El turismo en Sabiote empieza un poco así: carretera tranquila, colinas cubiertas de verde y, de pronto, un pueblo en lo alto con muralla y castillo. Como si alguien hubiera decidido plantar una fortaleza renacentista en medio del mar de olivos de La Loma.
Es de esos sitios que no hacen mucho ruido, pero cuando llegas entiendes por qué sigue apareciendo en las conversaciones de la zona.
El castillo que no te esperas
El Castillo de Sabiote sorprende. No porque no sepas que está ahí —sale en cualquier mapa— sino porque cuando lo tienes delante parece más grande y más serio de lo que imaginabas.
La fortaleza tiene origen medieval, aunque en el siglo XVI se transformó bastante cuando Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V y uno de los hombres más influyentes de su época, metió mano en la reforma. La idea era convertir aquel castillo defensivo en algo más cercano a un palacio fortificado.
Desde arriba se entiende bien la elección del lugar. La Loma se abre en todas direcciones y el horizonte es una sucesión de olivos que parece no acabarse nunca.
En la Torre del Homenaje suele mencionarse otro detalle curioso: aquí se escribió uno de los primeros tratados sobre tauromaquia del país. No es una historia muy conocida fuera de la comarca, pero aparece en bastantes referencias históricas del castillo.
Un casco histórico que se recorre sin prisa
Sabiote forma parte de lo que a veces se llama el Triángulo Renacentista junto a Úbeda y Baeza. La diferencia es clara en cuanto pones un pie en el centro: aquí no hay autobuses descargando grupos cada media hora.
El casco antiguo está protegido como conjunto histórico, y eso se nota en las calles estrechas, las casas de piedra y algunos rincones donde el tiempo parece haberse quedado más o menos quieto.
La Iglesia de San Pedro es el edificio religioso más visible del pueblo. Su construcción se prolongó durante mucho tiempo entre los siglos XVI y XVII, algo bastante habitual en obras de ese tamaño en aquella época.
También queda el antiguo convento de Carmelitas Descalzas, ligado a la familia de los Cobos. Hoy tiene otros usos culturales, pero el edificio conserva ese aire sobrio de los conventos de entonces.
Lo bueno de Sabiote es que el centro se recorre sin mapa. Das dos vueltas, subes una cuesta, bajas otra… y acabas orientándote solo.
Lo que se come por aquí
En esta parte de Jaén la cocina manda, y en Sabiote no se complican demasiado la vida: producto de la zona y recetas de siempre.
El arroz con conejo aparece mucho en las cartas y en las casas. También es bastante conocida la cazuela, una especie de empanada de verduras donde suelen aparecer piñones y sésamo.
Hay otra tradición muy local: las empanadas que se preparan los viernes en algunas panaderías del pueblo. Es de esas costumbres que siguen funcionando porque la gente del propio pueblo las mantiene.
Para el café, los roscos de matalahúva —con anís— son bastante comunes en la repostería de la zona. Y los llamados alpargates, que aquí no tienen nada que ver con el calzado: son panes fritos que entran peligrosamente bien.
Fiestas con mucha vida en la calle
Una de las celebraciones más conocidas del calendario local son las hogueras de San Antón, en enero. Las calles se llenan de fuego, vecinos charlando alrededor y comida compartida. Es una de esas noches en las que el pueblo entero parece estar fuera de casa.
En primavera suele celebrarse un mercado o recreación histórica de ambiente medieval. Durante unos días el centro cambia bastante: puestos, trajes de época y bastante movimiento por las calles.
En agosto llegan las fiestas grandes, con ambiente taurino y mucha actividad en el pueblo. Son días en los que Sabiote se llena también de gente que vuelve al pueblo por vacaciones.
El paseo que mejor explica dónde estás
Si tuviera que recomendar una cosa sencilla para entender Sabiote, diría que des una vuelta por la zona de muralla y los miradores que rodean el pueblo.
Es un paseo corto. En algunos tramos vas pegado a la muralla y en otros se abre el paisaje. Desde ahí arriba La Loma se ve como lo que es: una extensión interminable de olivar, con carreteras finas atravesando el campo.
Hay un punto donde aparece la Puerta del Chiringote, uno de los accesos antiguos del recinto amurallado. El nombre siempre hace gracia cuando lo lees por primera vez.
Un consejo sencillo antes de ir
Si puedes elegir, evita los días más duros del verano. El calor en esta parte de Jaén aprieta bastante y las horas centrales del día se hacen largas.
Primavera y otoño funcionan mejor: el campo está más vivo y pasear por el pueblo se disfruta mucho más.
Sabiote no es un lugar de checklist ni de correr de monumento en monumento. Es más bien ese tipo de sitio donde das una vuelta, te sientas un rato en la plaza, miras el castillo desde abajo y piensas que, oye, no está nada mal haber salido de la carretera principal para llegar hasta aquí.