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sobre La Puebla de Cazalla
Referente del flamenco con su Reunión de Cante Jondo y tradición aceitunera y de aceite
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El turismo en La Puebla de Cazalla empieza a entenderse antes de entrar al pueblo. El olivar se interrumpe de golpe y, tras kilómetros de lomas cubiertas de olivos, aparece un promontorio calcáreo con las torres de la iglesia y varias chimeneas de ladrillo que nadie ha querido tirar. Llegando por la A‑92 se percibe bien esa forma: el casco urbano trepa por la cuesta y deja claro que aquí cada metro de tierra se ha aprovechado desde hace siglos.
De Calícula a la Puebla: un nombre que viene de lejos
En esta parte de la Campiña hubo asentamientos desde época antigua. Algunas fuentes mencionan un pequeño núcleo previo a la romanización llamado Calícula, aunque no todo el mundo está de acuerdo con esa identificación. Lo que sí está claro es que, tras la conquista castellana de la zona en el siglo XV, el lugar se reorganizó como tantas otras “pueblas”: nuevos vecinos, tierras repartidas y un concejo que ordenaba el territorio.
El añadido «de Cazalla» parece vinculado a familias señoriales relacionadas con la administración de estas tierras en época moderna. El nombre completo terminó fijándose así y aparece ya en documentos de los siglos posteriores.
El casco urbano todavía conserva bastante de esa organización antigua: calles estrechas que buscan las vaguadas, casas encaladas con zócalos de color y una plaza central que aquí se conoce como plaza del Cabildo. El nombre recuerda las reuniones del concejo. Si te detienes en algunas portadas antiguas verás marcas en la piedra o en los dinteles: fechas, símbolos de oficios o pequeñas inscripciones domésticas que cuentan más de la historia local que muchos paneles explicativos.
El vino, el cante y las papas con bacalao
La cocina local no se ha construido pensando en visitantes. Es la de la Campiña interior: platos largos de cuchara y recetas que dependen de lo que daba el campo en cada estación.
En invierno siguen apareciendo las papas con bacalao, cocinadas despacio hasta que la patata espesa el caldo. También se preparan arroces con productos de temporada; algunos mayores recuerdan versiones con castañas secas, cuando en los montes cercanos aún había más quejigos de los que quedan hoy. En Semana Santa y otras fiestas domésticas se fríen pestiños y roscos que suelen llevar vino o mosto en la masa.
El vino tiene presencia aquí desde antiguo. La vid se cultivó en la zona durante siglos y todavía hoy el mosto nuevo marca el calendario del otoño. No es un lugar de visitas organizadas a bodegas; lo habitual es beberlo en reuniones familiares o en las peñas del pueblo.
Y luego está el flamenco. La Puebla de Cazalla ocupa un lugar propio dentro del cante andaluz. De aquí salieron figuras como la Niña de la Puebla o José Menese, muy ligados a un estilo sobrio, sin adornos innecesarios. Cada verano se celebra una reunión de cante jondo que convoca a aficionados de muchos sitios; cuando ocurre, la plaza del Cabildo se llena de sillas y el ambiente recuerda que el flamenco aquí nació en patios y reuniones vecinales antes que en los escenarios.
Castillos, conventos y chimeneas que siguen en pie
En los alrededores quedan restos del llamado Castillo de Luna, en una altura a varios kilómetros del pueblo. Hoy apenas se conservan muros y parte del perímetro, suficientes para imaginar la antigua fortaleza que controlaba el paso por el valle del Corbones. Como ocurrió en muchos castillos de la zona, parte de la piedra se reutilizó durante siglos en construcciones del propio municipio.
Dentro del casco urbano destaca el antiguo convento de San Francisco de Paula, fundado en el siglo XVI. El conjunto mantiene un pequeño claustro y una iglesia de líneas sobrias. La comunidad religiosa que lo ocupa hoy es reducida, pero el edificio sigue siendo uno de los puntos históricos del pueblo.
También el siglo XX dejó señales visibles. Cerca del casco quedan varias chimeneas industriales vinculadas a antiguas fábricas de alcohol y otras instalaciones agrícolas. Cuando esas actividades desaparecieron, se optó por no derribarlas. Hoy funcionan casi como hitos en el paisaje de la Campiña: desde lejos sirven de referencia entre los olivares.
Algo parecido ocurre con antiguas almazaras de hacienda dispersas por el término municipal. Algunas conservan todavía prensas, vigas y maquinaria de otra época, aunque muchas ya no están en uso.
Caminos por el entorno de la Campiña
Desde el propio pueblo salen varios caminos rurales que permiten entender bien el paisaje de la Campiña sevillana.
Uno de los recorridos más cercanos sube hacia el parque periurbano de Los Pájaros, una zona de vegetación junto a cursos de agua donde todavía se ven aves habituales de estas vegas. Es un paseo corto y fácil.
Quien quiera caminar más puede seguir caminos agrícolas hacia el valle del Corbones y el embalse construido río abajo. El trayecto atraviesa largas hileras de olivos y muestra bien la escala del cultivo en esta parte de Andalucía.
También hay rutas que suben hacia las lomas donde se sitúan los restos del castillo. A primera hora de la mañana, cuando la humedad se queda baja en el valle, el paisaje cambia bastante y los olivares parecen extenderse sin fin.
Cómo moverse y cuándo venir
La Puebla de Cazalla está a poco más de una hora en coche de Sevilla siguiendo la A‑92. El pueblo se recorre bien a pie. Lo más práctico suele ser dejar el coche en las avenidas de entrada y subir caminando hacia la plaza del Cabildo.
Hay conexión en autobús con la capital y con otras localidades cercanas, aunque los horarios suelen pensarse más para desplazamientos cotidianos que para excursiones.
La primavera y el otoño son las épocas más cómodas para caminar por el término municipal. En mayo suele celebrarse la Romería Morisca y en verano tiene lugar la reunión de cante jondo que ha dado fama al municipio entre los aficionados al flamenco. A mediados de agosto se celebra la festividad de la patrona, cuando muchas familias que viven fuera regresan al pueblo.
La oferta de alojamiento es pequeña y tranquila, acorde con el tamaño del municipio. Para comer, lo más sensato es preguntar a los vecinos o mirar qué bares tienen menú ese día. Y si vas a salir a los caminos del entorno, conviene llevar calzado cerrado: el suelo yesífero de la Campiña puede resbalar cuando hay humedad.