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sobre Villacarrillo
Puerta de la Sierra de las Villas; destaca su monumental iglesia de la Asunción obra de Vandelvira
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Si vienes a Villacarrillo lo primero que oyes son los camiones. La N-322 trae y lleva aceitunas todo el día, sobre todo en temporada. El olor a molienda se pega al aire. Este es un pueblo de trabajo, no un escaparate.
Aparca en las calles anchas de la entrada. En el centro hay zona regulada, revisa el parquímetro. En agosto o en fiestas se llena. Si piensas salir a caminar hacia la sierra, déjalo directamente junto al polideportivo o en la parte alta. Ahorras tiempo.
Iglesia, torre y poco más
La iglesia de la Asunción domina la plaza. Es grande, de piedra desnuda y pocos adornos. Se atribuye a Vandelvira. Dentro, las lápidas del suelo son antiguas; casi nadie las mira.
Para vistas, sube a la atalaya Mingo Priego. Es una torre arruinada detrás del pueblo. Se llega por un sendero de tierra en diez minutos. Desde arriba solo ves olivos y, al fondo, la sierra.
Comer y andar por aquí
El plato local es el ajilimójili: ajo, aceite y huevo duro machacado para untar. Los ochíos con miel son tortas pegajosas que se venden en panaderías.
Detrás del pueblo empiezan los senderos hacia la Sierra de Cazorla. Algunos tienen más de 600 metros de desnivel; lleva agua y no lo intentes al mediodía en verano. Para un paseo plano, busca los caminos cerca del Guadiana Menor.
Un consejo práctico
Villacarrillo es una parada funcional. Viene bien para estirar las piernas si vas hacia la sierra o para ver una iglesia grande sin aglomeraciones.
No le dediques más de medio día: paseo por el centro, subida a la torre y ya está. Y si conduces entre noviembre y enero, ten paciencia con los camiones. Ellos mandan aquí