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sobre Villanueva del Arzobispo
Localidad con una impresionante plaza de toros y santuario mariano; gran actividad olivarera
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Hay un momento, cuando dejas la carretera que sube hacia la sierra y empiezas a acercarte al pueblo, en el que el olor cambia. No es solo pino. Es ese olor a almazara, a aceituna recién molida, que aquí aparece cuando menos te lo esperas. Ese suele ser mi primer recuerdo cuando hablo de turismo en Villanueva del Arzobispo: antes de ver el pueblo ya sabes que estás en tierra de aceite.
Villanueva está en la comarca de Las Villas, pegada al gran parque natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Y eso marca bastante el carácter del sitio: mitad pueblo agrícola, mitad puerta de entrada a la sierra.
Un pueblo grande para lo que es la comarca
La primera vez que vi el cartel de “Ciudad de Villanueva del Arzobispo” me hizo gracia. Luego te enteras de que el título se lo concedieron a principios del siglo XX y ya lo miras con otros ojos.
En cualquier caso, dentro de Las Villas es uno de los núcleos más grandes y con más vida diaria. Hay movimiento en las calles, comercios abiertos y bastante ambiente a lo largo del día. No da la sensación de pueblo detenido en el tiempo que tienen otros de la sierra.
El centro se recorre andando sin problema. Calles que suben y bajan, casas encaladas y alguna plaza donde siempre hay gente charlando. La iglesia de Santa Ana domina bastante el perfil del casco urbano. No es de esas iglesias que ves desde kilómetros, pero cuando te acercas impone bastante más de lo que parece en fotos.
Y luego está la plaza de toros, conocida como La Perla del Sur, de estilo neomudéjar. Incluso a quien no le interesen demasiado los toros le suele llamar la atención el edificio.
Cervantes pasó por aquí (aunque no estaba de turismo)
Villanueva aparece en la biografía de Cervantes por un motivo bastante menos romántico que escribir novelas. Durante un tiempo trabajó como recaudador de impuestos relacionados con el grano y pasó por varios pueblos de la zona.
Siempre me imagino la escena: Cervantes viajando por caminos polvorientos de la provincia de Jaén, haciendo cuentas y escuchando quejas de agricultores. No parece el plan más emocionante del mundo, pero ese tipo de trabajos fueron bastante habituales en su vida antes de que llegara la fama literaria.
Hoy en el pueblo ese episodio se recuerda como una curiosidad histórica más que como un gran reclamo.
La puerta natural a la sierra de Las Villas
Una de las cosas que explica el movimiento que tiene Villanueva del Arzobispo es su cercanía al parque natural. Mucha gente pasa por aquí antes de subir hacia la parte más montañosa de Las Villas.
En pocos minutos de coche el paisaje cambia bastante: olivar abajo y, según vas ganando altura, pinar y monte más cerrado. Hay varias rutas y senderos por la zona. Algunos siguen antiguos caminos que usaban pastores y vecinos para moverse entre cortijos y aldeas.
Uno de los senderos más conocidos por aquí tiene un nombre bastante contundente, Senda de los Muertos. No es tan dramático como suena: es un recorrido que suele hacerse andando y que atraviesa zonas de sierra bastante tranquilas. El nombre viene de historias antiguas relacionadas con epidemias y traslados de difuntos entre aldeas, algo que en esta parte de la provincia se cuenta desde hace generaciones.
Comer contundente, como manda la sierra
La cocina de Villanueva del Arzobispo es la que esperas encontrar en esta parte de Jaén: platos pensados para trabajar en el campo y aguantar el día.
Las migas aquí no son una tapa ligera. Van acompañadas de panceta, chorizo y, según la temporada, fruta como uvas o melón. Sales de la mesa con la sensación de haber comido en casa de alguien más que en un sitio de paso.
Otro plato muy ligado al pueblo es el ajo-harina, una receta humilde que a primera vista parece sencilla pero que llena bastante más de lo que imaginas. Es de esos platos que muchas familias siguen preparando como se ha hecho siempre.
En la repostería aparecen dulces tradicionales como las blanquillas, muy presentes en celebraciones y fiestas.
Tierra de aceite
Si algo define la economía local es el aceite de oliva. El olivar rodea el pueblo por todas partes y buena parte de la actividad agrícola gira en torno a la campaña de la aceituna.
En Villanueva y su entorno funcionan varias cooperativas y almazaras donde se produce aceite de oliva virgen extra. Si hablas con gente del pueblo verás que el aceite se comenta casi como si fuera vino: si pica más, si es más suave, si la aceituna se ha recogido temprano o más tarde.
Y luego está el ritual básico: pan, aceite recién abierto y poco más. Aquí con eso ya tienes media comida resuelta.
Cuándo se nota más vida en el pueblo
La Semana Santa tiene bastante seguimiento en Villanueva del Arzobispo y esos días el ambiente cambia: más gente en la calle, más movimiento nocturno y mucha actividad en torno a las procesiones.
En mayo suelen celebrarse las Cruces, una fiesta muy andaluza que aquí se vive bastante en la calle.
Y a comienzos de septiembre llegan las fiestas dedicadas a la Virgen de la Fuensanta, muy vinculada a la identidad del pueblo. Durante esos días es fácil ver a los vecinos sacando sillas a la puerta de casa y alargando la conversación hasta bien entrada la noche.
La sensación que deja Villanueva
Villanueva del Arzobispo no juega en la liga de los pueblos que salen en todas las guías de Andalucía. No tiene un casco histórico monumental ni ese golpe visual que te deja parado nada más llegar.
Pero tiene algo que a veces pesa más: vida cotidiana. Gente entrando y saliendo de tiendas, agricultores comentando cómo viene la aceituna, niños jugando en las plazas.
Es ese tipo de sitio donde te sientas a tomar un café y acabas escuchando conversaciones sobre la lluvia, el campo o la sierra. Y cuando te das cuenta llevas un buen rato allí sin mirar el reloj.
A veces el turismo rural va justo de eso. De parar un poco y dejar que el lugar marque el ritmo. Villanueva, en ese sentido, lo pone bastante fácil.