Artículo completo
sobre Lentegí
Balcón natural sobre el valle del Río Verde; ideal para deportes de aventura como el barranquismo y senderismo
Ocultar artículo Leer artículo completo
Lentegí se sitúa en el interior de la Costa Tropical granadina, en la ladera de las sierras que separan el litoral del valle del río Verde. Está a algo más de seiscientos metros de altitud y mantiene la lógica de muchos pueblos de esta zona: casas adaptadas a la pendiente, calles estrechas y una relación constante con los bancales que rodean el casco urbano. Aunque el mar queda a poca distancia en línea recta, el paisaje cotidiano es más bien de montaña baja, con barrancos, almendros y olivares.
El pueblo es pequeño y se recorre andando sin dificultad. Las viviendas encaladas se agrupan en torno a cuestas y pequeñas placetas, con tramos donde la calle apenas deja pasar un coche. Desde algunos puntos altos del casco urbano se abre la vista hacia el sur y, en días despejados, se adivina la franja azul del Mediterráneo.
La iglesia y el trazado del pueblo
En el centro se encuentra la iglesia de San Sebastián, levantada tras la repoblación cristiana del siglo XVI, cuando muchos pueblos de la zona tuvieron que reorganizarse después de la expulsión morisca. El edificio ha sufrido reformas con el paso del tiempo, algo habitual en parroquias rurales, pero sigue marcando el eje del pueblo. La torre se ve desde buena parte del valle y sirve de referencia al acercarse por la carretera.
El casco antiguo mantiene un trazado irregular, adaptado a la pendiente. Hay casas que conservan elementos tradicionales —portones de madera, pequeños patios o aleros sencillos— junto a construcciones más recientes. En los alrededores aparecen cortijos dispersos y antiguas instalaciones ligadas al campo, como pequeños secaderos o dependencias agrícolas vinculadas al cultivo de la almendra y el olivo, que durante mucho tiempo han sido la base de la economía local.
También quedan fuentes y lavaderos que recuerdan cómo se organizaba la vida cotidiana cuando el agua había que compartirla y las tareas domésticas se hacían en común.
Caminos entre bancales y sierra
El entorno de Lentegí se presta más a caminar que a buscar grandes monumentos. Desde el pueblo salen caminos tradicionales que comunican con otros núcleos cercanos y con zonas de cultivo. Muchos discurren entre bancales de almendros y olivos, con tramos donde el sendero coincide con antiguos pasos agrícolas.
A finales del invierno, cuando florecen los almendros, el paisaje cambia bastante: las laderas se llenan de manchas blancas y rosadas que contrastan con la tierra oscura de los bancales. En otras épocas del año el protagonismo lo tiene el relieve, con barrancos que bajan hacia el valle del río Verde y sierras cubiertas de monte mediterráneo.
Quien vaya con cámara suele encontrar buenos encuadres en las partes altas del pueblo: tejados escalonados, muros encalados y el mar muy al fondo.
Fiestas y vida local
La festividad de San Sebastián, en enero, es una de las citas más arraigadas del calendario local. La imagen del santo sale en procesión y suele reunir a vecinos que viven fuera pero regresan esos días.
En verano el ambiente cambia porque vuelven muchas familias que tienen aquí sus raíces. Las fiestas de agosto concentran buena parte de la actividad del año: verbenas, encuentros entre vecinos y actos organizados por el propio pueblo.
La Semana Santa se celebra de forma sencilla, con recorridos por calles estrechas donde todo sucede a pocos metros.
Cuándo acercarse
Primavera y otoño suelen ser las estaciones más agradables para caminar por los alrededores. En invierno el aire puede ser frío en las zonas altas, aunque los días claros dejan ver bien el relieve de la costa. El verano es más movido por la llegada de familias que pasan aquí las vacaciones.
En cualquier caso, Lentegí se entiende mejor recorriéndolo sin prisa: subir alguna cuesta, asomarse a los bordes del pueblo y mirar cómo los bancales van bajando hacia el valle. Ahí está buena parte de su carácter.