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sobre Bédar
Pueblo mirador con pasado minero; ofrece vistas panorámicas al mar Mediterráneo desde la sierra
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Bédar me recuerda a esos pueblos que aparecen de repente cuando dejas la carretera principal y empiezas a subir curvas sin tener muy claro qué hay arriba. Con el turismo en Bédar pasa algo parecido: no es un sitio que salga todo el rato en listas ni en anuncios, pero cuando llegas entiendes por qué la gente que lo conoce vuelve.
Está en el Levante Almeriense, a algo más de 400 metros de altura, con menos de mil vecinos durante todo el año. El pueblo se encarama a la ladera y desde algunos puntos ves cómo el paisaje se abre hacia un mar de olivos y almendros, con la Sierra de los Filabres al fondo. No hay grandes monumentos ni calles monumentales. Lo que hay es un lugar tranquilo, de cuestas y silencios largos.
De su pasado musulmán quedan algunos rastros y, sobre todo, la forma en que se organiza el casco antiguo: calles estrechas que suben y bajan sin demasiado orden aparente. Luego llegaron las transformaciones tras la Reconquista y el pueblo se fue adaptando poco a poco. El resultado es ese tipo de sitio que se recorre mejor sin mapa, simplemente caminando y viendo dónde acaba cada calle.
Un paseo por el casco antiguo de Bédar
El centro del pueblo gira alrededor de la iglesia de San Pedro, levantada en el siglo XVI. No es un edificio monumental, pero funciona como punto de referencia cuando empiezas a orientarte por el casco antiguo. La torre se ve desde varias calles y acaba siendo tu brújula improvisada.
Alrededor aparecen casas encaladas con muros gruesos, ventanas pequeñas y rejas sencillas. Son detalles que hablan de otra época, cuando el calor del verano y el frío del invierno se combatían más con arquitectura que con aire acondicionado.
Si sigues caminando acabas llegando al Mirador del Pueblo. Desde ahí se entiende bastante bien dónde estás: campos de olivos, almendros dispersos y ese paisaje seco que caracteriza buena parte de esta zona de Almería. Al atardecer la luz cambia mucho el color del terreno y merece la pena quedarse un rato.
También se conservan la fuente pública y los antiguos lavaderos. No son un monumento espectacular, pero ayudan a imaginar cómo funcionaba la vida aquí cuando el agua era punto de encuentro diario.
Caminos y naturaleza alrededor del pueblo
Bédar también se usa mucho como punto de partida para caminar por los alrededores. Hay varios caminos rurales que conectan con cortijos, antiguas zonas mineras y pueblos cercanos.
Algunos senderos son bastante suaves, entre olivos y almendros, sobre todo si vienes en primavera cuando el campo empieza a moverse un poco después del invierno. Otros se alejan más del núcleo y conviene llevar buen calzado, agua y protección contra el sol, porque aquí la sombra escasea.
Si te gusta fijarte en los pájaros, es fácil ver rapaces planeando sobre las laderas. También aparecen abubillas, abejarucos y otras especies típicas del sureste peninsular. No es un gran destino de observación de aves, pero sí un lugar donde el paisaje sigue bastante vivo.
En la zona todavía hay agricultura tradicional. Almendras, aceite y miel suelen formar parte de lo que se produce por aquí, y también de platos locales como las migas o los gurullos con conejo que se preparan en muchas casas cuando llega el frío.
Fiestas y vida local
Las celebraciones más importantes del pueblo suelen girar en torno a San Pedro, normalmente hacia finales de junio. Durante esos días hay procesiones y actividades en las calles del centro, con bastante participación de vecinos.
En agosto también se organizan festejos de verano, cuando vuelve gente que tiene aquí familia o segunda residencia. El ambiente cambia un poco: más movimiento por la noche, música y actividades en la plaza.
La Semana Santa se vive de forma bastante sobria, con recorridos cortos por el casco antiguo. No es una celebración multitudinaria, pero se nota que tiene peso entre la gente del pueblo.
Cómo llegar a Bédar
Desde Almería capital hay alrededor de 90 kilómetros. Lo habitual es ir por la A‑7 hasta la zona de Vera y desde allí subir hacia Bédar por carretera local. El tramo final tiene curvas, como suele pasar en los pueblos de sierra, pero está en buen estado.
Una vez arriba, lo más práctico es dejar el coche en alguna zona amplia y moverse andando. El centro tiene bastantes cuestas y calles estrechas, así que caminar acaba siendo la manera más sencilla de recorrerlo.
Bédar no es un destino de los que llenan un fin de semana entero con planes. Y, curiosamente, ahí está parte de su gracia. Das un paseo, te asomas al mirador, recorres un par de calles tranquilas… y te vas con la sensación de haber pasado por un sitio que sigue viviendo a su ritmo. Algo que en esta parte de la costa de Almería cada vez se encuentra menos.