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sobre Cuevas del Almanzora
Histórica ciudad minera y señorial; cuenta con costa
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El turismo en Cuevas del Almanzora se entiende mejor si se mira primero el territorio. El pueblo se levanta en el tramo final del valle del río Almanzora, cuando la vega empieza a abrirse hacia el Levante almeriense y el paisaje se vuelve más seco. Aquí coincidieron agricultura, minería y costa cercana. Esa mezcla explica que, en un municipio de tamaño medio, aparezcan castillo, barrios excavados en la tierra y restos de una fiebre minera que marcó todo el siglo XIX.
El barrio de las Cuevas del Calguerín empieza cuando el casco urbano se disuelve en la ladera. A unos dos kilómetros del centro, el asfalto deja paso a calles de tierra y a fachadas encaladas que en realidad son la entrada a viviendas excavadas. Se cuentan varios centenares de cuevas en este cerro. Muchas se adaptaron como vivienda sobre todo en el siglo XIX, cuando la población creció con la actividad minera de Sierra Almagrera. Quien vive en ellas suele repetir la misma idea: la temperatura se mantiene bastante estable durante el año, fresca en verano y templada en invierno gracias al grosor de la tierra.
El castillo que ordena el pueblo
El perfil del pueblo lo domina el castillo del Marqués de los Vélez. La fortaleza se levantó a comienzos del siglo XVI, en los años posteriores a la conquista castellana del reino de Granada. Más que una plaza pensada para grandes asedios, funcionaba como símbolo de poder señorial y como pieza de control sobre el valle.
El patio de armas, cuadrado y muy regular, revela esa función representativa. Hoy el edificio acoge el Museo Antonio Manuel Campoy, formado a partir de la colección reunida por el crítico de arte nacido en la comarca. Dentro aparecen obras de artistas del siglo XX que sorprenden en este contexto, entre ellas piezas de Picasso o Miró.
A poca distancia está la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. El templo actual se levantó en el siglo XVIII, probablemente sobre estructuras anteriores vinculadas a la antigua mezquita. Su tamaño llama la atención cuando uno entra: la nave es de las más amplias de la provincia. Desde las inmediaciones del castillo se entiende bien la posición del pueblo, con la vega del Almanzora extendiéndose hacia el interior.
La memoria de la plata en Sierra Almagrera
A mediados del siglo XIX, el descubrimiento de filones de galena argentífera en Sierra Almagrera provocó una de las grandes fiebres mineras del sureste peninsular. Llegaron inversores extranjeros y técnicos de distintas partes de España, se perforaron galerías profundas y se organizaron sistemas de transporte para llevar el mineral hasta la costa, sobre todo hacia el puerto de Águilas.
El auge no duró demasiado. Hacia finales de siglo, la caída del precio de la plata y el agotamiento de algunos filones provocaron cierres rápidos. En la sierra aún quedan pozos, escombreras y restos de instalaciones que recuerdan aquella etapa. Después de lluvias fuertes a veces aparece en el suelo una pátina blanquecina asociada a los minerales que afloran.
Abajo, en la vega, el paisaje vuelve a ser agrícola. Olivos y cultivos de regadío ocupan las parcelas más fértiles. El embalse de Cuevas del Almanzora, construido en el último tercio del siglo XX, cambió la gestión del agua en toda esta parte del valle. Los agricultores suelen hablar de la necesidad de mezclar aguas de distinta procedencia para equilibrar la salinidad en algunos cultivos.
Cocina de horno y mortero
La olla de trigo sigue siendo uno de los platos más asociados a la cocina local. Se prepara con grano de trigo, legumbres, carne de cerdo y embutido, y requiere varias horas de cocción lenta. Era comida de jornada larga, habitual entre trabajadores del campo y también entre los mineros de la sierra.
El ajo colorado aparece sobre todo en los meses fríos: una sopa espesa donde el pimentón y el ajo marcan el sabor, a menudo rematada con huevo cocido. En la repostería aparecen rosquillos de anís y dulces fritos hechos con aceite de oliva, muy presentes en celebraciones familiares y en las fechas señaladas del calendario.
Cuevas que todavía se habitan
Aunque muchas se han transformado o se usan como segunda residencia, una parte de las cuevas del Calguerín sigue habitada. En una de ellas se instaló hace años un pequeño espacio etnográfico que reproduce cómo eran estas viviendas: camas de hierro, cocina de leña y herramientas domésticas.
Las explicaciones suelen insistir en el mantenimiento del techo, que tradicionalmente se reforzaba con mezclas de tierra, paja y agua cada cierto tiempo. En las calles exteriores aún se ven tendederos y pequeños patios adaptados a la pendiente de la ladera.
Cómo orientarse en la visita
Cuevas del Almanzora queda junto a la autovía del Mediterráneo, a pocos kilómetros de la costa y cerca de localidades como Vera o Garrucha. El castillo y la iglesia están en el núcleo histórico y se recorren a pie en poco tiempo.
Para entender el lugar conviene combinar ese paseo con una vuelta por el barrio de las cuevas y, si interesa la historia minera, acercarse después a la Sierra Almagrera. El contraste entre la vega cultivada, las laderas excavadas y las antiguas explotaciones ayuda a entender por qué este municipio terminó teniendo una historia bastante más compleja de lo que su tamaño sugiere.