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sobre Lubrín
Pueblo blanco de interior con encanto; famoso por su gastronomía de cabrito y miel
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Aparcar y moverse por Lubrín
Lubrín está en una ladera y se nota en cuanto entras con el coche. Las calles suben y bajan sin mucho margen. Lo más sensato es dejar el vehículo en la parte baja o en algún ensanche antes de meterte en el casco urbano. Si intentas acercarte demasiado al centro acabarás dando vueltas.
El pueblo ronda los 500 metros de altura. Las cuestas son constantes y muchas calles son estrechas. En una o dos horas se recorre entero caminando sin apuro.
El centro del pueblo
Arriba del todo está la iglesia de la Inmaculada Concepción. Desde ese punto se entiende bien cómo se apoya el pueblo en la pendiente y cómo se abre el valle alrededor. La luz suele ser más llevadera a primera hora o cuando el sol empieza a caer.
Más abajo aparece la Plaza de España. Es pequeña. Algunos bancos, algo de sombra y vecinos pasando. La vida diaria se concentra bastante aquí.
Cerca están los antiguos lavaderos públicos, hoy restaurados. No ocupan mucho espacio, pero recuerdan cómo se organizaba la vida doméstica cuando el agua no llegaba a cada casa.
Lo que queda alrededor
Fuera del núcleo aparecen cortijos dispersos, restos de molinos y acequias que aún cruzan zonas de olivos y almendros. También se ven bancales abandonados. El paisaje explica bastante del pasado agrícola de la zona.
Hay caminos rurales que salen del pueblo y serpentean por las lomas. No siempre están señalizados. Si sales a caminar o en bici conviene llevar el mapa descargado porque los cruces se parecen entre sí y es fácil equivocarse.
Fiestas y ritmo del año
Las celebraciones principales suelen girar en torno a la Inmaculada en diciembre. El pueblo se mueve alrededor de la iglesia y las procesiones recorren las cuestas.
En agosto llegan las fiestas dedicadas a San Lorenzo. El ambiente cambia un poco porque vuelve gente que vive fuera. También hay actos en Semana Santa, sencillos y adaptados a calles muy empinadas.
Cuándo venir
El problema aquí es el calor cuando aprieta. En verano conviene moverse temprano o esperar a la tarde. Las cuestas se hacen largas con sol fuerte.
Primavera y otoño suelen ser más llevaderos para caminar. En invierno puede hacer fresco, pero los días despejados no son raros en esta parte de Almería.
Si pasas por Lubrín, entra sin grandes expectativas. Aparca abajo, sube hasta la iglesia, mira el valle un rato y baja despacio por las calles. Con eso ya te haces una idea del pueblo.