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sobre Mairena del Alcor
Cuna de la feria más antigua de Andalucía y del cante jondo con un castillo bien conservado
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Aparca en la avenida de Andalucía. Suele haber sitio y te ahorras dar vueltas por el centro. Desde ahí al Castillo de Luna hay unos diez minutos andando. Si vienes en domingo, madruga: a media mañana ya cuesta encontrar hueco.
El castillo que no es de Lorca
El Castillo de Luna es lo más claro que ver en Mairena del Alcor. No tiene nada de palacio bonito. Es una fortaleza seca, hecha para vigilar la vega y poco más.
Se sube por una rampa empinada. Arriba hay un patio cuadrado con un pozo en medio. Las murallas se conservan bien porque a principios del siglo XX lo compró el arqueólogo británico Jorge Bonsor y lo restauró. Aquí guardó parte de su colección de piezas romanas e íberas hasta su muerte.
Hoy se usa para dependencias municipales y exposiciones. La entrada normalmente es gratuita, aunque el horario cambia. Si lo encuentras cerrado, pregunta en portería: algunas tardes lo abren.
Desde arriba se ve bien la cornisa de Los Alcores: olivares, parcelas de cultivo y el relieve suave de la meseta. Sevilla queda cerca, a unos veinte minutos en coche si el tráfico acompaña.
El cante que no entiende de museos
Antonio Mairena nació aquí en 1909. Su nombre aparece en una plaza y en el concurso de cante jondo que se celebra cada septiembre desde los años sesenta. En el pueblo lo llaman simplemente “el concurso”.
No esperes museo ni recorrido flamenco señalizado. El flamenco aquí sigue más en las peñas que en las vitrinas. Los fines de semana a veces hay cante en alguna. Son locales sencillos: barra, sillas de plástico y paredes con fotos antiguas. Si hay suerte, alguien se arranca de madrugada. Sin escenario ni micrófonos.
Comer sin demasiadas vueltas
En Mairena se come lo que se ha comido siempre.
El picadillo de naranja mezcla naranja, huevo duro, cebolla, ajo y atún. Suena raro pero funciona. El ajo molinero recuerda al salmorejo, aunque más espeso y más rústico. Mucho pan, tomate, ajo y aceite. El conejo con almendras aparece a veces en temporada de caza.
En la plaza principal hay terrazas, como en cualquier pueblo grande del área de Sevilla. Si caminas un par de calles hacia la iglesia suelen aparecer bares más de diario: café en vaso de cristal y tostadas contundentes desde primera hora.
La feria que empezó todo
En Mairena se suele decir que su Feria de Abril empezó antes que la de Sevilla. La fecha que se maneja es 1841. Hoy dura varios días y se monta en el recinto ferial, a la salida del pueblo.
No hay casetas privadas. Las llevan peñas o el propio ayuntamiento y la entrada es libre. El ambiente es más de pueblo que de escaparate.
Si vienes en coche esos días, mucha gente aparca en las calles del polígono cercano y entra andando. Las casetas suelen arrancar a mediodía y la cosa se alarga hasta bien entrada la noche.
El suelo es de albero. Si pasas horas allí, acabarás con arena dentro de los zapatos.
Consejo de sobreviviente
Mairena del Alcor se ve en medio día sin correr. Castillo, paseo por el centro y poco más.
Si te apetece caminar, la Vía Verde de los Alcores conecta con El Viso del Alcor. Son unos siete kilómetros, terreno llano. Bien para bici o para estirar las piernas.
La feria es el momento en que el pueblo cambia de ritmo. Si vienes desde Sevilla, lo más práctico suele ser ir y volver en el día. No hay demasiados alojamientos en el municipio y la mayoría de la gente hace lo mismo: coche y vuelta a casa de madrugada.