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sobre Dehesas de Guadix
Pequeña localidad al norte de Guadix; paisaje de transición entre la hoya y los montes con olivares y tierras de labor
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Hay pueblos que se entienden rápido: llegas, das dos vueltas y ya sabes de qué van. Dehesas de Guadix es un poco así. No porque sea simple, sino porque todo está a la vista. Calles cortas, casas bajas, campo alrededor y ese silencio que tienen los sitios donde viven unas pocas centenas de personas y casi todo gira alrededor del trabajo en el campo.
Dehesas de Guadix queda a unos 15 kilómetros de Guadix, rodeado de olivares y tierras de cultivo. Aquí viven alrededor de 380 vecinos. No hay grandes monumentos ni un casco histórico que te obligue a mirar el mapa cada dos minutos. Lo que hay es un pueblo pequeño que sigue funcionando con un ritmo bastante distinto al de la ciudad.
Calles cortas y casas de las de antes
Pasear por el centro no lleva mucho tiempo. En diez o quince minutos ya te has hecho una idea del lugar. Las casas son las típicas de muchos pueblos agrícolas de Granada: muros encalados, rejas de hierro en las ventanas, teja árabe y patios interiores que en verano se convierten en la parte más habitable de la casa.
La iglesia parroquial, dedicada a la Inmaculada Concepción, se encuentra en la zona más visible del pueblo. No es un edificio monumental ni mucho menos, pero marca ese punto donde normalmente se cruzan las calles principales y donde suele concentrarse algo más de vida.
Lo que más llama la atención no es un edificio concreto, sino el conjunto. Es ese tipo de pueblo donde todavía ves portones grandes que seguramente se abrían para guardar aperos, patios donde se secaban cosechas y fachadas que apenas han cambiado en décadas.
El paisaje: campo abierto y olivares
Alrededor de Dehesas de Guadix manda el campo. Cereales, olivares y caminos agrícolas que salen del pueblo como si fueran radios de una rueda. No hay rutas señalizadas al estilo de los parques naturales, pero basta con seguir cualquiera de esos caminos para caminar un rato entre cultivos.
Si ha llovido, prepárate para barro. Y si vas en verano, mejor madrugar. El sol aquí pega de verdad cuando sube.
Aun así, caminar por la zona tiene su gracia si te gusta fijarte en los detalles: las marcas de los tractores en la tierra, los cambios de color del campo según la estación, algún ave planeando sobre los sembrados. No es un paisaje espectacular, pero tiene ese aire tranquilo de las zonas agrícolas donde todo depende del calendario del campo.
Lo que se come en un pueblo agrícola
La cocina aquí es la que uno espera en un pueblo de interior granadino: platos contundentes y bastante ligados a lo que da la tierra.
Las migas aparecen a menudo cuando refresca, acompañadas de carne o embutido. También son habituales los guisos de legumbres cocinados a fuego lento y las ensaladas sencillas con tomate, aceite de oliva y lo que haya de temporada.
En verano entran mejor las sopas frías como el gazpacho. Y en muchas casas todavía se preparan dulces tradicionales —roscos, tortas o masas fritas— con recetas que pasan de generación en generación.
Nada sofisticado. Comida de la que llena y de la que se hacía pensando en jornadas largas de trabajo.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las celebraciones están muy ligadas al calendario religioso y a las reuniones familiares.
La festividad de la Inmaculada Concepción suele ser una de las fechas señaladas. También la Semana Santa se vive a pequeña escala, con procesiones cortas por las calles del pueblo y bastante participación de los propios vecinos.
En verano suele haber más movimiento. Mucha gente que vive fuera vuelve unos días y el pueblo se anima: música en la plaza, reuniones largas por la noche y ese ambiente que solo aparece cuando regresan los que se fueron a trabajar a la ciudad.
No son fiestas pensadas para atraer gente de fuera. Más bien al revés: son excusa para que el pueblo se junte.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Desde Guadix el trayecto es corto en coche, alrededor de un cuarto de hora. Los últimos kilómetros discurren por carreteras locales entre campos de cultivo, así que conviene ir atento a los desvíos.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para pasear por los alrededores. El verano puede ser muy caluroso a partir del mediodía y en invierno el frío se nota, sobre todo cuando sopla el viento.
Si te acercas, llévate calzado cómodo y tómalo con calma. Aquí no hay una lista larga de cosas que ver. Más bien es un sitio para dar una vuelta tranquila, mirar alrededor y entender cómo funcionan todavía muchos pueblos pequeños del interior de Granada.