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sobre Gobernador
Pequeño y tranquilo municipio de los Montes Orientales; ofrece un ambiente rural auténtico y yacimientos arqueológicos íberos
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A primera hora de la mañana, cuando todavía no se oye casi nada, el turismo en Gobernador empieza con sonidos pequeños: un tractor que arranca en algún cortijo cercano, un mirlo que salta entre los cables, el roce seco de las hojas de olivo cuando sopla algo de aire. El pueblo despierta despacio. La luz va cayendo sobre las laderas y, poco a poco, los caminos que rodean las casas empiezan a marcarse entre los olivos.
Gobernador está en la comarca de Los Montes, al norte de la provincia de Granada, y apenas supera los doscientos habitantes. El paisaje manda. Olivos, alguna parcela de frutales y cerros redondeados que cambian de color según la estación. En los días muy claros, desde algunos puntos altos del pueblo o de los caminos cercanos, suele alcanzarse a ver la línea lejana de Sierra Nevada.
Aquí el año sigue el ritmo del campo. En invierno se podan los olivos; en otoño llega la recogida de la aceituna y el olor del aceite nuevo empieza a aparecer en las conversaciones y en las cocinas.
El alma rural en sus calles
La iglesia del Espíritu Santo ocupa el centro del pueblo, con su torre visible desde casi cualquier esquina. Alrededor, las calles son cortas y tranquilas, con casas encaladas que reflejan la luz fuerte del mediodía. En algunos patios se cuelan macetas con romero o geranios; cuando el sol cae, el olor de las plantas y de la tierra caliente se mezcla en el aire.
No es un casco urbano grande. En pocos minutos se atraviesa caminando, y enseguida aparecen los caminos de tierra que salen hacia el campo. Los olivares rodean Gobernador por todos lados. En algunos tramos están plantados en terrazas bajas, sujetando la tierra de los cerros.
Si subes a cualquiera de los cerros cercanos —no hace falta alejarse mucho— la vista se abre enseguida: un mosaico gris verdoso de olivos, algún tejado rojo del pueblo y, aquí y allá, cortijos aislados.
Caminar entre olivares
Una de las formas más sencillas de conocer el entorno es salir andando desde el propio pueblo. No hace falta preparar grandes rutas: varios caminos agrícolas conectan fincas y cerros cercanos y permiten pasear durante una hora o dos sin apenas tráfico.
El suelo suele ser de tierra compacta y piedras sueltas, así que conviene llevar calzado cerrado. En verano es mejor evitar las horas centrales del día; la sombra es escasa entre los olivares y el calor se queda pegado al suelo.
Si caminas despacio y paras un momento, empiezan a aparecer detalles: alguna rapaz planeando sobre los cerros, bandos pequeños de aves moviéndose entre los árboles o el ruido seco de las aceitunas cayendo cuando sopla viento en otoño.
Un calendario marcado por el campo
La vida social del pueblo gira bastante alrededor de las fiestas tradicionales y del trabajo agrícola. En primavera suele celebrarse una romería sencilla, con vecinos que salen juntos al campo y comida compartida.
Durante el verano llegan las fiestas patronales. Las plazas se llenan por la noche, cuando baja la temperatura, y es el momento en que regresan familiares que viven fuera y el pueblo recupera algo de movimiento.
En otoño, con la aceituna empezando a madurar, la conversación vuelve siempre al mismo tema: cómo viene la campaña y cuándo empezará la recogida.
Cómo llegar y cuándo ir
Gobernador está a algo menos de una hora en coche desde Granada capital. El acceso final se hace por carreteras comarcales que atraviesan colinas cubiertas de olivos y pequeños núcleos de población.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por la zona: temperaturas más suaves y una luz que marca bien el relieve de los cerros. En verano el calor aprieta bastante a mediodía, aunque por la noche el aire refresca.
Conviene llevar agua si vas a salir por los caminos y no confiar demasiado en la cobertura móvil en los cerros. Aquí lo normal es caminar un rato, sentarse un momento a mirar el paisaje y escuchar el silencio del campo, que a veces solo se rompe con el motor lejano de un tractor.