Artículo completo
sobre Montejícar
Pueblo serrano con restos de fortaleza árabe; situado en un entorno de olivares y montes con vistas extensas
Ocultar artículo Leer artículo completo
El turismo en Montejícar empieza por entender dónde está: en el extremo norte de la provincia de Granada, dentro de la comarca de Los Montes, a más de mil metros de altitud. El pueblo se agarra a una ladera áspera, con cuestas que obligan a construir en escalones. Desde abajo parece compacto; cuando se camina por él, se entiende mejor cómo la pendiente ha marcado el trazado de las calles y la colocación de las casas.
Alrededor se extiende el paisaje típico de esta parte del interior granadino: lomas cubiertas de olivar, barrancos secos gran parte del año y cortijos dispersos que recuerdan una organización del territorio muy ligada al campo. La agricultura, sobre todo el olivo, sigue teniendo peso en la vida local.
El origen del nombre suele relacionarse con la presencia de roquedos en la zona, aunque la etimología no siempre aparece clara en las fuentes. Lo que sí es evidente es la relación del asentamiento con la topografía: el caserío sigue la pendiente y forma un conjunto compacto que se recorre en poco tiempo, aunque las cuestas se hacen notar. Desde las partes altas del pueblo —especialmente cerca del castillo— se abren vistas hacia las sierras cercanas y, cuando el día está limpio, hacia Sierra Nevada en la distancia.
La vida aquí transcurre con bastante calma. Los olivares viejos, los caminos de tierra que enlazan cortijos y las labores del campo siguen marcando el ritmo de muchas jornadas.
Qué ver en Montejícar
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación se levantó en el siglo XVI, en los años posteriores a la conquista castellana. Ha tenido reformas posteriores, como muchas iglesias de la zona. La torre sirve de referencia visual dentro del casco urbano: desde varias calles se ve asomar por encima de los tejados. El interior es sobrio, con retablos y piezas devocionales vinculadas a la religiosidad popular de la comarca.
En la parte más alta quedan los restos del castillo de Montejícar, hoy muy fragmentarios. Formaba parte del sistema defensivo de frontera durante la Edad Media, cuando esta zona era territorio disputado entre reinos cristianos y el de Granada. No se conserva una estructura completa, pero el lugar ayuda a entender la lógica defensiva del asentamiento: desde allí se domina el territorio que rodea al pueblo.
El casco urbano mantiene rasgos de arquitectura popular andaluza. Casas encaladas, rejas sencillas y algunos patios interiores que apenas se adivinan desde la calle. Si se camina sin prisa aparecen detalles cotidianos: pequeños corrales, huertos pegados a las viviendas o muros donde la piedra aflora bajo la cal.
El paisaje que rodea Montejícar forma parte de la visita. Las laderas de olivar cambian bastante según la época del año. En días claros, desde algunos caminos cercanos al pueblo se alcanza a ver la línea blanca de Sierra Nevada en el horizonte.
Qué hacer en Montejícar
Caminar por los alrededores es probablemente la forma más directa de entender el territorio. Hay caminos rurales que atraviesan olivares, suben a pequeños cerros o bajan hacia barrancos. No todos están señalizados, así que conviene orientarse antes o preguntar en el propio pueblo.
La cocina local responde a lo que da el campo en esta zona del interior de Granada. Platos como las migas, las gachas o los guisos de caza menor aparecen en muchas casas durante los meses fríos. El aceite de oliva virgen extra, producido en la comarca, está presente en casi todo.
También es frecuente recorrer los alrededores en coche por carreteras secundarias o pistas agrícolas. A lo largo del término aparecen cortijos antiguos, pequeñas instalaciones ligadas al olivar y zonas donde el relieve se vuelve más abrupto.
Durante la recogida de la aceituna, normalmente entre finales de otoño y el invierno, el paisaje cambia: remolques cargados, cuadrillas trabajando entre los árboles y movimiento constante en los caminos rurales.
Quien tenga interés por la fotografía suele encontrar buena luz al amanecer o al final de la tarde. Desde las entradas del pueblo o desde la zona del castillo se aprecia bien la relación entre el caserío blanco y las lomas de olivar que lo rodean.
Tradiciones y calendario
Las celebraciones principales giran en torno a la Virgen de la Encarnación, patrona del municipio. Su festividad suele celebrarse en torno al mes de marzo y reúne actos religiosos con momentos más populares en las calles del pueblo.
En verano se organizan fiestas en agosto, aprovechando las noches más templadas de esta zona de sierra. Las actividades suelen concentrarse en espacios abiertos y sirven también como punto de encuentro para quienes regresan al pueblo durante las vacaciones.