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sobre Villanueva de las Torres
Conocido como el pueblo de las tres torres; situado en la cuenca del río Fardes con paisajes de badlands y dólmenes
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A primera hora, cuando el sol todavía va bajo y la cal de las fachadas devuelve una luz suave, el pueblo suena a pasos sobre el empedrado y a alguna puerta que se abre con calma. El turismo en Villanueva de las Torres empieza casi siempre así: sin ruido. Un vecino cruzando la plaza, una conversación corta desde un balcón, el olor húmedo que queda en el aire después de regar las macetas.
Villanueva de las Torres ronda los quinientos habitantes —algo menos de esa cifra en los últimos padrones— y se levanta en la comarca de Los Montes, en el interior de Granada. A su alrededor se abre un paisaje áspero, de cerros redondeados y olivares que se repiten ladera tras ladera hasta perderse en el horizonte. El pueblo se adapta a ese terreno con calles que suben y bajan sin demasiada lógica, enlazando casas encaladas, portales de piedra y tejados de teja árabe ya oscurecida por los años.
Al caminar despacio aparecen detalles que hablan de épocas más prósperas: algún escudo en una fachada, portadas de piedra bien labrada o balcones con hierro trabajado. Son pistas de un pasado ligado al campo, al aceite y al cereal, que aquí siempre han marcado el ritmo del año.
El patrimonio que no levanta la voz
La iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción ocupa el centro del pueblo. Desde fuera es sobria: muros claros, líneas sencillas y una presencia tranquila sobre la plaza. Muchas iglesias de esta zona fueron transformándose con el paso de los siglos, y aquí también se perciben capas distintas en la arquitectura y en los retablos del interior.
Dentro suele haber una luz tenue que entra por las ventanas altas y cae sobre la madera dorada de los retablos. Conviene entrar sin prisa, cuando la puerta está abierta y el pueblo anda tranquilo. En ese silencio se aprecian mejor las tallas antiguas y los detalles que a veces pasan desapercibidos en una visita rápida.
Por las calles cercanas aparecen varias casas antiguas con portadas de piedra y rejas pesadas. No forman un conjunto monumental ni están especialmente señalizadas; simplemente siguen formando parte de la vida cotidiana del pueblo.
El paisaje alrededor del pueblo
Basta con alejarse unos minutos del casco urbano para entender el territorio. Los olivares ocupan casi todo el paisaje y, cuando sopla algo de viento, las hojas giran mostrando ese brillo plateado que cambia el color del campo según la hora del día.
Entre los cerros hay barrancos secos gran parte del año y arroyos que solo llevan agua en temporada de lluvias. En las paredes de tierra y roca se ven las marcas de la erosión: capas irregulares, grietas y pequeñas cuevas abiertas por el paso del tiempo.
Desde algunas lomas cercanas —a las que se llega por caminos agrícolas— la vista se abre bastante: colinas suaves, parcelas rectangulares y el pueblo blanco concentrado en medio del paisaje.
Caminos entre olivos
Los caminos rurales que rodean Villanueva de las Torres se usan todavía para trabajar el campo, así que es habitual cruzarse con algún tractor o con vecinos que van andando entre fincas. Son pistas de tierra sencillas, sin demasiada señalización, pero fáciles de seguir si se camina con atención.
Después de una lluvia el olor a tierra es intenso, mezclado con el de las hojas de olivo. En verano, en cambio, el calor cae con fuerza y hay muy poca sombra. Si se sale a caminar conviene hacerlo temprano o al final de la tarde y llevar agua suficiente.
A poca distancia del pueblo también aparecen antiguas eras de trilla y pequeños huertos cerrados por tapias encaladas. En primavera, muchas de esas parcelas se llenan de hierbas aromáticas y flores silvestres que atraen a las abejas.
Lo que se come en casa
La cocina de esta zona del interior granadino sigue muy ligada al aceite de oliva y a lo que da la huerta. El aceite de las cooperativas cercanas suele ser intenso, con ese punto amargo que deja un leve picor al final.
En muchas casas todavía se preparan platos de cuchara o de sartén grande: migas cuando refresca, gachas cocinadas despacio o sopas contundentes hechas con pan asentado. Son recetas pensadas para jornadas largas de trabajo en el campo.
También es habitual encontrar dulces caseros con miel o almendra, sobre todo en celebraciones familiares o fiestas del pueblo.
Tradiciones que siguen el calendario del pueblo
La Inmaculada Concepción se celebra en diciembre con actos religiosos y procesiones sencillas por las calles cercanas a la iglesia. En mayo aparecen cruces decoradas con flores en distintos rincones del casco urbano, una costumbre muy extendida en muchos pueblos granadinos.
Durante el verano llegan las fiestas patronales y el ambiente cambia: música por la noche, vecinos sentados a la fresca y conversaciones que se alargan hasta bien entrada la madrugada. La Semana Santa, en cambio, suele ser más recogida, con recorridos cortos por las calles del centro.
Cómo llegar y cuándo ir
Villanueva de las Torres está en el norte de la provincia de Granada, dentro de la comarca de Los Montes. Lo más habitual es llegar en coche desde Guadix o desde la A‑92 y continuar por carreteras comarcales que atraviesan campos de olivos y pequeñas localidades.
Las mejores épocas suelen ser la primavera y el comienzo del otoño, cuando la temperatura permite caminar por los caminos del entorno sin el calor fuerte del verano. En julio y agosto el sol aprieta bastante al mediodía, así que conviene moverse temprano o esperar a la caída de la tarde.
Aquí no hay grandes concentraciones de visitantes ni infraestructuras pensadas para el turismo masivo. El pueblo sigue funcionando con su propio ritmo: persianas que se levantan despacio por la mañana, calles tranquilas a la hora de la siesta y conversaciones que se quedan flotando en la plaza cuando cae la noche.