Artículo completo
sobre Cardeña
Municipio enclavado en el Parque Natural Sierra de Cardeña y Montoro caracterizado por su dehesa de encinas y la presencia del lince ibérico en un entorno salvaje
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay algo curioso en el turismo en Cardeña: es el municipio más joven de la provincia en lo administrativo, pero el pueblo lleva aquí mucho más tiempo del que parece cuando miras un mapa. Durante siglos dependió de Montoro y no se convirtió en municipio propio hasta bien entrado el siglo XX. Es un poco como ese amigo que se independiza tarde pero, cuando lo hace, se compra una casa enorme. Porque Cardeña tiene más de 500 kilómetros cuadrados de término municipal y poco más de mil habitantes. Traducido: aquí hay más dehesa que gente, y se nota.
Un pueblo pequeño que ya llamaba la atención hace décadas
Si hablas con gente mayor del pueblo, todavía recuerdan cuando Cardeña empezó a ganar fama por lo bien cuidada que estaba. A finales de los años sesenta recibió un premio nacional de embellecimiento que en aquella época tenía bastante prestigio. No era algo habitual para un municipio tan pequeño.
La iglesia de la Purísima Concepción, en la plaza, es del siglo XVIII y está protegida como bien patrimonial. Es la típica referencia del pueblo: campanario visible desde casi cualquier calle y esa plaza donde siempre acaba pasando algo.
Más rara —y lo digo en el buen sentido— es la iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Se levantó ya en el siglo XX con un estilo neobarroco bastante llamativo. Cuando la ves por primera vez parece casi fuera de lugar, como si alguien hubiera traído un edificio de otra época y lo hubiera colocado en medio de la dehesa. Pero con el tiempo te acostumbras y acaba formando parte del paisaje.
Aquí el cerdo ibérico manda más que nadie
Te lo digo claro: venir a Cardeña con mentalidad de dieta es mala idea.
Los Pedroches giran alrededor del cerdo ibérico y aquí eso se nota en cada mesa. Los animales se crían en la dehesa, entre encinas y alcornoques, y de ahí salen embutidos, jamones y todo lo demás. En muchas casas sigue siendo normal tener piezas curándose o embutidos hechos en la matanza.
Pero no todo gira alrededor del cerdo. La caldereta de cordero aparece mucho en reuniones familiares y el cocido de tagarninas suele verse en temporada. Las tagarninas, por cierto, son esas plantas silvestres que en el campo parecen medio hostiles pero en el plato funcionan muy bien.
Y si te quedas varios días por la zona, el queso de oveja curado también es bastante habitual. De esos que pican un poco y te obligan a cortar el siguiente trozo más pequeño… aunque siempre acabas repitiendo.
Caminar por la dehesa (y entender por qué el paisaje aquí es así)
El término municipal de Cardeña forma parte del parque natural que comparte nombre con Montoro. Eso significa kilómetros de dehesa bastante bien conservada: encinas, caminos de tierra y silencio. Mucho silencio.
Hay varios senderos señalizados por la zona. Algunos recorren dehesas abiertas y otros suben hacia las sierras cercanas. No son rutas de alta montaña ni nada por el estilo; más bien caminos largos donde lo importante es el paisaje y la sensación de espacio.
Si vas temprano o al atardecer, es relativamente fácil ver fauna: jabalíes, ciervos o aves rapaces planeando sobre los claros. Es de esos sitios donde entiendes rápido que la densidad de población aquí es baja de verdad.
También pasan por el término antiguas vías pecuarias ligadas a la trashumancia. Durante siglos los rebaños cruzaban estas tierras camino de otras zonas de pasto, y todavía quedan tramos que se pueden recorrer andando.
Fiestas muy pegadas al campo
Las celebraciones aquí tienen mucho que ver con el calendario rural.
La romería de San Isidro suele llevar a medio pueblo al campo durante un día entero. Carretas, comida compartida y ese ambiente de jornada larga que empieza por la mañana y termina cuando cae la noche.
En verano llegan las fiestas dedicadas a la Virgen del Carmen, con varios días de ambiente en el pueblo, procesiones y verbenas nocturnas. Es el momento del año en que regresan muchos vecinos que viven fuera.
Y desde hace años también se organizan actividades relacionadas con la trashumancia. Cuando coinciden con el paso de los rebaños por las cañadas cercanas, se montan jornadas divulgativas y a veces se puede ver a los pastores atravesando el término con cientos de ovejas. No es algo que pase todos los días, claro, pero cuando ocurre impresiona bastante.
Mi consejo de amigo
Si te planteas el turismo en Cardeña, yo vendría en otoño.
No es una recomendación original, lo sé, pero aquí tiene sentido. La dehesa está verde después de las primeras lluvias, el campo huele distinto y las temperaturas permiten caminar sin acabar derretido.
Si tienes tiempo, acércate también a Azuel. Es una pedanía pequeña, pegada ya a Sierra Morena. Tiene esa sensación de lugar tranquilo donde la noche cae de verdad y el cielo se llena de estrellas.
Y otra cosa: no vengas con el plan de “verlo todo en una mañana”. Cardeña no funciona así. Esto es más de aparcar el coche, caminar un rato, sentarte un buen rato mirando la dehesa y entender por qué hay sitios donde vive tan poca gente… y aun así nadie tiene prisa por irse.
Eso sí: si vienes en verano, el repelente de mosquitos no sobra. Aquí también se sienten muy a gusto.