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sobre Pedroche
Capital histórica de la comarca con una torre parroquial renacentista que es el faro de los Pedroches y un casco antiguo que respira historia medieval
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La piedra clara de la torre de El Salvador se ve antes de entrar al pueblo. A primera hora, cuando el sol todavía está bajo, esa torre recoge la luz y la devuelve sobre los tejados blancos. El aire suele oler a campo abierto. A encina y a tierra seca, sobre todo si no ha llovido en días.
El turismo en Pedroche tiene más que ver con caminar despacio que con ir tachando lugares. Es un pueblo pequeño, en la comarca de Los Pedroches, donde las distancias se miden en minutos y el paisaje empieza prácticamente al salir de la última casa.
La torre de El Salvador y el centro del pueblo
En el centro aparece la iglesia de El Salvador, con una torre de piedra que domina el caserío. No es difícil orientarse: muchas calles terminan mirando hacia ella.
Las plazas son pequeñas y abiertas, con bancos de piedra y alguna fuente que sigue sonando incluso en las horas más tranquilas del día. Las fachadas encaladas reflejan mucho la luz del mediodía, así que en verano se agradecen las sombras estrechas que dejan las calles.
Dentro de la iglesia se conservan elementos barrocos y varias imágenes ligadas a la vida religiosa del pueblo. A lo largo del año siguen teniendo uso en celebraciones y procesiones que forman parte de la rutina local.
La subida hacia el antiguo castillo
En la parte más alta quedan restos del antiguo castillo. No son grandes murallas ni estructuras completas, pero la posición explica bien por qué se levantó allí.
La subida discurre por calles con pendiente y tramos de adoquín. Conviene llevar calzado cómodo porque algunas piedras están pulidas por el paso de los años y resbalan si han cogido humedad.
Arriba suele correr algo más de aire. Desde ese punto se abre la vista hacia las dehesas que rodean el municipio: encinas separadas entre sí, praderas amplias y caminos que se pierden en el horizonte.
Caminos de dehesa y la ermita de Piedrasantas
Al salir del núcleo urbano empieza el paisaje que define toda la comarca. La dehesa aquí no es un decorado: es terreno de trabajo, con ganado moviéndose despacio entre encinas muy separadas.
Algunos caminos permiten caminar varios kilómetros sin apenas cruzarse con coches. A primera hora o al final de la tarde es cuando más vida se percibe. Cigüeñas en los postes, milanos girando en círculos amplios y, si hay silencio, algún movimiento rápido entre los árboles.
Uno de esos caminos lleva hacia la ermita de Nuestra Señora de Piedrasantas. El recorrido alterna tramos de tierra con zonas ganaderas. No tiene grandes desniveles, pero conviene llevar agua cuando aprieta el calor.
La ermita aparece en medio del campo, rodeada de encinas viejas. Es un lugar muy ligado a la tradición del pueblo y a la romería que se celebra algunos años en primavera.
Comida de campo y cocina de casa
La cocina local está muy ligada al cerdo ibérico que se cría en estas dehesas. De ahí salen jamones y embutidos curados con tiempo y aire seco de la sierra.
En muchas casas siguen preparándose platos contundentes: migas, guisos con carne de caza cuando la temporada lo permite, sopas calientes en invierno. Son recetas pensadas para jornadas largas de campo.
Cuándo ir y qué ambiente esperar
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. El campo cambia de color y las temperaturas permiten pasar horas fuera sin demasiado calor.
En invierno las heladas son habituales al amanecer. El paisaje amanece blanco algunos días y el aire corta más de lo que parece.
El calendario del pueblo tiene varias celebraciones ligadas a la iglesia y al campo. Las fiestas patronales suelen celebrarse en verano y reúnen a muchos vecinos que viven fuera y regresan esos días. La romería de Piedrasantas también forma parte de esas citas que movilizan al pueblo entero.
Si se busca tranquilidad, es mejor evitar los fines de semana de agosto.
Cómo llegar a Pedroche
Pedroche está en el norte de la provincia de Córdoba, dentro de la comarca de Los Pedroches. Desde la capital cordobesa el trayecto suele hacerse por la A‑4 hasta la zona de Montoro y después por carreteras que cruzan la dehesa hacia Villanueva de Córdoba.
El último tramo ya muestra el paisaje típico de la comarca: encinas dispersas, cercas ganaderas y rectas largas donde el cielo ocupa casi todo. Aparcar en el centro no suele ser complicado, aunque las calles más antiguas son estrechas y conviene entrar con calma.