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sobre Villamanrique de la Condesa
Pueblo clave en el camino del Rocío y puerta de Doñana con un palacio real histórico
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En el corazón de las marismas del Guadalquivir, donde los campos de arroz se extienden hasta el horizonte y las cigüeñas marcan el ritmo de las estaciones, se encuentra Villamanrique de la Condesa. Este tranquilo municipio sevillano de 4.640 habitantes emerge como un oasis de calma a tan solo 33 metros sobre el nivel del mar, ofreciendo una experiencia auténtica del paisaje marismeño andaluz.
Rodeado por un mosaico de cultivos tradicionales y humedales, Villamanrique conserva el encanto de los pueblos que han sabido adaptarse al caprichoso ritmo de las marismas. Sus calles blancas y su arquitectura popular contrastan con la inmensidad del paisaje circundante, donde el cielo parece tocar la tierra en un horizonte infinito. Aquí, el tiempo transcurre al compás de las labores agrícolas y el ciclo natural del agua, creando una atmósfera de serenidad que invita a desconectar del bullicio urbano.
La localidad se presenta como una puerta de entrada privilegiada para descubrir uno de los ecosistemas más singulares de Andalucía, donde la tradición arrocera convive con una biodiversidad excepcional y un patrimonio cultural forjado por siglos de convivencia entre el hombre y las marismas.
Qué ver en Villamanrique de la Condesa
El centro histórico de Villamanrique conserva el trazado típico de los pueblos de la campiña sevillana, con sus casas encaladas y patios floridos. La Iglesia Parroquial de San Julián, del siglo XVIII, constituye el principal exponente del patrimonio religioso local, destacando por su sencilla pero elegante arquitectura barroca andaluza.
El verdadero tesoro de Villamanrique se encuentra en su entorno natural. Las marismas del Guadalquivir configuran un paisaje único donde los arrozales se transforman según las estaciones, creando un caleidoscopio de colores que van desde los verdes intensos de primavera hasta los dorados del otoño. Durante los meses de inundación, estas tierras se convierten en espejos de agua que reflejan el cielo, mientras que en época seca revelan un tapiz de texturas y tonalidades que cambia con la luz del día.
La Casa de las Marismas, centro de interpretación ubicado en el municipio, ofrece una excelente introducción a la historia, la fauna y la flora de este ecosistema singular. Aquí se puede comprender la importancia del cultivo del arroz y su profunda relación con el paisaje marismeño.
Los observatorios de aves distribuidos por el término municipal permiten contemplar una avifauna excepcional. Garcetas, garzas, flamencos y cigüeñas forman parte del espectáculo natural que se renueva cada temporada, especialmente durante las migraciones de primavera y otoño.
Qué hacer
Las rutas en bicicleta por los caminos rurales que bordean los arrozales constituyen una de las mejores formas de conocer el territorio. Estos senderos, generalmente llanos y aptos para toda la familia, permiten adentrarse en el corazón de las marismas mientras se observa la fauna local en su hábitat natural.
El senderismo encuentra aquí rutas de dificultad baja pero gran valor paisajístico. El Sendero de las Marismas conecta diferentes puntos de interés natural y ofrece paneles interpretativos sobre la flora y fauna autóctona. Durante el recorrido es posible observar el trabajo tradicional en los arrozales y comprender los ciclos productivos que han modelado este paisaje durante siglos.
La gastronomía local merece una atención especial, con el arroz como protagonista absoluto. Los establecimientos del municipio ofrecen desde el tradicional arroz con pollo de las marismas hasta elaboraciones más contemporáneas que mantienen el sabor auténtico del producto local. La proximidad al Guadalquivir aporta también pescados de estero y mariscos que enriquecen la oferta culinaria.
Las visitas a los arrozales durante la época de siembra o cosecha permiten conocer de primera mano este cultivo milenario. Muchos agricultores locales organizan actividades divulgativas que explican las técnicas tradicionales y la importancia ecológica de estos cultivos.
Fiestas y tradiciones
La Feria de Agosto constituye el momento álgido del calendario festivo local, cuando el pueblo se viste de gala para celebrar con casetas, música y bailes tradicionales. Durante estos días, las calles se llenan de color y las especialidades gastronómicas locales protagonizan las mesas.
Las fiestas en honor a San Julián, patrón del municipio, se celebran a finales de enero con procesiones y actos religiosos que mantienen viva la tradición popular. Es un momento especial para conocer las costumbres más arraigadas de la comunidad.
En primavera, coincidiendo con los trabajos agrícolas, se organizan jornadas gastronómicas dedicadas al arroz, donde se puede degustar diferentes variedades y preparaciones tradicionales mientras se disfruta del despertar de las marismas.
Información práctica
Villamanrique de la Condesa se encuentra a 65 kilómetros de Sevilla capital, siguiendo la A-4 hasta la salida 42 y después la A-8058. El trayecto en coche dura aproximadamente una hora y ofrece vistas panorámicas de la campiña sevillana.
una de las mejores época para visitar el municipio es primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves y la actividad en los arrozales permite observar los ciclos naturales. El invierno, aunque más fresco, ofrece la ventaja de contemplar las marismas inundadas en todo su esplendor.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por terrenos húmedos, protección solar y prismáticos para la observación de aves. El municipio cuenta con servicios básicos y varios establecimientos donde degustar la gastronomía local.