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sobre Huércal de Almería
Municipio residencial e industrial pegado a la capital; conserva zonas de huerta tradicional y cortijos
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En Huércal de Almería lo primero es resolver el coche. El centro tiene calles estrechas y plazas que se llenan rápido. Si llegas a media mañana, mejor dejarlo en alguna avenida amplia y entrar andando. Desde ahí todo queda cerca y en veinte minutos has cruzado el casco viejo.
No es un destino de postal. Huércal vive pegado a la capital y funciona más como ciudad dormitorio y zona industrial que como pueblo de visita larga. Aun así, tiene algo de historia y bastante vida diaria.
Llegar y moverse por el centro
Desde Almería son unos minutos por la autovía. Mucha gente entra y sale cada día por trabajo, así que a primera hora y al final de la tarde hay tráfico.
La zona antigua se recorre rápido. Calles cortas, casas bajas, algunos bloques de los años setenta mezclados con viviendas más nuevas. Nada monumental. Lo más práctico es caminar sin rumbo fijo hasta la plaza de la iglesia y desde ahí curiosear un poco.
Un arrabal que acabó siendo municipio
Durante siglos esto fue el arrabal de Almería. Así aparece en documentos antiguos y también en el Catastro de Ensenada del siglo XVIII. La separación administrativa llegó a finales del XIX, cuando dejó de depender de la capital.
La iglesia de Santa María sigue siendo la referencia visual del pueblo. Es un edificio sencillo, levantado en el siglo XVI y convertido en parroquia tiempo después. Paredes encaladas, campanario visible desde la autovía y una plaza delante donde suele haber vecinos sentados al sol o jugando a las cartas.
Del campo a los polígonos
Huércal cambió mucho a partir de la segunda mitad del siglo XX. El campo perdió peso y llegaron talleres, almacenes y polígonos industriales. Hoy buena parte de la actividad va por ahí.
La carretera entre Almería y Huércal deja ver bien el contraste. En los alrededores aparecen invernaderos y naves. Cuando entras al casco urbano, el paisaje pasa a bloques de vivienda, adosados y calles que crecieron rápido en los años de expansión.
El resultado es un municipio con bastante población para lo que suele salir en guías.
Lo que se come y lo que pasa en las calles
En muchas casas siguen cayendo migas los domingos. Pan del día anterior, ajos, algo de embutido y sartén grande. Es comida de invierno y de cuadrilla.
También aparecen dulces de los de antes: borrachillos, papaviejos, soplillos. Recetas que nacieron para aprovechar pan duro o claras de huevo.
En cuanto a fiestas, el calendario es el típico de muchos pueblos de la zona. San José Obrero suele celebrarse alrededor del primero de mayo y en verano llega la procesión del Carmen con verbena por la noche. La Noche de San Juan también se mantiene, normalmente con hogueras en descampados o zonas abiertas.
Hay una costumbre curiosa en Semana Santa que aquí llaman la Noche de los Ramos. Los chavales recogen ramos de romero y los ofrecen a las chicas. Si lo aceptan, bien. Si no, a seguir buscando.
Huércal de Almería no necesita más explicación. Si estás por la capital y quieres ver cómo funciona un pueblo pegado a la ciudad, acércate un rato. Aparca fuera del centro, da una vuelta por la plaza y escucha cómo habla la gente. Con eso basta.