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sobre La Guardia de Jaén
Antigua ciudad fortificada cercana a Jaén con un castillo estratégico y convento dominico
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Aparca cerca de la plaza y sube. Siempre se sube en La Guardia de Jaén. El casco viejo está a unos 645 metros y el castillo bastante más arriba. Desde donde dejes el coche calcula diez minutos a buen paso. En verano busca las calles con sombra: son estrechas y el sol pega fuerte.
Lo que queda de Mentesa Bastia
El castillo es lo único que realmente justifica el desvío. No esperes una fortaleza completa: quedan un par de torres y tramos de muralla. Aun así, la subida compensa por la vista. A un lado se abre el valle del Guadalbullón lleno de olivos. Al otro aparece Sierra Mágina, que algunos inviernos guarda nieve hasta bien entrada la primavera.
La torre del homenaje suele datarse en época andalusí y luego tuvo reformas cuando el lugar ya había perdido valor militar. Hoy se puede visitar en ciertos horarios; conviene comprobarlos antes porque cambian según la temporada.
Abajo, el antiguo convento de Santo Domingo hace ahora de ayuntamiento. Del conjunto queda el claustro renacentista y poco más. La iglesia de la Asunción es del siglo XVI. El retablo mayor intenta ser monumental, aunque inevitablemente se queda pequeño si vienes de ver la catedral de Jaén. El resto del pueblo son casas blancas, alguna fachada con escudo y calles que acaban casi siempre en cuesta.
Cómo rellenar el estómago
En los bares del pueblo suelen poner guiñapos. Son tortas de harina con bacalao y almejas. Contundentes y baratos. Con uno puedes tirar media mañana.
También aparecen migas con granada cuando es temporada. Y en meses fríos, guisos de patatas con bastante ajo. No es cocina de carta larga: es comida de trabajo que con el tiempo se ha quedado como plato típico. Mejor pedir media ración si no vienes con hambre.
En la plaza hay una fuente donde llenar la botella. La histórica de María Magdalena está hoy en Jaén capital, en la Diputación, así que lo que ves aquí es una réplica. El agua sale fresca.
Cuando la gente se junta
En agosto el pueblo cambia. Mucha gente de Jaén capital sube esos días y el centro se llena, sobre todo alrededor de las fiestas patronales y la procesión de la Virgen. Aparcar se complica.
Por primavera suele celebrarse la romería de San Marcos en el campo, con ambiente más relajado. Y en invierno, alrededor de San Sebastián, hay feria con puestos de dulces caseros.
La Semana Santa sigue el patrón de muchos pueblos de la provincia: procesiones, bandas y calles llenas en cuanto cae la tarde. Durante esos días moverse en coche por el centro es complicado.
Rutas para quemar la comida
Hay varias rutas señalizadas alrededor del pueblo. La del Castillo es la más corta: en menos de una hora vas y vuelves caminando desde el casco urbano.
Las demás empiezan algo más lejos y conviene acercarse en coche. La de las Fuentes pasa entre olivares y antiguos pozos. La de las Eras menciona restos romanos, aunque lo que queda son piedras sueltas y poco más. La llamada ruta del Renacimiento enlaza iglesias y edificios históricos del pueblo; si te paras a leer paneles puedes echar un par de horas.
Lleva agua. En verano casi no hay sombra y el termómetro supera fácil los 35. En invierno el viento que baja de la Loma corta bastante. Primavera suele ser el momento más llevadero.
Consejo de guardeño
Si vienes por la mañana, combínalo con Jaén capital. Desayunas aquí, subes al castillo y en pocos minutos de coche estás otra vez en la ciudad.
Si llegas por la tarde, calcula lo mismo: la conexión por carretera es rápida. Para dormir hay poco donde elegir, así que mucha gente se queda en Jaén y sube solo a pasar unas horas.
Trae calzado cómodo. El suelo es de piedra y las aceras, cuando existen, no siempre están en buen estado. Y no busques tiendas de recuerdos. Aquí hay lo que suele haber en un pueblo: panadería, farmacia y bares. Nada más.