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sobre Mengíbar
Nudo de comunicaciones histórico; alberga el yacimiento íbero de Iliturgi
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El Guadalquivir pasa por Mengíbar antes de abrirse hacia la campiña. El río ensancha aquí su curso y deja una vega fértil rodeada de olivares. En uno de los cerros cercanos estuvo Iliturgi, una ciudad ibérica que acabó destruida durante la Segunda Guerra Púnica, cuando las tropas de Escipión el Africano arrasaron el asentamiento en el 206 a. C. Los restos siguen apareciendo de forma esporádica en los campos de alrededor cuando se trabaja la tierra.
La torre que ha marcado el perfil del casco antiguo
La Torre del Homenaje es el fragmento más visible del antiguo castillo islámico. Mide unos 25 metros y su base ronda los 14. Con esas proporciones domina todavía el caserío.
Dentro se conservan grandes tinajas romanas encastradas en el suelo. Servían para almacenar agua y grano durante los asedios. La fortaleza pasó a manos cristianas en el siglo XIII, durante el avance castellano por el valle del Guadalquivir. A partir de entonces tuvo distintos usos: vigilancia, prisión y, en tiempos recientes, espacio visitable desde el que se observa la vega.
Los escalones de piedra del interior están muy gastados. Subir hasta arriba ayuda a entender la posición estratégica del lugar: el paso del río y el camino natural entre la campiña y Sierra Morena.
San Pedro y el paso del cortejo de Isabel I
La iglesia de San Pedro Apóstol ocupa uno de los puntos más antiguos del núcleo urbano. La construcción comenzó a finales del siglo XV y se prolongó durante el XVI, con reformas posteriores.
En 1504 el cortejo fúnebre de Isabel I de Castilla pasó por Mengíbar camino de Granada. El féretro cruzó el Guadalquivir en la barca del lugar y permaneció una noche en esta iglesia antes de continuar viaje. El episodio aparece citado en varias crónicas del traslado.
El edificio responde al lenguaje renacentista que se extendió por la provincia en esa época. En la cúpula del presbiterio se ven los escudos de los Ponce de León. La influencia del entorno de Andrés de Vandelvira se percibe en algunos detalles de la traza y en la forma de trabajar la piedra.
La casa palacio y la huella del Santo Oficio
En la plaza Mayor se conserva una gran casa palacio vinculada a los Ponce de León y a la familia De la Chica. El edificio ocupa una manzana completa y su origen se sitúa en el siglo XVI. La fachada de sillería, de tono rosado, refleja el peso que tuvo la localidad en la ruta entre Castilla y Andalucía.
Junto al palacio aparece una construcción asociada a la antigua presencia de la Inquisición. En la fachada se mantiene el escudo del Santo Oficio. Documentos del siglo XVIII mencionan aquí a un familiar del tribunal cordobés, Juan Rubio Galera.
En el interior del conjunto aún se reconocen elementos de distintas épocas: patios con columnas toscanas, artesonados de tradición mudéjar y restos de unos baños de origen andalusí en la parte baja del edificio.
El olivar alrededor del pueblo
El paisaje de Mengíbar está marcado por el olivar. La vega del Guadalquivir permite explotaciones agrícolas intensivas desde hace siglos, y el aceite sigue siendo el eje económico del municipio.
En las afueras hay un centro dedicado a explicar la cultura del aceite y su evolución técnica. Allí se muestran desde antiguos sistemas de molienda hasta maquinaria contemporánea. Durante la campaña de recogida, entre otoño e invierno, la actividad de las cooperativas organiza buena parte del ritmo del pueblo.
La cocina local también gira en torno a ese producto. En muchas casas se siguen preparando platos como los andrajos, un guiso contundente ligado a la caza menor y al trabajo del campo.
Cómo orientarse al llegar
Mengíbar se encuentra muy cerca de la ciudad de Jaén y queda junto al eje de la A‑4. El acceso principal conduce directamente hacia la zona más nueva del municipio.
El casco antiguo es pequeño y se recorre andando sin dificultad. La Torre del Homenaje, la iglesia de San Pedro y la plaza Mayor quedan a poca distancia entre sí. Para entender mejor el pasado de Iliturgi conviene acercarse también al centro de interpretación dedicado al yacimiento.
Si se sube al Cerro Albariza, en las afueras, se obtiene una buena lectura del territorio: el curso del Guadalquivir, la vega cultivada y el mar de olivos que cubre la campiña de esta parte de Jaén. Desde ahí se entiende por qué este lugar tuvo importancia desde la Antigüedad.