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sobre Torredelcampo
Municipio dinámico cercano a Jaén; gran productor de aceite y con patrimonio forestal
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Torredelcampo aparece al oeste de la capital jiennense, en plena campiña de olivar que rodea la ciudad. Desde la carretera, el término municipal se reconoce enseguida por esa continuidad casi absoluta de olivares que caracteriza a buena parte de la comarca Metropolitana de Jaén. El pueblo queda a pocos kilómetros de la capital, pero mantiene una vida bastante propia, muy vinculada al campo y a la producción de aceite.
A primera hora de la mañana, cuando el calor todavía no aprieta, el paisaje alrededor del casco urbano tiene ese tono plateado de las hojas del olivo agitadas por el viento. Es una imagen habitual aquí: camiones que entran y salen de cooperativas, gente que vuelve del tajo y panaderías abiertas desde muy temprano.
La torre que dio nombre al lugar
El propio nombre de Torredelcampo apunta a un origen defensivo. Durante la Edad Media debió de existir aquí una torre o pequeña fortificación vinculada al sistema de control del territorio alrededor de Jaén, una zona que durante siglos funcionó como frontera entre los reinos cristianos y el territorio nazarí de Granada.
La documentación medieval menciona el lugar tras la conquista castellana de Jaén en el siglo XIII. Como ocurrió con muchas aldeas del entorno, el asentamiento quedó ligado a órdenes militares y a estructuras de control del territorio que organizaban la repoblación y la defensa.
Con el tiempo, aquel núcleo rural fue creciendo alrededor de la parroquia y de algunas calles que todavía hoy conservan un trazado irregular, más propio de un pueblo que se fue formando poco a poco que de una fundación planificada.
La iglesia de San Bartolomé
La iglesia parroquial ocupa el centro del casco antiguo. El edificio actual se levantó entre los siglos XVI y XVII y responde al tipo de iglesia renacentista bastante extendido por la campiña jiennense tras la conquista cristiana.
Las obras se prolongaron durante décadas y en ellas participaron distintos maestros de obra vinculados a talleres que trabajaban también en Jaén y en otras localidades cercanas. Esa duración explica que el edificio combine una base claramente renacentista con elementos posteriores que ya apuntan hacia el barroco.
En el interior se conservan varias imágenes de devoción muy arraigada en el pueblo. Entre ellas, el Cristo de la Vera Cruz, al que la tradición local atribuye varios siglos de presencia en la parroquia. La autoría de la talla no está del todo clara; suele relacionarse con escultores del entorno andaluz vinculados al círculo de Martínez Montañés, aunque no siempre hay documentos que lo confirmen.
Durante la Semana Santa la imagen recorre las calles del centro acompañada por buena parte del pueblo, incluidas muchas personas que viven fuera y vuelven esos días.
La Vía Verde del Aceite y el paisaje de olivar
El término municipal está ocupado casi por completo por olivar. Puede parecer un paisaje uniforme, pero al recorrerlo se perciben pequeñas variaciones: vaguadas con vegetación más densa, antiguas huertas cerca de arroyos y caminos agrícolas que conectan fincas dispersas.
Uno de los recorridos más claros para entender ese paisaje es la Vía Verde del Aceite. Este itinerario sigue el antiguo trazado ferroviario que en su día conectaba zonas mineras y agrícolas de la provincia. Hoy se utiliza como camino para caminar o pedalear y atraviesa las cercanías de Torredelcampo entre campos de olivos.
El trazado es bastante suave, propio de una línea de tren, así que se puede recorrer sin grandes dificultades. A lo largo del camino aparecen antiguos elementos ferroviarios reutilizados y algunos puntos donde parar un rato a la sombra. En primavera el olivar está en plena floración y el campo huele a tomillo y a hierbas silvestres.
Dulces que siguen circulando por las cocinas del pueblo
En muchas casas de Torredelcampo siguen preparándose dulces tradicionales ligados a las fiestas del calendario. Los pestiños son uno de los más habituales: masa frita con aceite de oliva, aromatizada con anís y cubierta con miel.
Son dulces que aparecen sobre todo en Semana Santa y en otras celebraciones locales, aunque en algunas panaderías y obradores del pueblo también se elaboran durante el resto del año. La receta es sencilla y bastante extendida por Andalucía, pero cada familia suele defender su manera de hacerlos.
Junto a ellos es común encontrar rosquillos de anís o dulces de masa hojaldrada que llegaron más tarde, cuando la repostería local empezó a incorporar ingredientes y técnicas que circulaban por los caminos comerciales de la región.
Cómo orientarse en la visita
Torredelcampo está a pocos kilómetros de Jaén y se llega en pocos minutos por carretera. También hay conexiones regulares de autobús con la capital.
El centro se recorre andando sin problema. La iglesia parroquial, el ayuntamiento y varias calles del casco antiguo concentran la mayor parte de los edificios históricos.
Más que un lugar de grandes monumentos, Torredelcampo se entiende mejor mirando alrededor: el paisaje de olivar, las cooperativas, los caminos agrícolas y la vida cotidiana ligada al aceite.
Si se quiere llevar algo del pueblo, lo más habitual es el aceite de oliva virgen extra de la zona, normalmente de variedad picual. En tiendas y mercados locales suele encontrarse aceite de cosecha reciente procedente de fincas cercanas, con ese punto de amargor y picante que caracteriza a esta variedad.