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sobre Aljaraque
Municipio residencial próximo a la capital rodeado de parajes naturales de marismas y pinares; combina el crecimiento moderno con tradiciones arraigadas y espacios verdes como Corrales
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El pueblo que se hizo rico con fresas y marisco
Aljaraque es como ese primo tuyo que un día aparece con coche nuevo y de repente en la familia todo el mundo quiere saber a qué se dedica. En los últimos años suele salir en las estadísticas como uno de los municipios con mayor renta media de la provincia de Huelva. Y cuando miras alrededor entiendes por qué: fresas por todas partes y unas marismas que llevan décadas sacando marisco.
Pero vamos por partes. Estás a unos 8 kilómetros de Huelva capital, lo que en la práctica significa que en poco rato te plantas allí a comer un choco con papas o a tirar hacia la costa. Y eso explica bastante bien qué papel juega Aljaraque: más que destino turístico clásico, funciona como base tranquila entre la ciudad, las marismas y las playas de la zona.
De neolíticos y fenicios (y de cómo siempre hubo negocio aquí)
En Papa Uvas hay restos de un asentamiento neolítico con miles de años a la espalda. Cuando te lo cuentan, piensas que alguien ya vio entonces lo mismo que se ve hoy: un sitio bien colocado entre río, marismas y tierras fértiles.
Después llegaron los fenicios con sus factorías de salazón, que básicamente eran la industria conservera de la antigüedad. Los griegos llamaban a la zona Kalathousa —dicen que por la forma del terreno, algo así como una cesta—. No sé si el nombre prosperó mucho, pero lo del negocio con el mar sí.
Más tarde, en época medieval, el lugar fue ganando entidad propia y terminó reconocido como villa por Alfonso X. La iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, que hoy marca el centro del pueblo, tuvo que rehacerse tras el terremoto de Lisboa del siglo XVIII.
Eso sí, conviene ajustar expectativas: Aljaraque no tiene un casco histórico de los que sales fotografiando cada esquina. Aquí la historia aparece más bien en detalles sueltos, en antiguas casas de labranza que han ido cambiando de forma con los años o en barrios que crecieron rápido cuando la zona empezó a prosperar.
Las marismas del Odiel, a diez minutos
Si preguntas a alguien del pueblo qué merece la pena ver, casi siempre te mandarán fuera del casco urbano. Coges el coche y en pocos minutos estás entrando en el entorno de las Marismas del Odiel.
El cambio de paisaje es inmediato. Pasas de calles tranquilas a una llanura de agua, sal y canales donde el olor a salmuera se te queda pegado a la ropa. Aquí conviven salinas, cultivos y aves que parecen sacadas de un documental.
Hay senderos y caminos desde los que se ven flamencos, garzas y bastante movimiento de aves según la época. Y al mismo tiempo, no es raro cruzarte con tractores o gente trabajando en las explotaciones cercanas. Ese contraste —naturaleza y actividad diaria mezcladas— forma parte del carácter del lugar.
Además, estas marismas llevan siglos ligadas al marisco y al pescado de la ría. Langostinos, coquinas, chirlas, gamba… productos que luego aparecen en muchas cocinas de la provincia.
Romería, feria y dulces de los que pesan
El calendario del pueblo gira bastante alrededor de sus fiestas. La romería de Nuestra Señora de los Remedios es una de las citas más sentidas, con carretas, caballos y mucha gente acompañando a la imagen por los caminos de la zona.
La feria suele celebrarse también en torno a esas fechas de finales de verano o principios de otoño, y durante unos días el ambiente cambia por completo: música, casetas y bastante movimiento en las calles.
Luego están los dulces tradicionales, que aparecen sobre todo en Semana Santa. Los bollos fritos cubiertos de azúcar son de esos que parecen inocentes hasta que llevas dos o tres. A mí me pasó una vez en la feria: terminé dando un paseo largo antes de coger el coche porque aquello pesaba más de lo que parecía.
Mi consejo: úsalo como base para moverte por la zona
Aljaraque no es un sitio al que vengas con una lista de monumentos. Es más bien ese lugar donde paras, comes bien y desde el que te mueves a otros puntos cercanos.
Un plan bastante lógico: llegar a mediodía, probar marisco de la ría o algún guiso con choco, dar una vuelta por los caminos de las marismas y luego decidir si sigues hacia Huelva, Punta Umbría o cualquiera de las playas cercanas.
Si tienes tiempo, merece la pena conducir por las carreteras secundarias entre fincas agrícolas. En temporada ves a los trabajadores con cajas de fresas recién recogidas y el aire huele a fruta y tierra húmeda. Es un paisaje muy de esta parte de Huelva, menos conocido que la costa pero igual de representativo.
Al final, Aljaraque se parece a un buen guiso casero. No entra por los ojos como otros sitios más famosos, pero cuando te sientas a la mesa entiendes por qué la gente vive bien aquí. Producto cercano, marismas al lado y la sensación de que todo funciona a un ritmo bastante más tranquilo que en la capital.