Artículo completo
sobre Archidona
Ciudad monumental con una plaza ochavada única en Andalucía y un santuario en altura con vistas impresionantes de la vega
Ocultar artículo Leer artículo completo
El turismo en Archidona suele empezar en la mesa. En muchos bares la porra se sirve extendida, casi aplastada, más cerca de una pasta espesa que de la sopa fría que en otros lugares se come con cuchara. Pan asentado, tomate, aceite de oliva y poco más: una receta nacida de aprovechar lo que había. No es una cocina pensada para impresionar, sino para sostener la vida diaria, y eso sigue notándose.
El castillo que miraba al sur
Archidona ocupa un cerro que ronda los 800 metros de altura, una posición fácil de defender y con control visual sobre los pasos naturales entre el interior de Málaga y la costa. Esa situación explica que ya en época andalusí hubiera aquí una fortaleza importante. De la alcazaba quedan hoy algunos tramos de muralla y torres dispersas, suficientes para entender la escala que debió de tener.
Durante los siglos del reino nazarí de Granada, el lugar formaba parte de la red defensiva que protegía la frontera norte. Tras la conquista castellana a mediados del siglo XV, el castillo perdió su función militar principal y el núcleo urbano fue reorganizándose ladera abajo.
Desde la parte alta se entiende bien el paisaje que rodea Archidona: colinas de olivar, campos abiertos y, cuando el tiempo lo permite, las sierras que cierran el horizonte hacia el oeste.
Una plaza que no es plaza
Si hay un espacio que define el urbanismo del pueblo es la Plaza Ochavada. No responde al modelo habitual de plaza mayor rectangular: aquí todo gira en torno a un diseño de ocho lados, con fachadas bastante homogéneas y soportales de arcos de medio punto.
Se levantó en el siglo XVIII, cuando el crecimiento del casco urbano bajó definitivamente desde la antigua Villa Alta hacia la zona llana. Más que mercado, el espacio funcionó como lugar de encuentro cívico y escenario de celebraciones públicas. Su forma geométrica tan marcada la convirtió con el tiempo en una rareza dentro del urbanismo andaluz de la época.
Hoy sigue siendo el punto donde convergen muchas de las calles principales del centro histórico.
La peña en el paisaje
A pocos kilómetros aparece uno de los perfiles más conocidos del norte de la provincia: la Peña de los Enamorados. Vista desde la distancia, su silueta recuerda a un rostro tumbado mirando al cielo, algo que ya mencionaban viajeros del siglo XIX.
La tradición local cuenta una historia de amor entre un cautivo cristiano y la hija de un alcaide musulmán que termina con ambos arrojándose desde la peña antes que separarse. Como ocurre con muchas leyendas fronterizas, el relato mezcla memoria histórica y literatura popular.
Más allá del relato, la peña funciona como referencia visual constante en el paisaje. Su pared casi vertical domina la llanura que se abre hacia Antequera.
Procesiones y perros
Las cofradías de Semana Santa aparecen documentadas en Archidona desde época moderna, y algunas imágenes que procesionan hoy tienen varios siglos de antigüedad. Durante esos días el centro histórico recupera recorridos que apenas cambian con el tiempo.
Otra cita conocida en el calendario local es la Feria del Perro, que se celebra desde finales del siglo XX. La idea es reunir a aficionados y criadores con sus animales en un ambiente más de encuentro que de competición. Podencos, mastines, galgos y muchas mezclas circulan por la plaza y las calles cercanas mientras sus dueños intercambian experiencias.
Cómo orientarse al llegar
Archidona se sitúa en el noreste de la provincia de Málaga, cerca del límite con Granada y Córdoba, y queda relativamente próxima a la autovía que conecta Málaga con el interior.
El recorrido más claro dentro del pueblo suele empezar en la parte alta, donde se encuentran los restos del recinto fortificado y el santuario de la Virgen de Gracia —instalado en un edificio de origen muy antiguo que la tradición relaciona con una mezquita medieval—. Desde ahí se baja caminando hacia la Villa Baja hasta llegar a la Plaza Ochavada.
Con un paseo tranquilo se recorre el núcleo histórico en poco tiempo. Si apetece alargar la jornada, en los alrededores hay zonas húmedas protegidas y senderos sencillos entre olivares que ayudan a entender el paisaje agrícola que ha marcado la comarca durante siglos.