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sobre Villanueva de Algaidas
Municipio rodeado de olivares con interesantes restos rupestres y el convento de Nuestra Señora de la Consolación
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El olivar se interrumpe de pronto. Después de kilómetros de lomas cubiertas de olivos, aparece un monte bajo de encinas y quejigos que oculta un lugar poco habitual en la comarca: unas covachas excavadas en la roca donde comunidades cristianas de época andalusí rezaban hace alrededor de mil años. En el contexto del turismo en Villanueva de Algaidas, esa iglesia rupestre dice bastante más del pueblo que cualquier eslogan.
Del bosque al olivar
El nombre lo explica bastante bien: Algaidas procede del árabe al‑gaida, algo así como bosque espeso. Antes de que el olivar ocupara casi todo el suelo cultivable, estos montes de la campiña norte de Málaga eran zonas de dehesa y monte mediterráneo.
La transformación llegó en buena parte con la organización agraria de la Edad Moderna. En 1566 el primer duque de Osuna promovió aquí el convento de Nuestra Señora de la Consolación, y los franciscanos que lo habitaron gestionaron tierras, roturaciones y cultivos. Con ellos se consolidó el olivar y una red de caminos y pequeñas infraestructuras agrícolas que acabaron definiendo el paisaje actual.
El antiguo convento aún se reconoce en el conjunto de edificaciones que formaban su entorno. La iglesia conserva una portada renacentista sobria, bien proporcionada. A su alrededor se organizó uno de los primeros núcleos de población estable. Por esta zona pasaban rutas interiores entre la campiña de Antequera y el valle del Genil, y tradicionalmente también se ha relacionado el paso de peregrinos que seguían el Camino Mozárabe hacia el norte.
Tres barrios y un pueblo
Villanueva de Algaidas no creció como un núcleo compacto, sino a partir de varios asentamientos cercanos. La Rincona, vinculada al convento, suele considerarse el origen. Más tarde se consolidaron los barrios de La Zamarra y La Atalaya, cada uno con su pequeña estructura propia.
El municipio se independizó administrativamente de Archidona en el siglo XIX, pero la división histórica sigue muy presente en la forma de hablar de los vecinos: todavía es habitual oír que alguien “sube a La Atalaya” o “baja a La Rincona”.
Esa dispersión explica la fisonomía del pueblo. No hay una gran plaza central que organice todo. Villanueva se entiende caminando: calles relativamente anchas, casas bajas, muchos corrales todavía activos. Es un pueblo agrícola donde el coche suele quedarse en la puerta de casa y la vida cotidiana sigue bastante ligada al campo.
La roca y el tiempo
La Iglesia Rupestre es probablemente el elemento más singular del patrimonio local. Está excavada en una arenisca relativamente blanda y suele situarse entre los siglos IX y X. El espacio es sencillo: una nave rectangular, un pequeño presbiterio y varias aberturas que dejan entrar la luz desde el exterior.
No es un monumento monumental en tamaño, pero sí tiene fuerza histórica. Habla de las comunidades cristianas que vivían en territorio andalusí y que mantenían sus propios lugares de culto en zonas discretas del paisaje.
En el cerro de Los Alcaides, relativamente cerca del núcleo urbano, se documentaron además restos prehistóricos, entre ellos tumbas excavadas en la roca que se asocian al Calcolítico. Desde esa altura se entiende bien el territorio: olivar casi continuo, algunas manchas de monte y, al fondo, las sierras que marcan el límite entre Málaga y Córdoba.
Cuando llega la procesión
El calendario festivo sigue muy ligado al ciclo agrícola. A finales de abril se celebra San Marcos, jornada asociada tradicionalmente a comidas colectivas en el campo donde no suele faltar el relleno, un plato contundente hecho con pan desmigado y carne de cerdo.
En mayo tiene lugar la romería de San Isidro, patrón de los agricultores. Las carretas y animales engalanados acompañan la jornada festiva en torno al arroyo y las zonas de campo cercanas.
En septiembre las celebraciones giran en torno a la Virgen del Socorro. La procesión recorre distintos barrios del municipio, algo que refleja bien esa estructura histórica en varios núcleos.
La cocina local mantiene recetas muy vinculadas al aprovechamiento: platos hechos con pan asentado, manteca o productos del campo. En invierno es habitual encontrar porra crúa espesa en desayunos y comidas tempranas antes de ir al tajo.
El escultor que nunca olvidó
En el entorno del antiguo convento funciona un pequeño museo municipal dedicado al escultor Miguel Ortiz Berrocal. Nació en 1933 en Villanueva de Algaidas y desarrolló una carrera internacional bastante singular.
Su obra se basa en esculturas desmontables, muchas veces torsos humanos que se separan en múltiples piezas de bronce. Aunque trabajó durante años entre ciudades europeas, mantuvo una relación constante con su pueblo natal. El museo permite ver varias de esas piezas en un espacio tranquilo, sin grandes montajes.
Cómo llegar y qué buscar
Villanueva de Algaidas se encuentra en la comarca Nororma, al norte de la provincia de Málaga, en un paisaje dominado por el olivar. Se accede por carreteras comarcales que conectan con la red principal de la zona, normalmente a través de Antequera o Archidona.
El casco urbano puede recorrerse con calma en una mañana. Conviene acercarse también a los alrededores: la iglesia rupestre queda a poca distancia del pueblo y el paisaje de encinas y olivos ayuda a entender bien cómo se formó este territorio.
Más que buscar grandes monumentos, aquí interesa fijarse en los detalles: las casas agrícolas, los restos del convento, los caminos entre olivares. Es un lugar donde la historia aparece mezclada con la vida diaria, sin demasiada puesta en escena.