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sobre Villanueva del Rosario
Situado a los pies de la sierra de los Camarolos es un destino excelente para la escalada y el senderismo de montaña
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Hablar de turismo en Villanueva del Rosario exige empezar por la sierra. El pueblo está a unos 700 metros de altitud, en el borde norte de la provincia de Málaga, donde la comarca de Nororma empieza a levantar terreno hacia las sierras Subbéticas. A primera hora de la mañana, antes de que el sol entre en el valle, lo que más se oye es el agua. El Chorro —el manantial que abastece al municipio— baja desde la Sierra de Camarolos entre canchales de caliza. Villanueva del Rosario suele despertar así: con el sonido del agua y el humo de los primeros braseros en invierno.
Del Peñón de Solís a la Puebla de Saucedo
El territorio lleva mucho tiempo habitado, aunque el núcleo actual es relativamente reciente. Durante el siglo XVIII la Corona impulsó nuevas poblaciones en distintos puntos del sur peninsular, y este lugar formó parte de ese proceso. La fundación se vinculó a una concesión real promovida por Pedro de Saucedo, que organizó el asentamiento de colonos en estas tierras de encinas, pequeños cultivos y paso natural hacia Antequera.
La iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en la plaza principal, pertenece a ese primer momento fundacional, aunque el edificio ha sufrido reformas posteriores. La torre, por ejemplo, parece de una fase más tardía. El nombre actual del municipio llegó cuando el lugar se independizó administrativamente de Archidona en el siglo XIX. La advocación del Rosario ya estaba arraigada entre los vecinos y terminó dando nombre al nuevo municipio.
La sierra que rodea el pueblo
El paisaje inmediato explica buena parte de la vida local. Al oeste se levanta la Sierra de Camarolos, una alineación caliza muy visible desde el casco urbano. Hacia el este el terreno se abre gradualmente hacia los campos de Antequera, donde el olivar domina el paisaje.
En los alrededores hay varias lomas desde las que se entiende bien esta transición entre sierra y campiña. El Alto de Hondadero es uno de esos puntos elevados desde donde la cuenca del Guadalhorce se despliega con claridad. El camino no es largo desde el pueblo, pero el desnivel obliga a tomárselo con calma.
La vegetación cambia mucho según la orientación. En algunas umbrías sobreviven pequeños quejigares y monte mediterráneo más denso; en las laderas soleadas aparecen los olivares y, en algunos bancales, almendros. Muchos de esos bancales se levantaron para contener la erosión cuando el cereal dejó de cultivarse de forma intensiva.
Cuando el cardo se come
A finales de primavera suele celebrarse en el pueblo una jornada dedicada a las tagarninas, una planta silvestre muy presente en la cocina tradicional andaluza. El brote tierno de este cardo se recoge en los márgenes de arroyos y zonas pedregosas de la sierra.
La preparación forma parte de la cocina doméstica de la zona desde hace generaciones: guisos con garbanzos, revueltos o tortillas. Más que una recreación folclórica, la celebración recuerda una relación muy directa con el entorno: la sierra como despensa estacional.
El agua del Chorro y las rutas cercanas
El Chorro nace en manantiales de la sierra y desciende hacia el término municipal formando pequeños arroyos y pozas. No es un río grande, pero el caudal suele mantenerse buena parte del año.
Hay senderos que conectan el pueblo con estas zonas de nacimiento del agua. El terreno es calizo y en algunos tramos la roca se deshace en piedra suelta, así que conviene llevar calzado con buen agarre. A mitad de algunos recorridos aparecen pequeñas pozas naturales donde el agua se acumula; en verano hay quien se acerca a refrescarse, aunque el agua suele estar fría incluso en los meses más cálidos.
La mayor parte de estas rutas se mueven entre monte bajo, encinas dispersas y paredones de roca que caracterizan la Sierra de Camarolos.
Cómo orientarse al llegar
Villanueva del Rosario se encuentra en el norte de la provincia de Málaga, cerca del límite con Granada y Córdoba. El acceso más habitual es por la autovía que conecta Málaga con Antequera, tomando después una carretera comarcal que sube hacia el pueblo.
El casco urbano es pequeño y se recorre andando sin dificultad. La iglesia parroquial y la plaza concentran buena parte de la vida diaria. Desde varios puntos del pueblo hay miradores sencillos hacia el valle y las sierras cercanas.
Quien quiera entender mejor el lugar suele terminar saliendo al campo. Una caminata corta por la tarde o una ruta algo más larga por la Sierra de Camarolos bastan para ver cómo el paisaje condiciona todo: el tipo de cultivo, la arquitectura de las casas y el ritmo tranquilo de un municipio que sigue funcionando, sobre todo, como pueblo de interior.