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sobre La Mojonera
Municipio agrícola en el corazón del Poniente; clave en la investigación agraria y producción hortofrutícola
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Hablar de turismo en La Mojonera exige empezar por el lugar que ocupa en el mapa y en la historia reciente del Poniente almeriense. Cuando el mercado de los viernes se extiende por la avenida de Andalucía, el pueblo deja de parecer un simple punto junto a la autovía. Entonces se entiende mejor por qué un municipio que apenas aparece en las guías reúne a casi nueve mil habitantes: durante décadas ha sido punto de llegada para quienes venían a trabajar la tierra, primero en un paisaje seco y abierto, después bajo los invernaderos.
La segregación municipal de 1984 no fue un gesto simbólico. Hasta entonces dependía de Félix, pero La Mojonera ya funcionaba como centro de servicios para una población mucho mayor que la censada. Los mojones —esas piedras que marcaban lindes entre parcelas— dieron nombre al lugar. Con el tiempo dejaron de señalar fronteras agrícolas tradicionales para quedar asociados a otra forma de trabajar el campo que transformó por completo el paisaje del Campo de Dalías.
Del erial al plástico
La historia reciente de La Mojonera se mide en hectáreas cultivadas. Hasta mediados del siglo XX, buena parte del Campo de Dalías era un territorio de matorral y suelos pobres donde predominaba el secano. El cambio llegó cuando comenzaron a aprovecharse acuíferos y sistemas de riego más estables, junto con la extensión progresiva de los invernaderos. En pocas décadas la comarca pasó a formar parte de uno de los espacios de producción hortofrutícola más intensivos de Europa.
No hay un centro de interpretación que lo cuente paso a paso. Pero el contraste se entiende rápido si se cruza hacia el paraje natural de Punta Entinas‑Sabinar. Al norte se extiende el llamado mar de plásticos; al sur, las salinas y las dunas conservan un paisaje de humedales donde es habitual ver aves migratorias en invierno. Esa convivencia resume bien la zona: agricultura intensiva junto a uno de los pocos tramos litorales que aún mantienen un ecosistema casi intacto.
El mercado como biografía
El mercado de los viernes —que suele instalarse por la mañana en torno a la avenida principal— funciona más como infraestructura cotidiana que como reclamo externo. Llegan vendedores de distintos puntos de la provincia y buena parte del género procede de los propios invernaderos de la comarca.
También refleja la mezcla de procedencias que caracteriza al municipio desde hace años. En los puestos se oyen acentos muy distintos y aparecen productos que responden a esa diversidad. No es un mercado pensado para el visitante ocasional: aquí se compra lo necesario para la semana, desde fruta hasta ropa de trabajo.
Eso lo hace interesante para quien tenga curiosidad por la vida diaria del lugar. Más que un espectáculo, es una escena de rutina.
Un pueblo levantado deprisa
La Mojonera apenas tiene patrimonio histórico en el sentido clásico. El crecimiento fue rápido y funcional, ligado al desarrollo agrícola del entorno. No hay un casco antiguo reconocible y la mayor parte de los edificios son recientes.
La iglesia parroquial es del siglo XX y responde a esa misma lógica práctica. Lo mismo ocurre con muchos edificios administrativos o comerciales. Puede resultar desconcertante para quien espera un trazado histórico, pero también permite leer el territorio de otra manera.
Los invernaderos forman, en cierto modo, la arquitectura dominante del municipio. Estructuras de aluminio y plástico que cambian de tono según la luz y que dibujan una cuadrícula casi perfecta cuando se observan desde las carreteras secundarias. En invierno, con el sol bajo, el reflejo sobre esas superficies crea un paisaje extraño y bastante hipnótico.
Cómo acercarse a La Mojonera
La Mojonera se encuentra en el Poniente almeriense, muy cerca de la autovía A‑7 y a poca distancia de la capital provincial. El acceso suele hacerse en coche, que sigue siendo la forma más práctica de moverse por esta parte de la comarca. Aparcar en el núcleo urbano no suele plantear demasiados problemas.
No existe una ruta turística definida ni una oficina dedicada a orientar visitas. Por eso lo más razonable es recorrer el pueblo sin demasiadas expectativas monumentales: caminar por la zona del mercado un viernes por la mañana, observar la actividad diaria y fijarse en cómo conviven distintas comunidades en un municipio relativamente joven.
Si apetece ampliar el recorrido, la carretera que se dirige hacia Punta Entinas‑Sabinar cambia el paisaje en pocos minutos. Del mosaico de invernaderos se pasa a las salinas y a un tramo de costa donde aún sobreviven dunas y lagunas litorales.
Para dormir o comer, lo habitual es utilizar La Mojonera como base dentro del Poniente. Desde aquí se llega con facilidad a otros puntos de la comarca, a la ciudad de Almería o a la sierra cercana, donde el relieve empieza a cambiar.
La Mojonera no funciona como un destino turístico al uso. Más bien permite asomarse a una parte muy concreta de la Andalucía contemporánea: la de los pueblos que crecieron alrededor de una agricultura intensiva que, en invierno, abastece a buena parte de Europa. Entender eso también es una forma de viajar.