Artículo completo
sobre Serrato
Municipio joven segregado de Ronda con un entorno agrícola y manantiales que abastecen sus fuentes
Ocultar artículo Leer artículo completo
La primera vez que oí hablar de Serrato fue en una conversación de carretera, de esas en las que alguien señala hacia las sierras y dice: “por ahí hay un pueblo pequeño donde casi no pasa nadie”. Serrato, en la Serranía de Ronda, es justo ese tipo de sitio. Un núcleo de algo más de 450 vecinos rodeado de olivares donde la vida sigue un ritmo bastante normal, sin grandes reclamos ni monumentos que salgan en todas las guías.
El pueblo está a cierta altura sobre el paisaje agrícola de la zona, y eso se nota en cuanto caminas dos calles: en cualquier esquina aparece el campo abierto. Casas blancas, calles estrechas y bastante silencio entre semana. No hay sensación de escenario preparado; más bien parece un lugar donde la gente vive y punto.
Qué ver sin complicarse demasiado
En el centro está la iglesia parroquial de San Sebastián. No es un edificio monumental, pero marca el corazón del pueblo. La plaza alrededor funciona como punto de paso: vecinos que se saludan, coches que aparcan un momento, alguna conversación que se alarga.
Caminar por Serrato se entiende rápido. Calles cortas, algunas cuestas suaves y muchas fachadas encaladas con puertas antiguas. A veces te cruzas con un patio abierto o con macetas que ocupan media pared. Ese tipo de detalles que no están pensados para que nadie los fotografíe, pero acaban saliendo en la foto.
Si sigues cualquier calle que vaya perdiendo casas, aparece el paisaje. No hay miradores montados con barandillas ni paneles. Solo bordes del pueblo desde donde se ven olivares, lomas suaves y alguna sierra al fondo. Al atardecer la luz cae de lado y el campo cambia bastante de color.
Caminar por los alrededores
Los alrededores de Serrato se prestan a salir a andar un rato. Caminos agrícolas que entran y salen entre fincas, algunos cortijos dispersos y mucho olivar. No son rutas de montaña exigentes; más bien trayectos que la gente de la zona ha usado siempre para moverse entre parcelas.
Si te gusta fijarte en los detalles, el pueblo tiene bastante juego. Sombras duras en las calles estrechas, puertas de metal ya comidas por el tiempo, paredes con capas de cal de distintos años. A ciertas horas la luz entra en diagonal y aparecen escenas muy sencillas pero muy fotogénicas.
Cómo son las tradiciones del pueblo
La referencia festiva principal suele llegar en enero con San Sebastián, el patrón. Durante esos días es habitual ver actos religiosos y bastante movimiento en las calles del centro.
En verano también hay celebraciones ligadas a la Virgen. El ambiente cambia porque vuelve gente que vive fuera y el pueblo gana ruido durante unos días.
En lo gastronómico manda lo que se ha comido siempre en esta parte de la Serranía de Ronda. Migas en épocas frías, guisos de cuchara y carne de cordero o cabrito en distintas preparaciones. El aceite de oliva de los alrededores aparece en casi todo.
Cómo llegar a Serrato
Desde Málaga lo habitual es subir hacia el interior por la zona de Campillos y continuar por carreteras comarcales hasta Serrato. El último tramo tiene bastantes curvas, típico de esta parte de la serranía, así que conviene tomárselo con paciencia.
Primavera y otoño suelen ser momentos agradables para acercarse: el campo cambia bastante y las temperaturas ayudan a caminar. En verano el calor aprieta a mediodía, algo muy común en el interior de Málaga.
Serrato no funciona como un destino lleno de actividades organizadas. Es más bien una parada corta, de paseo por el casco urbano y vuelta al coche. Ese tipo de pueblo donde en un par de horas ya te has hecho una idea bastante clara de cómo es la vida allí. Y a veces eso es justo lo que uno busca.