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sobre Cala
Municipio fronterizo con Extremadura situado en el parque natural; posee un castillo medieval y una rica historia minera visible en su entorno y arquitectura
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Enclavado en el corazón de la Sierra de Aracena, a 588 metros de altitud, Cala emerge como uno de los secretos mejor guardados de la provincia de Huelva. Este pequeño municipio de apenas 1.140 habitantes conserva intacto el encanto de la Andalucía más auténtica, donde las casas blancas se asoman entre dehesas centenarias y el tiempo parece haberse detenido entre sus calles empedradas.
La tranquilidad que se respira en Cala contrasta con la riqueza de su entorno natural y patrimonial. Rodeado por un paisaje de suaves colinas cubiertas de encinas, alcornoques y castaños, este pueblo serrano ofrece al viajero la oportunidad de desconectar del ritmo acelerado de la vida moderna y sumergirse en una experiencia rural auténtica, donde la hospitalidad de sus gentes convierte cada visita en un recuerdo imborrable.
Qué ver en Cala
El patrimonio histórico de Cala se concentra principalmente en torno a su núcleo urbano, donde destaca la Iglesia Parroquial de la Concepción, un templo de origen mudéjar que ha sido testigo silencioso de la evolución del pueblo a lo largo de los siglos. Su arquitectura sencilla pero elegante refleja la sobriedad característica de la construcción religiosa rural andaluza.
Paseando por las calles del casco histórico, el visitante puede admirar ejemplos de arquitectura popular serrana, con casas encaladas de fachadas limpias y balcones de forja, que crean un conjunto urbano armonioso y fotogénico. Las plazuelas y rincones del pueblo invitan al paseo pausado y a la contemplación.
El verdadero tesoro de Cala reside en su entorno natural. Los alrededores del municipio forman parte del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, un espacio protegido que alberga una de las masas forestales mejor conservadas de Andalucía. Las dehesas de encinas y alcornoques configuran un paisaje único, donde el aprovechamiento tradicional del territorio ha creado un equilibrio perfecto entre actividad humana y conservación natural.
Los senderos y caminos rurales que parten desde el pueblo permiten descubrir rincones de gran belleza paisajística, arroyos cristalinos y bosques de castaños que en otoño se tiñen de colores dorados. La Rivera de Cala constituye uno de los parajes más atractivos para los amantes de la naturaleza, ofreciendo zonas de baño naturales y espacios ideales para el picnic familiar.
Qué hacer
La privilegiada ubicación de Cala lo convierte en un punto de partida ideal para la práctica del senderismo y el turismo activo. La red de senderos señalizados permite explorar el territorio comarcal, desde rutas sencillas aptas para toda la familia hasta itinerarios más exigentes para montañeros experimentados. El Sendero de los Castañares destaca especialmente durante el otoño, cuando el bosque ofrece un espectáculo cromático inolvidable.
Los aficionados a la observación de aves encontrarán en los alrededores de Cala un paraíso ornitológico, donde especies como el buitre negro, el águila calzada o el rabilargo habitan entre las copas de los árboles. Las primeras horas de la mañana y el atardecer son los momentos más propicios para la observación.
La gastronomía local constituye otro de los atractivos principales. Los productos derivados del cerdo ibérico de bellota, criado en libertad en las dehesas circundantes, son protagonistas indiscutibles de la mesa serrana. Las setas y níscalos, abundantes en temporada otoñal, se convierten en ingredientes estrella de guisos tradicionales que reflejan la sabiduría culinaria transmitida de generación en generación.
La recolección de castañas en otoño se ha convertido en una actividad turística popular, permitiendo a los visitantes participar en una tradición centenaria mientras disfrutan del paisaje otoñal de la sierra.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Cala mantiene vivas las tradiciones populares de la sierra onubense. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Concepción se celebran a principios de diciembre, combinando actos religiosos con celebraciones populares que reúnen a vecinos y visitantes en torno a la música, la danza y la gastronomía tradicional.
En verano, las noches cálidas cobran vida con verbenas y actividades al aire libre que aprovechan la frescura de la altitud serrana. La romería local constituye uno de los eventos más esperados del año, cuando la comunidad se traslada a parajes naturales cercanos para celebrar con música folclórica y comida campestre.
La matanza del cerdo en invierno, aunque menos frecuente que antaño, aún se mantiene en algunas casas como expresión de la cultura gastronómica rural, perpetuando técnicas ancestrales de elaboración de embutidos y conservas.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Huelva capital, se accede a Cala por la A-470 dirección Aracena-Portugal, desviándose en la A-461 hasta llegar al municipio. El recorrido de aproximadamente 90 kilómetros se completa en poco más de una hora por carreteras en buen estado que atraviesan paisajes de gran belleza.
Mejor época para visitar: Aunque Cala mantiene su atractivo durante todo el año, los meses de abril y mayo ofrecen temperaturas ideales y el campo en su máximo esplendor. El otoño, especialmente octubre y noviembre, regala colores espectaculares en bosques y dehesas, siendo perfecto para el senderismo y la micología.
Consejos prácticos: Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar y ropa de abrigo en invierno, ya que la altitud puede hacer las temperaturas más frescas de lo esperado. La gasolinera más cercana se encuentra en localidades vecinas, por lo que conviene repostar antes de llegar.