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sobre Cumbres de Enmedio
El municipio más pequeño de la provincia y uno de los menos poblados de España; remanso de paz absoluto en un entorno de dehesa serrana
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Cumbres de Enmedio es como cuando te sales de la carretera principal para estirar las piernas y acabas en una calle donde no pasa nadie. Ni ruido, ni prisa, ni escaparates. Solo casas blancas y alguna puerta abierta. En la Sierra de Aracena hay pueblos con más movimiento, pero Cumbres de Enmedio juega otra liga: aquí viven poco más de medio centenar de personas y el ritmo es el de un sitio donde todo el mundo se conoce.
No esperes monumentos llamando la atención ni un casco histórico preparado para hacerse fotos cada dos metros. Lo que hay es un pueblo pequeño, a unos 600 metros de altura, con calles cortas y una sensación de calma que recuerda a esas tardes de domingo en las que el tiempo parece ir más despacio.
Además está dentro del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, así que alrededor lo que manda es el monte. De esos paisajes que no necesitan carteles explicativos: encinas, castaños y caminos que salen del pueblo como si alguien hubiera tirado de un hilo hacia el campo.
Un pueblo pequeño, de los que se recorren en un rato
Cumbres de Enmedio se ve rápido. Literalmente. Es como entrar en casa de un familiar en un pueblo: en diez minutos ya sabes dónde está casi todo.
Las casas son bajas, encaladas, muchas pegadas directamente a la calle. Algunas tienen balcones de hierro y portones de madera que han visto bastantes inviernos. No hay grandes plazas ni edificios que quieran llamar la atención. Más bien lo contrario. Todo es discreto.
Si caminas sin prisa empiezas a notar detalles. Chimeneas estrechas, cerraduras antiguas, patios que apenas se adivinan tras una puerta entreabierta. Es el tipo de sitio donde mirar las paredes cuenta más que buscar un monumento concreto.
Y luego está el entorno. A nada del casco urbano empiezan los castañares y las dehesas. En otoño el suelo se llena de hojas y el paisaje se vuelve de esos colores ocres que parecen sacados de una paleta de pintura. En invierno el monte queda más desnudo, como cuando un árbol pierde las hojas y deja ver la forma real de las ramas.
Desde algunos caminos cercanos hay pequeñas elevaciones desde las que se ve la sierra alrededor. No son miradores señalizados ni nada parecido. Más bien claros en el terreno donde te paras un momento y entiendes cómo se extiende el paisaje.
Caminar por la sierra, que aquí es lo natural
En un pueblo tan pequeño las actividades no están programadas. Aquí lo normal es salir a andar.
Desde Cumbres de Enmedio salen caminos rurales que conectan con otras zonas de la sierra. Algunos terminan enlazando con rutas que llevan hacia pueblos cercanos como Valdelarco o Zufre. Otros simplemente atraviesan fincas, arroyos y manchas de bosque.
Caminar por aquí tiene algo de paseo largo de sobremesa. Sin prisa, sin un objetivo muy claro. Vas avanzando entre castaños o encinas y el paisaje cambia poco a poco.
Cuando llega el otoño aparece el tema de las castañas. En la zona sigue siendo habitual recogerlas en fincas familiares. Si paseas por los caminos verás erizos abiertos en el suelo y gente trabajando en el campo. Eso sí, conviene recordar que muchas parcelas son privadas.
Con las primeras lluvias también salen aficionados a las setas. Los bosques de la sierra suelen dar níscalos, boletus y otras especies. Pero aquí pasa como cuando alguien te dice que conoce un buen sitio para pescar: el conocimiento del terreno marca la diferencia. Si no sabes bien lo que recoges, mejor ir con alguien que sí.
Fiestas pequeñas, muy de vecinos
Las celebraciones en Cumbres de Enmedio tienen un aire muy local. No están pensadas para atraer gente de fuera, sino para que el pueblo se junte.
En verano suele haber alguna romería vinculada a tradiciones agrícolas de la zona. Son reuniones sencillas, con ambiente de familia grande más que de evento público.
También hay momentos ligados al calendario agrícola o religioso. Alrededor de San Juan, por ejemplo, es habitual que se enciendan hogueras y se organicen reuniones entre vecinos. Nada masivo. Más bien como cuando un barrio se junta en la misma plaza para pasar la noche.
En otoño e invierno aparecen platos tradicionales relacionados con la caza o con el cerdo ibérico, muy presente en toda la sierra. Cocina de las de cuchara y fuego lento, la que se entiende mejor después de haber pasado la mañana al aire libre.
Cuándo merece más la pena acercarse
El final del otoño y el invierno son buenos momentos para ver esta parte de la Sierra de Aracena. Los castaños pierden las hojas, el monte cambia de color y los caminos están tranquilos.
Eso sí, las mañanas pueden ser frías. De ese frío que se mete en las manos cuando el sol todavía no ha salido del todo. Llevar ropa de abrigo y buen calzado ayuda bastante, sobre todo si ha llovido y el barro aparece en los senderos.
En verano el calor aprieta durante el día. Nada raro en el interior de Andalucía. Por la noche suele refrescar algo más, pero caminar a mediodía puede sentirse como estar demasiado tiempo junto a una barbacoa.
Lo que conviene tener claro antes de ir
Cumbres de Enmedio no es un destino de esos que llenan un fin de semana entero. Es más bien una parada tranquila dentro de la Sierra de Aracena.
En un par de horas puedes recorrer el pueblo sin problema. Si te gusta caminar, entonces el plan se alarga porque el interés real está en los alrededores.
Yo lo veo como esos lugares a los que llegas sin muchas expectativas y acabas agradeciendo el silencio. Un paseo por las calles, otro por el monte cercano, y listo. A veces un sitio pequeño funciona mejor así: breve, sencillo y sin intentar ser más grande de lo que es.