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sobre Cumbres Mayores
Cuna del jamón ibérico de bellota en la zona norte de la sierra; posee un castillo-fortaleza monumental y una gran tradición gastronómica
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Hablar de turismo en Cumbres Mayores obliga a empezar por la altura. El pueblo se asienta a unos 700 metros, en el extremo norte de la provincia de Huelva, ya cerca de Badajoz. Forma parte de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche y apenas supera los 1.700 habitantes. La economía sigue muy ligada a la ganadería y al campo. En invierno el olor a humo es habitual y, en las dehesas cercanas, el cerdo ibérico marca todavía buena parte del calendario rural.
El nombre no es casual. Cumbres Mayores ocupa una de las elevaciones más claras de esta parte de la sierra. Desde los alrededores se abre un paisaje amplio de dehesas, encinas y algunos castañares. La zona fue territorio de frontera en la Edad Media, cuando los reinos cristianos avanzaban hacia el sur. Ese pasado explica la presencia de defensas y de un trazado urbano que, en algunos puntos, aún conserva cierta lógica militar.
El casco urbano se recorre sin esfuerzo. Hay cuestas, pero son moderadas. Predominan las casas encaladas con teja árabe y portadas sencillas, muy propias de la sierra onubense. La Plaza de España actúa como centro de la vida diaria. Allí se concentran edificios levantados entre los siglos XVIII y XIX y es habitual ver a los vecinos sentados al sol cuando el tiempo lo permite.
La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel ocupa una posición destacada en el conjunto. Su construcción se prolongó entre los siglos XVI y XVII, con reformas posteriores. La fachada muestra elementos de tradición mudéjar, algo frecuente en esta parte de Andalucía. En el interior se mezclan piezas barrocas con añadidos de otras épocas, señal de que el edificio fue adaptándose a lo largo del tiempo.
Al salir del pueblo el paisaje cambia rápido. Aparecen cercados de piedra, encinas dispersas y fincas dedicadas al cerdo ibérico. Durante la montanera, cuando la bellota cae, los animales se ven con frecuencia bajo las encinas. También hay castañares en varios puntos del término municipal. En otoño, los caminos se cubren de hojas y recuerdan que durante siglos estos senderos sirvieron para mover ganado y mercancías entre pueblos cercanos.
Más que un espacio natural aislado, el entorno es un territorio trabajado. Las dehesas combinan pasto, arbolado y manejo ganadero. Todavía se ven charcas, comederos y cercados que forman parte de ese sistema. En los márgenes de algunas fincas aparecen pequeños huertos o parcelas familiares.
Los caminos que salen de Cumbres Mayores permiten entender bien esa relación entre paisaje y trabajo. Algunos siguen antiguos caminos de herradura. Otros atraviesan castañares o bordean dehesas donde el ganado se mueve con libertad. En otoño también es habitual ver a gente buscando setas, una actividad extendida en la sierra, aunque conviene conocer bien el terreno y las especies.
La cocina local gira alrededor del cerdo ibérico. Jamones curados en secaderos naturales, distintos embutidos y platos sencillos de la matanza forman parte de la tradición doméstica. También aparecen recetas serranas como migas, guisos de caza menor o sopas contundentes para los meses fríos. Las castañas y la miel tienen su lugar en la repostería de temporada.
El calendario festivo mantiene costumbres antiguas. En enero suele celebrarse San Antón con hogueras y bendiciones de animales. A finales de septiembre llegan las fiestas dedicadas a San Miguel Arcángel, patrón del pueblo. En otoño también se organizan jornadas alrededor de la castaña, un fruto muy presente en esta parte de la sierra.
Cumbres Mayores no ha cambiado su escala. No hay grandes equipamientos ni un turismo masivo. Lo que encuentra quien llega es un pueblo serrano que sigue funcionando como tal, con su ritmo agrícola y ganadero y un paisaje que todavía se entiende mejor caminándolo que mirándolo desde el coche.