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sobre Bornos
Villa señorial a orillas de un embalse con un impresionante patrimonio renacentista; destaca por sus jardines históricos y palacios
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En Bornos conviene dejar el coche abajo, cerca de la plaza. El casco antiguo tiene calles estrechas y giros donde acabarás maniobrando de más. Desde ahí subes andando en pocos minutos. El Castillo de los Ribera está arriba y es, siendo claros, lo que justifica la parada.
El palacio que copiaron en Sevilla
El Castillo de los Ribera no es un castillo. Es un palacio renacentista. Patio de columnas, piedra clara y un aire bastante más sevillano que serrano.
Don Fadrique Enríquez de Ribera volvió de Jerusalén a comienzos del siglo XVI y levantó aquí la residencia. De ese mismo viaje salió también el primer Vía Crucis que se hizo en España. Subía por la sierra. Las cruces aún se ven en algunos puntos, aunque muchas están ya bastante gastadas.
El edificio se puede rodear sin problema. El interior solo abre en horarios concretos y no siempre. Si pillas cerrado, tampoco pasa mucho: lo interesante está en el exterior y en la Logia pompeyana. Es una galería abierta, columnas sin techo mirando al embalse. Cuando el agua está alta, los olivos casi tocan la orilla.
El puente que no tiene siempre veintiún ojos
El Puente de los Veintiún Ojos mide unos 170 metros y, en teoría, tiene veintiún arcos. El problema es que el embalse de Bornos suele cubrir buena parte. Cuando el nivel baja se ven todos; otros años apenas asoman algunos.
Aquí viene casi todo el mundo a hacer fotos. También es el sitio donde los chavales se tiran al agua en verano, aunque está prohibido. No es raro que cada temporada alguien salga con un golpe.
Desde el puente puedes enlazar con la ruta del Cerro de la Plaza de Armas. Son unos siete kilómetros rodeando parte del embalse. Terreno fácil, un par de horas sin prisa. Si el día está claro se alcanza a ver la sierra de Grazalema. Lleva agua: por el camino no hay fuentes.
Coto de Bornos: el pueblo que nació aparte
A unos cinco kilómetros está Coto de Bornos. Surgió como colonia agrícola cuando faltaba tierra para repartir en el pueblo original. Con el tiempo acabó funcionando casi como un núcleo propio.
Tienen sus mayordomos, su forma de organizar las fiestas y su propia Semana Santa. Durante años hubo una historia curiosa con el cementerio nuevo: mucha gente seguía prefiriendo enterrarse en Bornos. Al final se fue usando, pero costó.
El ambiente suele moverse bastante allí los fines de semana. Mucha gente de Bornos baja a cenar o a tomar algo. Y los del Coto suben a Bornos cuando toca hacer gestiones. Cada sitio tiene lo suyo.
Cuándo venir y cuándo no
Semana Santa mueve bastante gente y varias procesiones recorren el centro. Si no te gustan las calles cortadas ni buscar aparcamiento durante un rato, mejor evitar esos días.
La romería del Rosario suele celebrarse hacia finales de mayo. Suben al cerro en tractor, pasan el día allí y corre el mosto. Es un ambiente más de campo que de procesión.
En agosto hace calor de verdad y hay feria. Los alojamientos de la zona suelen llenarse. Si puedes elegir, primavera funciona mejor: el embalse suele estar alto, el campo verde y hay bastante movimiento de aves.
Lo que comes y lo que no
Las tagarninas con jamón aparecen en muchas cartas de la zona. Es un cardo silvestre que crece entre los olivos. El guiso de jabalí depende de la temporada de caza; no siempre lo tienen.
Los pestiños aparecen sobre todo en fechas de Semana Santa. En verano es raro verlos. El tocino de cielo está bien, aunque no deja de ser yema con azúcar.
En Coto de Bornos se mueve bastante el mosto cuando llega la temporada. En Bornos hay un supermercado grande y poco más. Si vienes un domingo o festivo, mejor traer lo que necesites comprado.
Consejo final: llega por la mañana, sube al palacio, baja luego al puente y acércate al Coto si quieres alargar la parada. Con media jornada tienes el pueblo visto. Bornos es agradable, pero no da para mucho más.