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sobre Chilluévar
Municipio agrícola puerta de la sierra; ambiente tranquilo y cercanía al Guadalquivir
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Hay pueblos que conoces porque alguien te habla de ellos durante años. Y luego están los que aparecen de repente, cuando ya vas camino de otro sitio. Chilluévar suele entrar en esa segunda categoría dentro de la Sierra de Cazorla. Vas conduciendo entre olivares interminables, giras una curva más de las que esperabas… y ahí está el pueblo, tranquilo, sin mucho ruido alrededor.
Chilluévar ronda los 1.300 habitantes y vive, sobre todo, de lo que da el campo. Aquí el olivar manda. Las calles son las típicas de los pueblos de esta parte de Jaén: casas encaladas, cuestas suaves y vecinos que todavía se saludan de una acera a otra. No es un lugar que llegue con grandes promesas. Y casi mejor así.
Qué ver en Chilluévar: el pueblo y lo que lo rodea
La iglesia parroquial de San Andrés es uno de los edificios que más se reconocen en el centro. Se levantó entre los siglos XVI y XVII y mezcla ese aire de transición entre lo gótico tardío y el renacimiento que aparece en bastantes templos de la provincia. La torre se ve desde varios puntos del pueblo y sirve un poco de referencia cuando andas callejeando.
El casco urbano se recorre en poco tiempo. Calles estrechas, algunas con bastante pendiente, que acaban desembocando en la zona del ayuntamiento. A media tarde suele haber movimiento: gente que sale a tomar el aire, niños correteando y conversaciones que van saltando de portal en portal. Ese tipo de escena que en una ciudad pasaría desapercibida, pero en un pueblo pequeño marca el ritmo del día.
Si te fijas, todavía quedan algunas casas más grandes, de las que se construyeron cuando el olivar empezó a traer algo de dinero al pueblo, sobre todo a partir del siglo XVIII. No son palacetes ni nada parecido, pero sí cuentan parte de esa historia agrícola que sigue muy presente.
Luego está lo que rodea a Chilluévar, que al final es casi lo más importante: kilómetros y kilómetros de olivos. Desde cualquier salida del pueblo empiezan caminos rurales que se meten entre las fincas. Algunos llevan hasta pequeñas ermitas o cortijos dispersos, como la ermita de San Isidro, que aparece entre los campos como quien no quiere la cosa.
Pasear entre olivares (sin complicarse mucho)
Una de las cosas que tiene Chilluévar es que no necesitas organizar una excursión complicada para caminar un rato. Sales del pueblo y en pocos minutos ya estás en un camino de tierra entre olivos.
No son rutas señalizadas al estilo de los parques naturales más preparados, pero tampoco tienen pérdida. Caminos agrícolas de toda la vida, de esos por donde pasan los tractores durante la campaña. Con agua, gorra si aprieta el sol, y un poco de sentido común tienes más que suficiente.
El paisaje cambia bastante según la época. En primavera aparecen hierbas y flores entre los olivos. En verano todo se vuelve más seco y polvoriento. Y en invierno, cuando llega la recolección, el campo tiene ese movimiento constante de gente trabajando que te recuerda de qué vive realmente esta zona.
Lo que se come aquí
La cocina del pueblo gira alrededor de lo que hay cerca: aceite de oliva, productos del campo y recetas que no necesitan demasiadas vueltas.
Las migas siguen apareciendo en muchas mesas, sobre todo cuando refresca. A veces con tropezones de carne o acompañadas de lo que haya ese día. También son habituales los guisos contundentes y platos ligados a la caza menor, bastante presentes en toda la sierra.
Y luego están los dulces tradicionales, como las gachas dulces que suelen prepararse en fechas concretas del año. Nada sofisticado: cocina de pueblo, de la que llena y huele a aceite bueno desde la cocina.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las celebraciones aquí siguen teniendo bastante de reunión vecinal. La fiesta principal es la de San Andrés, que tradicionalmente se celebra a finales de noviembre. Durante esos días el pueblo cambia de ritmo: procesiones, actos organizados por las hermandades y mucha gente que vuelve porque tiene familia aquí.
En mayo llegan también las Cruces, con altares decorados en distintas calles gracias a asociaciones y vecinos que se implican bastante en prepararlo. Y unos días después suele celebrarse San Isidro Labrador, muy ligado al mundo agrícola. La romería y los actos alrededor del patrón del campo siguen teniendo bastante peso en un municipio donde casi todo gira alrededor del olivar.
Cómo llegar y cuándo pasarse
Chilluévar está a unos 45 kilómetros de Jaén capital. El camino atraviesa una buena cantidad de olivares, así que el paisaje acompaña casi todo el trayecto. Desde Úbeda queda bastante más cerca; en coche se llega en unos veinte minutos largos por carreteras comarcales.
En cuanto al momento de la visita, la primavera suele ser agradecida para caminar por los alrededores. Después del verano también tiene su punto: el calor empieza a aflojar y la luz sobre los olivares cambia bastante.
Chilluévar no es un lugar de grandes monumentos ni de listas interminables de cosas que hacer. Es más bien ese tipo de pueblo al que te acercas un rato, das un paseo, miras el paisaje y entiendes un poco mejor cómo funciona esta parte de la Sierra de Cazorla, donde el olivo sigue marcando casi todo lo demás.