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sobre La Iruela
Pueblo colgado en la roca a los pies de un castillo templario; vistas espectaculares de la sierra
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Antes de que el tráfico suba desde Cazorla, La Iruela está casi en silencio. Solo se oye algún coche lejano y el viento que pasa entre los pinos de la ladera. El turismo en La Iruela suele empezar más tarde, cuando el sol ya ha tocado las paredes blancas del pueblo y el castillo se recorta con claridad sobre el peñón.
Las casas se agarran a la pendiente con cierta obstinación. Fachadas encaladas, balcones de hierro oscuro, macetas que alguien riega temprano. Todo cae cuesta abajo hacia el valle de olivares.
El castillo sobre el peñón
El castillo domina la escena desde arriba. La silueta se ve desde lejos, incluso antes de entrar al pueblo por la carretera que sube desde Cazorla.
Se levantó en época medieval, probablemente en el siglo XIII, y hoy quedan tramos de muralla, torres y la iglesia en ruinas que se asoma al vacío. El conjunto está colocado sobre una roca muy estrecha, lo que explica esa imagen tan vertical.
La subida tiene escalones irregulares y algunas rampas de piedra. Conviene tomárselo con calma, sobre todo en verano, cuando el sol cae de lleno sobre la ladera. Desde arriba se entienden muchas cosas: el mar de olivos hacia el oeste y, detrás, la masa verde de la Sierra de Cazorla.
Calles en pendiente
El centro de La Iruela es pequeño y bastante empinado. Hay calles que parecen más bien escaleras. Otras se retuercen entre casas muy pegadas, con tramos de sombra incluso al mediodía.
La iglesia de Santo Domingo de Silos aparece de repente al girar una esquina. Está colocada en una plataforma sobre la ladera, como si colgara un poco sobre el valle. Mezcla elementos góticos y renacentistas, aunque lo que más llama la atención es el lugar donde está.
Aquí conviene llevar calzado cómodo. El empedrado tiene zonas gastadas y algunas pendientes engañan más de lo que parece.
El mirador y la luz de la tarde
Al final del día el mirador cercano al castillo se llena de luz cálida. Los olivares del valle se vuelven casi dorados y los pinares de la sierra se ven más oscuros, como una pared verde al fondo.
Cuando baja el sol, el viento suele levantarse un poco. A esa hora llegan también vecinos que suben a pasear o a mirar el valle unos minutos antes de volver a casa.
Si vienes en verano, ese momento del día se agradece mucho más que el mediodía.
Senderos hacia la sierra
La Iruela está pegada al Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Desde el propio término municipal salen caminos que se internan en pinares y barrancos.
Algunos recorridos son sencillos y siguen pistas forestales. Otros se meten en terreno más abrupto. En invierno puede haber barro o incluso algo de nieve en las cotas altas, así que conviene informarse antes de salir.
La primavera suele ser una buena época: el monte huele a resina y a tierra húmeda, y el calor todavía no aprieta.
Fiestas y vida del pueblo
El calendario local mantiene celebraciones bastante arraigadas. Las fiestas de verano dedicadas a Santo Domingo de Silos llenan las calles durante varios días, normalmente a principios de agosto. En invierno se encienden hogueras por San Antón, una costumbre muy extendida en esta zona de la sierra.
También es habitual que en otoño aparezcan jornadas o encuentros alrededor del aceite nuevo y de la cocina serrana. El entorno manda: caza menor, embutidos, guisos contundentes y mucho aceite de oliva de la comarca.
Llegar y cuándo ir
Desde Jaén capital el trayecto ronda el centenar de kilómetros. La carretera atraviesa olivares durante buena parte del camino. El último tramo, ya cerca de Cazorla, tiene curvas y subidas, aunque el asfalto suele estar en buen estado.
Si buscas algo de calma, mejor evitar fines de semana largos y puentes. La cercanía con Cazorla hace que mucha gente pase por aquí en las mismas horas. A primera hora de la mañana o al caer la tarde el pueblo cambia: se oye el viento en la sierra y las calles vuelven a quedarse casi vacías.