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sobre Casarabonela
Pueblo de trazado morisco con calles estrechas y empinadas que conserva un aire andalusí y un jardín botánico de cactus
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Aparca en la primera plaza que veas. Casarabonela tiene una calle principal y varias laterales; si dejas el coche abajo, luego toca subir cuesta y se nota. Los sábados suele haber mercadillo: pocos puestos, bastante ruido y el único día en que aparcar se complica un poco. El resto de la semana el pueblo va tranquilo.
El castillo que no es castillo
Lo primero que ves es una alambrada y un cartel de BIC. El llamado Castillo de Qasr Bunayra está bastante arruinado: tres trozos de muralla y muchas piedras sueltas. El origen suele situarse en época andalusí; después de la conquista cristiana se desmontó en parte para levantar casas del pueblo.
La subida dura cinco minutos. Desde arriba se abre el Valle del Guadalhorce, lleno de olivar. En días muy claros se alcanzan sierras más lejanas hacia el este. Sube temprano si puedes: a partir del mediodía el sol aprieta y allí arriba no hay sombra.
Un jardín que no te esperas
En medio del pueblo hay un jardín botánico pequeño, el Jardín Mora i Bravard. La historia que cuentan aquí es sencilla: empezó con colecciones privadas de cactus y otras suculentas y acabó creciendo bastante.
Hoy reúne miles de especies de plantas de climas secos. Algunas parecen de otro planeta; otras están medio arrugadas pero siguen vivas, que al final es lo que importa en este tipo de plantas. La visita se hace en media hora larga si lees los carteles. Suele cerrar al mediodía, así que conviene mirarlo antes de subir.
Callos y hornos
No esperes una calle llena de restaurantes. Aquí hay lo justo. Un par de bares alrededor de la plaza y poco más. Los domingos a veces salen callos malagueños si alguien los ha preparado en casa; entre semana manda la tapa sencilla.
Las tortas de aceite las hace una vecina en su horno doméstico. Pregunta en la tienda del pueblo y te dirán si ha hecho tanda ese día. Si no, en la carretera suele haber pastelería con bizcochos y dulces corrientes.
Subir o no subir
Hay varias rutas señalizadas en la sierra cercana. Una de las más conocidas va hacia la Cueva de la Jácara, unos cuantos kilómetros de subida por la Sierra Prieta hasta una cavidad con restos de pinturas esquemáticas. Nada espectacular, pero la caminata está bien.
La otra clásica tira hacia el pico Alcaparaín, con bastante desnivel. En primavera huele a romero y tomillo; en verano el monte se vuelve un horno. Lleva agua de verdad. Fuentes hay pocas y los senderos no pasan por bares ni quioscos.
Cuándo ir y cuándo marcharte
Entre marzo y mayo el campo suele estar verde y aparecen cruces adornadas en algunas calles. En julio llega la feria de Santiago, unos días de fiesta sencilla.
El 12 de diciembre salen los Rondeles. Los vecinos bajan con capachos encendidos por la calle Mayor. Huele a humo y aceite quemado y el pueblo se llena bastante.
Agosto es duro. Mucho calor, poca sombra y bastante gente fuera de vacaciones.
Consejo directo: pasa una mañana. Sube al castillo, date una vuelta por el jardín y tómate algo en la plaza. Luego sigue camino hacia el Guadalhorce o hacia la sierra. Casarabonela es un pueblo de unos 2.800 habitantes, tranquilo y agrícola. Si buscas ruido o vida nocturna, toca mirar en otro sitio. Aquí todo va despacio.