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sobre Arroyo del Ojanco
Municipio joven conocido por su olivo milenario de Fuentebuena y su tradición en las fiestas de San Marcos
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El olivo de Fuentebuena lleva siglos mirando al mismo punto del horizonte. Desde allí la vega de Arroyo del Ojanco se abre en una extensión continua de olivares. El municipio es reciente como entidad administrativa —se constituyó a comienzos del siglo XXI tras separarse de Beas de Segura—, pero el paisaje que lo rodea es mucho más antiguo. Aquí el territorio manda más que la fecha del ayuntamiento.
El tiempo de los olivos
En esta parte de la Sierra de Segura el calendario sigue marcándolo el campo. Arroyo del Ojanco vive alrededor del olivar, que ocupa casi todo el término municipal. Los árboles cubren lomas enteras y bajan hasta el fondo de la vega.
Algunos ejemplares son muy viejos. En la zona se habla de olivos que podrían tener varios siglos, quizá más, aunque datarlos con precisión no siempre es sencillo. Lo cierto es que el cultivo está documentado desde época romana en la comarca.
La N‑322 pasa cerca del núcleo urbano y funciona como eje de paso entre Andalucía oriental y el Levante. Durante la campaña de recogida el movimiento de tractores y camiones es constante. Fuera de esos meses, el pueblo se mueve a un ritmo más lento: poda al final del invierno, labores de suelo en primavera y el calor seco del verano.
Huellas romanas en Los Baños
A poca distancia del pueblo aparecen los restos de la villa romana de Los Baños. No es un yacimiento monumental. Son estructuras bajas y algunos pavimentos que indican la presencia de una explotación agrícola entre los siglos I y II d.C.
Parte de los mosaicos se conservan protegidos bajo cubiertas ligeras. En ellos se distinguen aves y motivos vegetales hechos con teselas pequeñas. La superficie visible es reducida, pero sirve para entender que aquí hubo una residencia rural con cierto nivel económico, ligada al aprovechamiento agrícola del valle.
El topónimo del municipio también tiene historia. “Ojanco” parece derivar de una forma antigua, probablemente de origen árabe, que aparece en documentos de la zona tras la conquista castellana. Con el paso del tiempo el sonido se adaptó al castellano local.
La tradición popular añadió otra lectura más imaginativa. En el habla serrana el ojanco es un ser mitológico de un solo ojo, parecido a un cíclope. De ahí el ojo representado en el escudo municipal aprobado tras la creación del ayuntamiento.
La iglesia de la Inmaculada
La iglesia de la Inmaculada Concepción se levanta en la plaza principal desde finales del siglo XIX. Durante mucho tiempo no tuvo parroquia propia y dependía de Beas de Segura, aunque los vecinos utilizaban ya el templo para los entierros y celebraciones.
El edificio es sobrio. Muros de mampostería, cubierta sencilla y una espadaña añadida años después de la construcción inicial. Algunas reformas del siglo XX reforzaron la estructura y cambiaron parte del interior.
El retablo mayor procede, según la tradición local, de otro templo cercano afectado por las desamortizaciones del siglo XIX. En las hornacinas se veneran imágenes de la Virgen de los Dolores y de San Francisco de Asís, uno de los patronos del pueblo junto a San Marcos. La talla de San Francisco fue terminada por manos locales a mediados del siglo pasado tras la muerte del escultor que la había empezado. El resultado se nota en el rostro, algo más rígido que el resto de la figura.
Subir al Portazgo
Uno de los paseos más conocidos en los alrededores conduce al cerro del Portazgo. La subida atraviesa primero terrazas de olivar y luego entra en una zona de pinar de repoblación.
La cima ronda los mil metros de altitud. Desde allí se entiende bien la posición del pueblo dentro del valle del Guadalimar. Hacia el norte se levantan las sierras más altas del parque natural. Al sur el terreno se abre hacia Beas de Segura.
No siempre hay señalización clara en los caminos. Lo habitual es orientarse preguntando en el propio pueblo o siguiendo las pistas agrícolas que utilizan los agricultores.
San Marcos y las luminarias
La fiesta principal llega alrededor del 25 de abril con San Marcos. Durante esos días regresan muchos vecinos que trabajan fuera, algo frecuente en pueblos de esta parte de Jaén desde la segunda mitad del siglo XX.
La celebración mezcla actos religiosos con reuniones en la calle y verbenas nocturnas. La víspera se encienden luminarias en distintos puntos del pueblo. Las hogueras se mantienen durante la noche mientras la gente se acerca a charlar y a compartir comida sencilla.
Por la mañana se reparte pan bendecido, una costumbre que también aparece en otras localidades de la Sierra de Segura.
Comer aquí y cómo situarse
La cocina local gira alrededor de productos básicos del campo. En invierno aparece el gazpacho serrano, que se sirve caliente y con pan. En primavera es común encontrar tortillas hechas con collejas u otras hierbas silvestres que brotan tras las lluvias. En verano se preparan ochíos y platos sencillos pensados para comer en el campo durante las jornadas de trabajo.
El queso de oveja de la sierra suele circular sin grandes etiquetas comerciales. Procede de rebaños que pastan entre media montaña y zonas de olivar, lo que influye bastante en el sabor según la época del año.
Arroyo del Ojanco se sitúa junto a la N‑322, a algo más de cien kilómetros de la capital jiennense. La carretera atraviesa paisajes de sierra y campiña antes de llegar al valle. El pueblo es pequeño y se recorre andando en poco tiempo. Para entenderlo conviene salir un poco a los caminos cercanos: desde ahí se ve mejor hasta qué punto el olivo ordena todo lo demás.