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sobre Benatae
Pequeño municipio serrano con encanto rural; ideal para desconectar y disfrutar de la naturaleza virgen
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A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía entra bajo entre las encinas y los olivos, el campo alrededor de Benatae huele a tierra fría y a leña apagada de la noche anterior. El silencio dura poco: algún perro ladra a lo lejos, pasa un coche despacio por la carretera que sube al pueblo y vuelve la calma. El turismo en Benatae no tiene nada de bullicioso. Aquí viven algo más de cuatrocientas personas y el ritmo sigue siendo el de un pueblo pequeño de la Sierra de Segura.
El caserío se encarama a una loma suave, rodeado por olivares viejos y manchas de pinar. Las calles suben y bajan con cierta pendiente, estrechas en algunos tramos, con casas blancas y tejados de teja curva que reflejan la luz con ese tono mate que tienen los pueblos serranos cuando el sol cae de lado. A media mañana suelen aparecer los gatos en los bordes de las aceras calientes y apenas hay tráfico. El sonido más constante es el de alguna puerta que se abre o el eco de una conversación corta en la calle.
El centro del pueblo y la iglesia
La vida del pueblo gira en torno a la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción. No es un edificio monumental; tiene un aire sobrio, con muros de piedra y una presencia tranquila en la plaza. Desde allí se abren algunas de las mejores vistas hacia las laderas cercanas, cubiertas de pinos y olivos que cambian bastante de color según la estación.
En primavera el verde se vuelve más vivo después de las lluvias. En otoño el paisaje se apaga hacia tonos más secos, con la tierra rojiza asomando entre los árboles. Si el día está claro, al atardecer la luz cae muy horizontal sobre el valle y todo se vuelve más dorado durante unos minutos.
Caminar por los alrededores
El entorno natural es lo que más se nota aquí. En cuanto sales del casco urbano aparecen caminos agrícolas, pistas forestales y senderos que suben hacia los montes cercanos de la Sierra de Segura.
No todos están señalizados. Algunos vecinos hablan de rutas que atraviesan antiguos olivares con ejemplares muy viejos, de troncos gruesos y retorcidos que parecen esculturas oscuras sobre la tierra clara. Si quieres caminar por la zona, conviene llevar mapa o GPS y preguntar antes por el estado de los caminos, porque hay tramos que cambian con las lluvias o el trabajo del campo.
A primera hora de la mañana o al final de la tarde es cuando el paisaje tiene más matices y también cuando se ven más aves planeando sobre los barrancos.
Lo que se come en las casas
El aceite de oliva de la comarca marca casi todo lo que se cocina por aquí. En temporada aparecen platos sencillos que se han hecho siempre en la sierra: gachas, guisos contundentes o carne de cordero segureño cuando toca matanza o celebración familiar.
No es una cocina complicada. Son recetas de olla, de pan para mojar y de ingredientes que vienen del campo cercano.
Fiestas y momentos del año
En diciembre se celebran las fiestas patronales dedicadas a la Inmaculada Concepción, con procesiones que recorren las calles del pueblo. En mayo suelen aparecer las Cruces de Mayo, adornadas con flores en distintos rincones.
Agosto cambia bastante el ambiente. Muchos vecinos que viven fuera vuelven esos días y el pueblo se llena más de lo habitual: niños corriendo por la plaza, reuniones familiares largas y conversaciones que se alargan hasta bien entrada la noche. Durante el resto del año, la sensación es mucho más tranquila.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
Desde Jaén capital lo habitual es subir hacia la comarca de la Sierra de Segura por carretera y continuar en dirección a la zona de Villacarrillo antes de adentrarse en la sierra. El último tramo ya discurre entre olivares y monte bajo.
Las calles del pueblo tienen pendientes y tramos empedrados, así que merece la pena llevar calzado cómodo si vas a recorrerlo andando o salir a los caminos cercanos. Los servicios son limitados y algunos comercios abren con horarios variables, algo normal en municipios pequeños. Conviene tenerlo en cuenta, sobre todo fuera de los meses de verano.
Benatae es uno de esos lugares donde el tiempo parece ir un poco más despacio. No ocurre nada espectacular: cambian las luces del día, pasa el viento por los pinos y el pueblo sigue con su rutina. A veces, eso es justo lo que uno venía buscando.