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sobre Génave
Uno de los pueblos más antiguos de la Sierra de Segura; conserva una torre defensiva medieval
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¿Sabes cuando llegas a un sitio y lo primero que ves es a alguien sacando al perro, otro barriendo la puerta y un tractor pasando despacio? Pues eso me pasó la primera vez que entré en Génave. Turismo en Génave no va de monumentos grandes ni de listas interminables de cosas que ver. Va más bien de entender cómo funciona un pueblo pequeño de la Sierra de Segura, de esos donde el olivar manda y la montaña está siempre ahí al fondo.
Hablamos de un municipio de unos 548 habitantes, en la parte norte de la provincia de Jaén, a algo más de 800 metros de altitud. El pueblo se apoya en las primeras laderas de la sierra, así que en cuanto levantas un poco la vista ya tienes monte delante. No hace falta ni coger el coche.
Las calles suben y bajan entre casas blancas bastante sencillas, muchas con rejas antiguas y paredes que han visto más de una reforma casera. No es un casco histórico de postal; es más bien el tipo de sitio que se ha ido arreglando según hacía falta. Y eso, curiosamente, le da bastante verdad al paseo.
Qué ver sin andar inventando
El edificio más reconocible es la iglesia parroquial de San Sebastián. Como pasa en muchos pueblos de la sierra, el templo ha tenido arreglos y cambios con el paso del tiempo, así que mezcla partes más antiguas con intervenciones posteriores. Nada raro: aquí las cosas se mantienen cuando se pueden y como se puede.
Caminar por el centro es básicamente fijarte en los detalles: portones de madera, macetas en las fachadas, algún patio que se adivina tras una cancela. También hay varias fuentes repartidas por el pueblo. A determinadas horas todavía se ve a vecinos pararse a charlar allí un rato, sobre todo gente mayor.
Si subes hacia los bordes del núcleo urbano empiezan a abrirse las vistas. Lo que aparece es el paisaje típico de esta parte de la Sierra de Segura: lomas cubiertas de olivos, caminos rectos que parten las fincas y, más arriba, monte bajo y sierras más cerradas.
Paseos por los alrededores
Una de las cosas que tiene sentido hacer en Génave es salir a andar sin complicarse demasiado. El pueblo está dentro del entorno del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, y eso se nota enseguida: en pocos minutos pasas del casco urbano a caminos rurales entre olivos y monte mediterráneo.
No hace falta plantearlo como una ruta épica. Son más bien paseos tranquilos para ver cómo cambia el paisaje según subes un poco de altura o te metes en algún barranco. Con algo de suerte se ven rapaces planeando sobre las laderas y bastantes aves pequeñas moviéndose entre los olivos.
Si te gusta hacer fotos, madrugar aquí tiene premio. La luz de primera hora cae de lado sobre los olivares y deja esas sombras largas que parecen dibujar el terreno.
Comer como se come en la sierra
La cocina sigue la lógica de la zona: aceite de oliva de la propia comarca, platos contundentes y recetas que llevan mucho tiempo en las casas. Migas, guisos de cuchara cuando hace frío y, en temporada, platos ligados a la caza menor.
No es una cocina de experimentos. Es más bien de mesa larga, conversación tranquila y pan para mojar.
Y el aceite, claro. Estás en plena tierra de olivar, así que es normal que buena parte de la vida del pueblo gire alrededor de la campaña.
Cuando el pueblo se mueve más
En enero se celebran las fiestas de San Sebastián, el patrón. Son de las que mantienen ese aire de celebración local: actos religiosos, encuentros entre vecinos y bastante vida en la calle.
Luego está el verano, cuando el pueblo cambia un poco de ritmo. Regresa gente que tiene familia aquí y las noches se alargan más de lo habitual, con música y conversaciones que acaban bastante tarde.
Y si vienes durante la recogida de la aceituna —normalmente entre otoño e invierno— verás otra cara del lugar: remolques cargados, cuadrillas saliendo temprano y mucho movimiento en los caminos del olivar.
Cómo llegar a Génave
Desde Jaén capital el trayecto ronda las dos horas en coche. Lo habitual es subir por la A‑32 en dirección a la comarca de Las Villas y después continuar por carreteras secundarias hacia la Sierra de Segura.
Los últimos kilómetros ya son de carretera más estrecha, con curvas y bastante olivar alrededor. No tiene pérdida, pero conviene tomárselo con calma. Además, es la mejor forma de ir entrando poco a poco en el paisaje que define toda esta zona.