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sobre Hornos
Espectacular pueblo mirador sobre el embalse del Tranco; conjunto histórico-artístico con castillo y planetario
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El turismo en Hornos parte de una circunstancia geográfica muy concreta: el pueblo está construido sobre un promontorio rocoso que se asoma directamente al embalse del Tranco, en la vertiente norte de la Sierra de Segura. A unos 865 metros de altitud, el caserío se adapta a la roca con calles en pendiente y manzanas muy compactas. Con algo más de quinientos habitantes, sigue siendo uno de los núcleos pequeños de esta parte del parque natural.
La forma del pueblo no responde a una planificación estética, sino a la necesidad. Durante siglos fue un enclave fronterizo y elevado, fácil de defender y con buena visibilidad sobre el territorio. Esa posición explica el trazado irregular de las calles y la concentración de casas alrededor de la parte alta.
Hoy Hornos queda dentro del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. El embalse del Tranco, construido en el siglo XX, cambió el paisaje del valle: donde antes había tierras de cultivo y cauces estrechos ahora se abre una lámina de agua amplia que domina muchas de las vistas desde el pueblo.
El castillo y el perfil del pueblo
La silueta de Hornos está marcada por los restos de su castillo, situado en el punto más alto del peñasco. La fortaleza tiene origen medieval y formó parte del sistema defensivo que controlaba esta zona de la sierra durante los siglos de frontera entre los reinos cristianos y el territorio nazarí. Lo que se conserva hoy son tramos de muralla y estructuras muy transformadas, pero la posición sigue explicando bien su función: desde aquí se domina todo el entorno del Tranco.
Un poco más abajo aparece la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. El edificio actual se levanta en el siglo XVI, con reformas posteriores. Exteriormente es sobrio, como ocurre en muchas iglesias serranas de la época. La torre sirve de referencia visual cuando uno se mueve por el laberinto de calles que suben hacia la parte alta. El interior suele guardar piezas devocionales y retablos de época barroca, aunque el acceso depende del momento y de si la iglesia está abierta.
El mirador del Aguilón, a las afueras del núcleo, ayuda a entender la posición del pueblo. Desde allí se ve el caserío blanco apoyado sobre la roca y, detrás, la extensión del embalse. El nivel del agua cambia bastante a lo largo del año, así que el paisaje nunca es exactamente el mismo.
Recorrer Hornos lleva poco tiempo. Las calles son estrechas y con bastante pendiente, algo habitual en los pueblos serranos construidos sobre roca. Conviene fijarse en detalles de la arquitectura popular: balcones de forja, portadas sencillas y muros encalados pensados para reflejar el sol del verano.
En una pequeña elevación cercana está la ermita del Cristo del Calvario, vinculada a una de las devociones locales más arraigadas.
El embalse del Tranco y las rutas de la sierra
A los pies del pueblo se abre el embalse del Tranco, uno de los grandes paisajes de agua del interior de Andalucía. Desde distintas zonas de la orilla suelen organizarse actividades en el agua —piragua, pequeñas embarcaciones— y también es habitual ver pescadores en busca de especies que se han adaptado bien al pantano.
La sierra que rodea Hornos forma parte del mayor espacio protegido de España peninsular. En los alrededores hay senderos señalizados que atraviesan pinares, encinares y zonas de matorral mediterráneo. Algunas rutas son cortas y cercanas al pueblo; otras se internan más en la sierra.
Entre las cumbres visibles desde aquí está el Yelmo, una de las montañas más reconocibles de la comarca. Su ascensión exige cierta preparación y se suele iniciar desde otros puntos de la sierra, pero la silueta del pico forma parte del paisaje habitual de esta zona.
La luz cambia mucho a lo largo del día. A primera hora de la mañana el embalse suele estar en calma y el relieve de la sierra se define con bastante claridad. En verano, cuando aparece algo de calima, el horizonte se vuelve más difuso y el paisaje pierde contraste.
En la cocina de la zona siguen presentes platos de origen humilde: migas, andrajos o guisos ligados a la matanza y a la caza menor cuando es temporada. El cordero segureño también aparece con frecuencia en la mesa. Todo suele ir acompañado por aceite de oliva de la comarca, base de buena parte de la cocina local.
Fiestas y vida local
Las celebraciones del pueblo siguen el calendario tradicional de la sierra. En agosto se honra a la Virgen de la Asunción, patrona de Hornos, con actos religiosos y reuniones de vecinos que regresan esos días al pueblo.
La Semana Santa mantiene un tono sobrio, acorde con el tamaño del lugar. Las procesiones atraviesan calles muy estrechas, lo que cambia bastante la manera en que se viven.
En primavera suele celebrarse la romería del Cristo del Calvario, ligada a la ermita situada en la loma cercana. Más que un evento pensado para atraer gente de fuera, funciona como encuentro de quienes mantienen vínculo con el pueblo.
Antes de ir
Hornos es pequeño y se recorre andando sin dificultad, aunque las cuestas son constantes. Conviene dejar el coche en las zonas habilitadas en la entrada y moverse a pie por el casco antiguo.
Las vistas hacia el embalse del Tranco y hacia la sierra cambian bastante según la hora del día y la época del año. Si el cielo está limpio, los miradores del pueblo ayudan a entender bien la escala del paisaje en esta parte de la Sierra de Segura.