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sobre Orcera
Pueblo serrano con una de las piscinas naturales más grandes de Europa en Amurjo
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La primera vez que oí hablar de Orcera fue en una conversación de carretera, de esas que surgen cuando alguien señala una sierra a lo lejos y dice: “por ahí arriba hay pueblos que casi no salen en los mapas turísticos”. Orcera está justo ahí, en la Sierra de Segura, a unos 800 metros de altura. Viven alrededor de 1.700 personas y el paisaje mezcla dos cosas muy claras: pinos de sierra y olivares que ocupan casi todo lo que no es monte.
El ritmo del pueblo tiene más que ver con la plaza, el campo y las estaciones que con el reloj del móvil. Aquí todavía ves puertas abiertas, gente que se para a hablar en mitad de la calle y coches que pasan despacio porque la calle no da para más.
Las calles suben y bajan sin demasiada lógica. Hay tramos con pavimento irregular, fachadas blancas, balcones de forja y algunas casas de piedra que llevan décadas mirando la misma cuesta. No es un decorado restaurado para fotos: hay persianas a medio arreglar, vecinos pintando una pared y críos corriendo entre esquinas. Y, levantes la vista donde la levantes, aparecen los montes alrededor.
Qué ver en el centro del pueblo
La referencia más clara es la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Su torre se ve desde bastantes puntos del casco urbano. El edificio mezcla partes antiguas con añadidos de otras épocas, algo bastante común en pueblos de la sierra donde los templos se han ido adaptando con los siglos. Al caer la tarde la torre suele recortarse bien contra el cielo, sobre todo cuando la luz baja por detrás de los montes.
La Plaza de la Constitución funciona como punto de encuentro. No es enorme ni monumental. Es más bien el sitio donde pasan cosas cotidianas: gente charlando, niños jugando o vecinos que se paran un rato antes de seguir con el día. Desde la plaza salen calles estrechas con escaleras y balcones sencillos donde aún se ven macetas y alguna fuente antigua con agua fría en verano.
Otro edificio que llama la atención es la Casa de la Tercia. Es grande para el tamaño del pueblo y recuerda cómo se organizaba antes la economía agrícola de la zona. Durante siglos estos espacios servían para almacenar parte de las cosechas y gestionar impuestos en especie. Hoy el uso es distinto, pero el volumen del edificio sigue contando esa historia.
A poca distancia del casco urbano hay pequeños altos y caminos desde los que se ve bien el valle de olivares. No siempre están señalizados ni tienen barandillas. Son más bien caminos rurales que usan los vecinos, pero si caminas un poco aparecen vistas bastante abiertas de la sierra.
Caminar por la sierra desde Orcera
Desde el pueblo salen pistas y senderos que conectan con el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Algunos recorridos son paseos cortos por pinares; otros ya entran en terreno de sierra, con desnivel y tramos largos.
Conviene mirar el estado de los caminos antes de salir. Cuando llueve, ciertas pistas forestales se vuelven barro puro y el coche lo nota.
En otoño mucha gente de la zona sube al monte a buscar setas. Es una actividad bastante arraigada por aquí, aunque hay regulación y no todo lo que parece comestible lo es. Si no conoces bien el terreno o las especies, mejor ir con alguien que sí.
La cocina local sigue muy ligada a lo que da el campo. Platos de cuchara, migas, gachas o guisos con carne aparecen con frecuencia, sobre todo cuando refresca. El aceite de oliva de la zona está muy presente en todo. Al final, en un pueblo rodeado de olivos, sería raro que no fuera así.
Si te gusta la fotografía, los alrededores dan juego. Los olivares crean líneas largas sobre las lomas y al atardecer las sombras se estiran bastante. En primavera el verde domina el paisaje; en verano la luz es mucho más dura y el polvo del ambiente a veces deja el horizonte algo difuminado.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las celebraciones principales giran alrededor de la Virgen de la Asunción en agosto. Son días en los que vuelve gente que vive fuera pero mantiene casa o familia aquí. La procesión ocupa buena parte del ambiente, aunque lo más interesante suele ser ver cómo el pueblo se llena de caras conocidas que regresan unos días.
En mayo se montan las Cruces decoradas con flores. Cada grupo prepara la suya con plantas, telas o elementos del campo. Son montajes sencillos, hechos entre vecinos.
También se celebra la romería de San Isidro Labrador, muy ligada al mundo agrícola. Se mezcla devoción, campo y comida al aire libre, algo que todavía forma parte del calendario de muchos pueblos de la sierra.
Cómo llegar a Orcera
Desde Jaén capital lo habitual es ir hacia Villacarrillo por la A‑32 y, desde allí, continuar por la A‑317 en dirección a la Sierra de Segura. El trayecto ronda la hora y media. La carretera atraviesa bastante olivar antes de empezar a ganar altura hacia la sierra.
Cuando hay niebla o lluvia fuerte conviene tomárselo con paciencia. Las curvas aparecen rápido y algunos tramos son estrechos.
Orcera no es un sitio de grandes monumentos ni de itinerarios marcados cada cien metros. Es más bien uno de esos pueblos donde apetece dar una vuelta, asomarse a un par de miradores naturales y entender cómo funciona la vida diaria en la Sierra de Segura. A veces con eso ya tienes bastante para recordar el lugar.