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sobre Puente de Génave
Nudo de comunicaciones en la sierra; destaca por su puente romano y entorno fluvial
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El olivar empieza antes de llegar. Kilómetros de olivos en bancales acompañan la carretera hasta que el coche cruza el Guadalimar y aparece Puente de Génave, blanco contra la sierra. Desde el puente actual —mucho más reciente— se distingue otro más antiguo aguas abajo, que la tradición local suele atribuir a origen romano. No es raro: este paso del río ha sido durante siglos una puerta natural entre la meseta y el Levante.
Un cruce que terminó siendo pueblo
Puente de Génave no nació por casualidad. El río se estrecha aquí, la vega deja espacio para cultivar y la sierra de Segura controla el paso. Durante mucho tiempo el lugar funcionó sobre todo como tránsito. Por aquí circularon ganados trashumantes, mercancías que bajaban desde la meseta y rutas que conectaban el interior con la costa levantina.
En las alturas cercanas quedan restos de esa vigilancia del territorio. En Peñolite se conserva una atalaya de origen andalusí que dominaba el valle del Guadalimar y avisaba de movimientos en el camino.
El pueblo, tal como se ve hoy, es relativamente reciente. El crecimiento llegó en el siglo XX, cuando las comunicaciones mejoraron y el olivar empezó a ocupar casi todo el término. Antes había sobre todo cortijos y pequeños núcleos dispersos.
La iglesia de San Isidro parece de finales del siglo XIX o comienzos del XX. Es un edificio sencillo, de ladrillo y proporciones modestas, que sigue marcando el calendario del pueblo más que por su arquitectura que por su función social.
Otro edificio que cuenta bien la historia local es la cooperativa aceitera. El conjunto actual recuerda a las construcciones agrícolas de mediados del siglo pasado: hormigón, volumen práctico y algún detalle decorativo en azulejo. Allí se procesa buena parte de la cosecha de la zona. En esta parte de la Sierra de Segura domina la variedad picual, base de muchos aceites de la denominación de origen de la comarca.
Peñolite y el valle del Guadalimar
A pocos kilómetros del núcleo principal aparece Peñolite, una pedanía pequeña situada en la ladera. El acceso se hace por una carretera estrecha que serpentea entre pinos, olivares y antiguos cortijos.
Sobre el caserío se levanta la atalaya, un cubo de mampostería sin cubierta desde el que se entiende muy bien la lógica del lugar: el río abajo, el paso natural del valle y, alrededor, una sierra áspera que siempre funcionó como frontera.
El Guadalimar forma en algunos tramos pozas donde la gente de la zona suele bañarse cuando aprieta el calor. No hay señalización turística ni zonas acondicionadas; son lugares que se conocen de boca en boca.
Cerca del camino entre Puente de Génave y La Puerta de Segura se encuentran también los restos del castillo de Bujalamé. Lo que queda es poco —algún lienzo de muralla y parte de un torreón—, pero la ubicación explica su existencia: un promontorio desde el que se controlaba el corredor del Guadalimar, paso estratégico durante siglos.
El calendario del olivar
En Puente de Génave el ritmo del año lo marca el campo. El otoño trae la recogida de la aceituna y el movimiento constante de remolques y tractores entre las fincas y la almazara. El olor a hoja de olivo triturada se queda varios meses en el aire.
La plaza de la Constitución funciona como punto de encuentro. No es grande: bancos de piedra, algunos árboles y un quiosco que recuerda a otras épocas. Allí se comenta la cosecha, la lluvia que falta o la que llegó demasiado tarde.
Las fiestas de San Isidro, hacia mediados de mayo, siguen siendo el momento en que las pedanías y cortijos cercanos bajan al pueblo. Es habitual ver tractores adornados y reuniones familiares en los alrededores, en una romería muy vinculada al mundo agrícola.
En verano también hay verbena y actividades culturales, cuando regresan quienes trabajan fuera y se vuelven a abrir muchas casas que pasan el invierno cerradas.
Cómo llegar y moverse
Puente de Génave se encuentra en el extremo nordeste de la provincia de Jaén, dentro de la comarca de la Sierra de Segura. Se llega por carretera desde la N‑322, que conecta varias localidades del valle del Guadalimar.
El pueblo se recorre andando sin dificultad. Para acercarse a Peñolite o a las zonas de sierra conviene llevar calzado cerrado y contar con coche, porque el transporte público en esta parte de la comarca es limitado.
En verano, si se busca el río, lo más prudente es preguntar primero a los vecinos por los accesos: algunos caminos pasan cerca de fincas privadas y no siempre están señalizados.
El aceite es el recuerdo más habitual que se lleva quien pasa por aquí. En un pueblo rodeado de olivar, no hace falta buscar mucho para encontrarlo recién producido. Puente de Génave no pretende impresionar a primera vista; se entiende mejor cuando se observa con calma cómo el río, la sierra y el olivar han marcado la vida del lugar.