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sobre Torres de Albánchez
Pequeño pueblo serrano con encanto medieval y torre defensiva
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Hay pueblos que funcionan como un mirador con casas. Llegas, aparcas, y en cinco minutos ya estás mirando el valle como si hubieras subido a la azotea de toda la comarca. El turismo en Torres de Albánchez tiene un poco de eso. Es un municipio pequeño de la Sierra de Segura —apenas unos cientos de vecinos— rodeado de olivares y monte, donde el ritmo lo marcan las conversaciones en la plaza y la sombra que proyecta un olivo a media tarde.
Aquí no vienes a tachar monumentos de una lista. Vienes más bien a caminar un rato, subir alguna cuesta, y quedarte mirando el paisaje con esa sensación de que el tiempo va un poco más despacio que en cualquier ciudad.
Un cerro, una iglesia y calles que suben y bajan
La iglesia parroquial de la Encarnación manda en el centro del pueblo. Su torre se ve desde varios puntos y sirve casi como referencia para orientarte cuando entras en el casco urbano. El edificio se levantó en el siglo XVI y, aunque no es de esos templos que salen en los libros de arte, dentro conserva detalles barrocos y una imagen de la Virgen muy ligada a la vida del pueblo.
Alrededor, el casco antiguo mantiene ese trazado de calles estrechas que suben y bajan sin pedir permiso. Casas encaladas, tejados rojizos y patios donde siempre aparece alguna maceta rompiendo el blanco de la pared. Si te gusta fijarte en detalles —una puerta antigua, un balcón de hierro, una fachada algo torcida— aquí hay material.
Por encima de todo está el Cerro del Castillo. Quedan restos medievales en lo alto y, sobre todo, unas vistas bastante amplias de la sierra. La subida tiene su gracia cuando aprieta el calor, pero es de esas que se hacen despacio y con excusa: te paras, miras el valle, sigues un poco más.
En el pueblo siguen funcionando dos fuentes conocidas por los vecinos: la de los Poyatos y la del Pilar. Durante años fueron puntos de encuentro cotidianos; hoy siguen siendo lugares donde parar un momento, llenar una botella o simplemente sentarse un rato.
Senderos que empiezan casi en la puerta del pueblo
Torres de Albánchez está dentro del entorno de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, así que lo raro sería no acabar caminando.
Desde el propio municipio salen caminos rurales que se meten entre pinares, encinas y zonas de monte más abierto. Algunos senderos conectan con rutas más largas de la sierra y otros son paseos tranquilos que se pueden hacer en una mañana. En la zona se menciona bastante la subida al pico Almorchón, que tiene pendientes serias en algunos tramos, pero recompensa con buenas panorámicas.
Caminando con calma no es raro ver cabras montesas en las laderas o rapaces planeando sobre los barrancos. De esos momentos que te recuerdan que aquí el paisaje manda.
Cuando llega el otoño, además, mucha gente sale al monte a buscar setas. Siempre con cuidado y respetando las normas del parque natural, porque en estas sierras todavía hay bastante cultura micológica y los vecinos saben bien lo que se puede tocar y lo que no.
En la mesa, lo que aparece suele ser lo que se produce alrededor: cordero segureño, migas cuando aprieta el frío y aceite de oliva virgen extra en casi cualquier plato. Nada especialmente sofisticado, pero contundente y muy de la zona.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las celebraciones aquí mantienen un tono bastante cercano. En marzo se celebran las fiestas vinculadas a la Virgen de la Encarnación, con procesiones y comidas que movilizan a medio pueblo.
En verano llegan las verbenas en la plaza y las noches largas al aire libre. No tienen el formato de gran evento: más bien mesas, música y gente que se conoce desde hace años.
En mayo suele celebrarse la romería de San Isidro, con subida a una ermita cercana y jornada campestre. Bocadillos, familias reunidas y campos bendecidos antes de empezar la temporada agrícola.
Y cuando el otoño entra en la sierra, aparecen actividades relacionadas con las setas: salidas al monte, charlas o encuentros en torno a la cocina micológica, según el año.
Cómo llegar a Torres de Albánchez
Llegar a Torres de Albánchez implica adentrarse en la Sierra de Segura. Desde Jaén capital lo habitual es dirigirse hacia Úbeda y, desde allí, continuar por carreteras comarcales que se van metiendo en terreno cada vez más serrano. El último tramo tiene curvas, de las normales en esta zona, así que conviene tomárselo con calma.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para acercarse: temperaturas suaves y el monte bastante vivo. En verano hace calor —aunque la altitud se nota algo por la noche— y en invierno alguna mañana puede aparecer con frío serio.
Mi consejo aquí es sencillo: ven sin prisa. Torres de Albánchez no funciona como esos sitios donde encadenas cosas que ver. Es más bien un alto en el camino dentro de la sierra. Paseas, subes al cerro, miras el paisaje… y con eso ya tienes bastante.